Empampando la vida: La historia de Claudina Morales
por Iván Vera-Pinto Soto (Iquique, Chile)
8 meses atrás 5 min lectura
24 de septiembre de 2025
La novela “Claudina, teatro, amor y revolución en la pampa salitrera”, de Sergio González, Premio Nacional de Historia, nos transporta al desierto nortino, a los campamentos salitreros donde la vida se medía en sudor, esperanza y resistencia. Esta obra es una novela etnográfica, porque no solo cuenta una historia: nos hace sentir, oler y escuchar la pampa, comprender la vida de los trabajadores y reconocer la cultura que surgió entre la aridez y la injusticia.
Claudina Morales Pávez llegó al norte a comienzos del siglo XX siendo apenas una niña, acompañando a su padre, Domingo Morales, como enganchada en el barco Mapocho, hasta el puerto de Taltal. Desde ese instante, comenzó a empaparse de la vida: sumergiéndose en cada experiencia con coraje, creatividad y entrega absoluta.
Fue costurera, sosteniendo a su familia; madre, educando a sus hijas Marina Villarroel y Rogelia Navarro; trabajadora en la fábrica de tabaco, compartiendo la fatiga y los sueños de sus compañeras; ayudante en la fonda salitrera, siendo parte activa de la vida comunitaria; y finalmente, activista política y directora teatral, formando conciencia, promoviendo la educación y la cultura entre los trabajadores. Cada oficio, cada labor, cada acción era un escenario donde Claudina transformaba la realidad y tejía esperanza.
Conocida como la “madre de la pampa”, dirigió compañías de teatro obrero y levantó escenarios improvisados en oficinas como Peña Grande, Cala Cala y Santa Laura. Recorrió ciudades como Iquique, Mejillones y Antofagasta, llevando funciones que no solo entretenían, sino que también educaban y movilizaban, enseñando a los trabajadores a leer su realidad, debatir sus derechos y mantener viva la esperanza.
Durante la crisis de los años 30, provocada por la caída de Wall Street en 1929, la pampa sufrió un devastador golpe: cesantía masiva, despidos y hambre. En ese contexto, Claudina transformó el teatro en un refugio y un espacio de resistencia, donde cada obra reflejaba la injusticia, fortalecía los afectos y llamaba a la organización. Su teatro se convirtió en educación, conciencia y fuerza colectiva, iluminando un camino en medio de la desesperanza.
Su compromiso la llevó a tejer vínculos con líderes y pensadores de la época. Mantuvo estrecha relación con Luis Emilio Recabarren y Elías Lafferte, compartiendo la convicción de que la formación de la obrera y el obrero ilustrado era la clave para comprender la sociedad y modificarla profundamente. Como militante del Frente Único Proletario Femenino, impulsó la organización de mujeres obreras, preparándolas para alzar su voz y participar activamente en la lucha por la justicia y la igualdad.
Promovió también la creación del Centro Artístico Nicanor de la Sotta, difundiendo obras que despertaban conciencia y esperanza. Llegó a interpelar al presidente Arturo Alessandri, defendiendo a los más desamparados y la mantención de la Gota de Leche, que protegía a los niños pobres en los campamentos salitreros. Su encuentro con Belén de Sárraga, feminista española, reforzó su convicción en la autonomía femenina, la educación laica y la libertad de pensamiento, valores que transmitió con pasión en sus funciones y talleres.
Sus hijas, Marina Villarroel y Rogelia Navarro, heredaron su pasión y compromiso: participaron en el grupo teatral Arte y Revolución de la Federación Obrera de Chile y preservaron archivos familiares que hoy nos permiten reconstruir la historia de Claudina y su tiempo.
La novela está llena de imágenes que quedan grabadas en la memoria: Claudina enfrentando un tren en la oscuridad del desierto; escenarios improvisados en los campamentos; el teatro como refugio tras la matanza de la Escuela Santa María de Iquique; y la niña que llegó del sur, aprendiendo a desafiar la adversidad y la injusticia. Cada escena refleja fuerza, coraje y convicción, mostrando cómo la educación, la cultura y la organización femenina son armas para modificar la realidad.
Desde una perspectiva literaria, podemos afirmar que la obra de González Miranda combina con maestría rigor histórico y narrativa emotiva, ofreciendo una mirada profunda a la vida en los campamentos salitreros y a la figura de su protagonista. Sergio, como historiador y narrador etnográfico, rescata la memoria de la pampa, mostrando cómo la educación, el arte y la organización social se convirtieron en herramientas de resistencia frente a la explotación y la crisis de los inicios del siglo XX. La novela prueba que la historia puede ser científica y poética a la vez, revelando la fuerza de quienes transforman su entorno y la vital importancia de recuperar voces olvidadas, especialmente las de mujeres como Claudina.
Hoy, al descubrir su historia, sentimos que Claudina no pertenece solo al pasado…
(Se detiene, mira al público)
Camina entre nosotros con su estampa histriónica, su voz firme y su mirada luminosa, como un faro en el desierto.
Su legado vibra en las tablas improvisadas, en las risas y lágrimas de sus hijas, en la fuerza feminista que le legó Belén de Sárraga, en la visión de Luis Emilio Recabarren y en su incansable compromiso con el Frente Único Proletario Femenino.
(Eleva la voz, con convicción)
Claudina nos enseña que la revolución más profunda nace del amor, de la educación, de la organización y de la conciencia de quienes no se dejan silenciar, y que la vida, por más dura que sea, se transforma cuando uno se entrega de lleno a vivirla.
(Pausa breve. Con mirada intensa)
Ahí camina Claudina… entre nosotros… y nos sigue guiando.
-El autor, Iván Vera-Pinto Soto, es Pedagogo, cientista social y dramaturgo. Antropólogo Social, Magíster en Educación Superior, Académico UNAP, Director Teatro Universitario Expresión
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