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«Hemos vivido para la alegría; por la alegría hemos ido al combate y por ella morimos. Que la tristeza jamás vaya unida a nuestro nombre»

«Hemos vivido para la alegría; por la alegría hemos ido al combate y por ella morimos. Que la tristeza jamás vaya unida a nuestro nombre»
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Imagen superior: Julius Fucik, comunista, periodista y escritor checo, asesinado por lo nazis a los 40 años de edad,
en la cárcel de Plötzensee, Berlin, el 8 de septiembre de 1943

En homenaje al día del fin de la II Guerra Mundial, deseamos saludar a todas las fuerzas armadas que participaron en la lucha contra la bestia nazi. Pero hoy, además de ese saludo, queremos hacer un homenaje a los miles, millones, de seres humanos que lucharon en organizaciones guerrilleras urbanas y rurales; en organizaciones clandestinas; o en la infinitas formas que fueron utilizadas por seres humanos dignos para debilitar el funcionamiento de la maquinaria de guerra nazi.

Para realizar ese homenajes, queremos hoy presentarles el libro del periodista Julius Fucik, el que, incluso estando encerrado y torturado en la cárcel, buscó formas para continuar allí su lucha por la democracia, por una sociedad más justa, más humana, escribiendo su experiencia bajo las condiciones más difíciles que uno pueda imaginar. Les ofrecemos el libro que su compañera, terminada la guerra, logro editar publicando esa experiencia de cárcel. Que su vida, su heroísmo, su sacrificio, sirva de  ejemplo, pues él ya nos advirtió:

«Hombres: os he amado. ¡Estad alerta!»

09 de mayo de 2026

El día 8 de mayo de 1945, cerca de la medianoche, en Karlshorst, Berlin, Alemania firmo la Capitulación Incondicional, frente a los Aliados, poniendo así fin a la guerra. En el momento de la firma, en Moscú, por diferencia horaria, el calendario señala ya el  9 de mayo el que es considerado oficialmente el día que finalizó la II Guerra Mundial.
La Redacción de piensaChile

«El 22 de junio de 1941, Hitler inició su agresión a la Unión Soviética.

La misma tarde, con Honza Vyskocil, publicamos un pequeño manifiesto explicando el significado que para nosotros tenia ese acontecimiento. El 30 de junio efectué una entrevista con aquél a quien durante tanto tiempo había buscado. Vino él a una casa señalada por mí porque ya sabía a quién iba a encontrar. Yo, en ese momento, todavía no lo sabía. Era una noche de verano. El olor de las acacias llegaba a través de la ventana abierta. El ambiente era más bien propicio para una cita de amantes. Tapamos la ventana, encendimos la luz y nos dimos un abrazo. Era Honza Zika.

Quiere esto decir que en febrero de 1941 el Comité Central no había sido detenido en su totalidad. Uno sólo de sus miembros, Zika, se salvó. Yo lo conocía y le quería desde hacía largo tiempo. Pero en realidad, no lo conocí hasta los momentos que trabajamos juntos. Rollizo, siempre sonriente, un poco campechano. Y firme, enemigo de las componendas, militante intrépido y decidido en el trabajo del Partido. No sabía ni quería saber otra cosa que su deber. Para cumplirlo se abstenía de todo. Quería a la gente y la gente le quería a él. Pero jamás ganó ese afecto cerrando los ojos a las debilidades. Nos pusimos de acuerdo en unos minutos. Y algunos días después ya conocí igualmente al tercer miembro de la nueva dirección. Era Honza Cerny, quien desde el mes de mayo estaba ya en contacto con Zika. De buena estatura, elegante, muy simpático con la gente, antiguo combatiente en España, de donde había vuelto durante la guerra a través de la Alemania nazi con los pulmones atravesados por una bala de fusil, un poco militar, con una rica experiencia ilegal y lleno siempre de iniciativas

Meses de lucha encarnizada nos ligaron en una camaradería a toda prueba. Nos completábamos por nuestros caracteres y nuestros conocimientos. Zika: organizador, objetivo, extremadamente preciso, que no se dejaba confundir por bellas palabras, que sopesaba cada informe, desmenuzándolo a fondo, que analizaba cada proposición desde todos los aspectos y que bondadosamente, pero con firmeza, controlaba la ejecución de cada acuerdo. Cerny: especialista en sabotaje y en preparativos para la lucha armada, reflexionaba siempre en términos militares, hombre de iniciativas y de envergadura, con empuje, infatigable y ducho en la búsqueda de nuevas formas de lucha y de nuevos cuadros. Y yo: un periodista, agitprop,24 que contaba con mi olfato, con mucha fantasía y también con un gran sentido crítico para equilibrarla.

La distribución de las funciones era más una distribución de responsabilidad que de trabajos. Cada uno estaba obligado a ocuparse independientemente de todo y en todas las partes donde era necesario. El trabajo no era fácil. Las heridas causadas al Partido en febrero estaban aún abiertas y nunca cicatrizaron completamente. Todos los contactos se hallaban rotos. En algunos lugares habían caído sectores enteros; en otros teníamos buenos cuadros, pero no podíamos encontrar el camino para llegar a ellos. Organizaciones enteras, empresas enteras estuvieron aisladas durante meses, antes de que el contacto fuera establecido. Y nosotros debíamos asegurar por lo menos la llegada a sus manos del órgano central, a fin de que siguieran sus directivas. No teníamos puntos de apoyo ni podíamos utilizar los viejos porque podían estar amenazados. Al comienzo nos faltaba dinero, era difícil agenciarse comida, teníamos que comenzar de nuevo muchas cosas…

Y todo esto en una época en que el Partido no tenía ya tiempo de construir y preparar. Era el momento del ataque contra la URSS, y el Partido tenía el deber de intervenir directamente en la lucha, organizando el frente interior contra los ocupantes, movilizando las guerrillas contra ellos, realizando todo ello no sólo con sus propias fuerzas, sino con la participación de todo el pueblo. Durante los años de preparación, de 1939 a 1941, el Partido aparecía en la profunda clandestinidad tanto ante la policía alemana como ante el pueblo. Ahora, ensangrentado debía perfeccionar e intensificar la lucha ilegal frente a los ocupantes, pero al mismo tiempo tenía que salir de la ilegalidad ante el pueblo. Debía establecer contactos con las masas sin partido, dirigirse al pueblo entero, entenderse con cada uno de los que estaban dispuestos a combatir por la libertad y, con su intervención directa, atraerá ese camino a los que todavía vacilaban.

A comienzos de septiembre de 1941 pudimos decir por primera vez, aunque todavía no habíamos conseguido restablecer la organización tan gravemente golpeada —estábamos aún lejos de ello—, que ya teníamos de nuevo organizado un núcleo firme, capaz de realizar por sí soto importantes tareas. La intervención del Partido se dejó sentir enseguida. Los sabotajes y las huelgas en las fábricas se multiplicaban. A fines de septiembre enviaron a Heydrich contra nosotros.

El primer estado de sitio no logró romper la resistencia activa que se intensificaba. Sin embargo, la frenó y asestó nuevos golpes al Partido. La región de Praga y la organización de la juventud fueron especialmente castigadas. Cayeron nuevos militantes, de un gran valor para el Partido: Jan Krejcí, Stand, Milos Krásny y muchos otros.

Después de cada golpe podías comprobar que el Partido es indestructible. Caía un militante y si otro no podía reemplazarlo, dos o tres cubrían su puesto. Entramos en el nuevo año con una organización bien preparada, que no lo abarcaba todo —ni siquiera tenía la amplitud de febrero de 1941— pero que, a pesar de ello, era capaz de cumplir las tareas del Partido en los combates decisivos. Nos distribuimos el trabajo entre todos nosotros. Pero el mérito de lo logrado le correspondió especialmente a Honza Zika.

De nuestra actividad a través de la prensa se encontrarán suficientes documentos en las cuevas, en los sótanos y en los archivos escondidos secretos de los camaradas. Por lo tanto no es necesario hablar de ello.

Nuestra prensa era ampliamente difundida, no sólo en los medios del Partido, sino también fuera de él. Hacíamos grandes tiradas, empleando diversas técnicas ilegales. Las publicaciones eran totalmente independientes las unas de las otras y se tiraban a multicopista o a imprenta. Eran regulares y rápidas, de acuerdo con la situación. Por ejemplo, el 24 de febrero por la tarde ya estaba en manos de los lectores el texto de la orden del día al ejército dada por el Mariscal Stalin el 23 de febrero de 1942.

Los impresores trabajaban perfectamente. También los médicos obtuvieron resultados excelentes, así como el grupo Fuchs-Lorenz, que publicaba su boletín de información: “El mundo contra Hitler”. Todo lo demás lo hacía yo mismo, con objeto de dejar libres a otros cuadros. Mi sustituto estaba preparado para el caso de que yo cayera. Se hizo cargo de las tareas después de mi detención y continúa trabajando hasta hoy.

Construimos el aparato del Partido de la manera más simple posible, con la mira de encargar de cada tarea a un mínimo de camaradas. Suprimimos las largas cadenas de enlace que, como se demostró en febrero de 1941, no protegían sino amenazaban al aparato del Partido. Existía más peligro individual para cada uno de nosotros, pero el Partido estaba más seguro. Nunca más podría repetirse un golpe como el de febrero.

Es por esa razón que el Comité Central, completado con un nuevo miembro, pudo continuar con toda tranquilidad su trabajo cuando yo fui detenido. Ni mi colaborador más próximo sabía nada antes de tiempo sobre mi futuro sucesor.

Honza Zika fue detenido, también de forma casual, la noche del 27 de mayo de 1942. A la noche siguiente del atentado contra Heydrich, cuando todo el aparato de los ocupantes se había puesto en acción realizando razzias por toda Praga, los nazis penetraron en una casa de Stresovice, donde Zika se ocultaba. Su documentación estaba en regla y seguramente hubiera pasado desapercibido. Pero no quiso poner en peligro a la buena familia en cuya casa se alojaba e intentó escapar por la ventana del segundo piso. Se desplomó mortalmente herido en la columna vertebral y fue trasladado al hospital de la prisión. No sabían a quién tenían en sus manos. Sólo dieciocho días después, comparando fotografías, lo identificaron y moribundo fue transportado al

Palacio Petschek para ser interrogado. Nos vimos por última vez cuando me llamaron para el careo. Nos estrechamos las manos. Me sonrió con su amplia y cariñosa sonrisa y me dijo:

— Salud, Julio.

Es todo lo que le oyeron decir. No dijo ni una palabra más. Después de algunos golpes en la cara perdió el conocimiento. Unas horas más tarde estaba muerto.

Supe de su detención el 29 de mayo. Las antenas trabajaban bien. Gracias a ellas me puse de acuerdo con él en cuanto a mi línea de conducta posterior, línea, que en su conjunto fue aprobada también por Honza Cerny. Y ésa fue nuestra última decisión.

Honza Cerny fue detenido en el verano de 1942, ya no debido a la casualidad, sino a una grave indisciplina de Jan Pokorny, que estaba en contacto con él. La conducta de Pokorny no correspondió a la de un dirigente. Después de unas horas de interrogatorio

—un poco duro, es verdad, pero, ¿podía él esperar otra cosa? — se dejó ganar por el pánico y dio la dirección de la casa donde había tenido una cita con Honza Cerny. Allí comenzaron a seguir el rastro de Honza. Algunos días después cayó también en manos de la Gestapo. Fuimos careados tan pronto lo trajeron aquí:

  • ¿Lo conoces?
  • No, no lo conozco

Las respuestas coincidían. Honza se negó rotundamente a declarar. Su vieja herida le ahorró largas torturas. Enseguida perdió el conocimiento. Antes de que los nazis decidieran interrogarlo de nuevo, fue informado minuciosamente y obró en consecuencia.

No sacaron nada de él. Lo tuvieron largo tiempo en la cárcel. Mucho esperaron, pensando que algún nuevo testimonio lo haría hablar. Se equivocaron.

La cárcel no lo cambió en absoluto. Fogoso, alegre, valiente, ofrecía a los demás las perspectivas de la vida cuando ante sí sólo tenía la perspectiva de la muerte

De pronto, a final de abril de 1943, se lo llevaron de Pankrác. No sé a dónde. Aquí una desaparición súbita es siempre de mal agüero. Uno puede equivocarse, pero no creo que nos volvamos a ver.

Siempre hemos contado con la muerte. Lo sabíamos: caer en manos de la Gestapo quiere decir el fin. Y aquí hemos hecho lo que hemos hecho de acuerdo con esa convicción.

También mi juego se aproxima a su fin. No puedo describirlo. No lo conozco. Ya no es un juego. Es la vida.

Y en la vida no hay espectadores. El telón se levanta.

Hombres: os he amado. ¡Estad alerta!

Julius Fucik

9-VI-1943

24 Agitación y propaganda.

Reportaje al pie de la horca
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"Hemos vivido para la alegría; por la alegría hemos ido al combate y por ella morimos. Que la tristeza jamás vaya unida a nuestro nombre"

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