“No hagan periodismo de periodistas”, insistía con su voz ronca y cansada el profesor de redacción cada vez que alguien de la clase emprendía una crítica sobre voces y palabras que aparecían en los medios.
Con el tiempo, aquella máxima fue transformándose en una mochila demasiado pesada.
Las complicidades de los medios masivos con el poder económico y político fueron diluyendo cada palabra de aquella sentencia.
Es más que difícil no hacer periodismo de algunos periodistas.
Es imposible obviar opiniones, a veces nacidas de la incomprensión o la ignorancia, y otras tantas, engendradas en la despiadada alianza con la indiferencia.
La información que llega desde el vertedero San Javier, ubicado en la provincia de Salta, es un ejemplo que confirma la estrechez de algunos opinadores.
El titular anuncia que “una pala mecánica aplastó a un menor”.
El chico de 11 años sufrió una fractura expuesta y herida grave con compromiso vascular y muscular en una de sus piernas mientras reciclaba basura en el vertedero…
Más abajo, con el desarrollo de la noticia, aparece el periodista opinando que la “desgracia” tal vez sirva para “comprender y respetar la prohibición de la presencia de menores en el basural…”
Habrá que avisarle al periodista que hay pibes que viven de la basura. Habrá que contarle que nadie elije deambular entre el olor a podrido, las ratas y la miseria. Habrá que asegurarle que nadie optaría transitar ese territorio si pudiera pasar ese tiempo en una canchita de fútbol, andando en bici o jugando a la play con los amigos.
En una de esas, ya que proponemos prohibiciones, podríamos postular la prohibición del hambre de los pibes. Tal vez de esa manera prefieran andar por lugares más saludables. Podríamos postular también que se prohíba que una pala mecánica los confunda con la basura de la misma manera que los confunde la indiferencia colectiva.
El periodista entonces, acomete con algunos interrogantes que intentan cargar las culpas en los hambreados y nunca en los hambreadores.
“¿Es prudente que un menor de esa edad, que aún no tiene conciencia real del peligro, circule libremente en el basural?”, reflexiona el comunicador haciendo un culto al lugar común, ese lugar común tan cercano al cinismo
Podríamos arriesgar algunas preguntas que deben haber aparecido entre las especulaciones del “sensato” escriba:
“¿Qué hacia el chiquito en un lugar donde no se puede ni se debe jugar?¿Dónde estaban los padres del niño?¿No conocen la legislación que prohíbe el trabajo infantil?”.
Cotidianamente, desde los medios masivos de confusión, asoman reflexiones del mismo tono que terminan disparando la ira de la sociedad prudente y bien comida.
La indignación, en estas circunstancias, culmina usualmente con una sentencia final: “Estos chicos tienen un Dios aparte…”
Y en este punto habrá que concederles la razón.
Tienen un Dios aparte.
Tan aparte que parece haberse desentendido de sus vidas.
“No haga periodismo de periodistas”, sugería el profesor de redacción con su voz ronca y cansada…
Ojalá, considerando el caso, sepa disculpar la desobediencia de este cronista.
Jueves, 19 de Febrero de 2009 00:00
Fuente de datos: Diario El Tribuno – Salta 12-02-09
* Fuente: Agencia Pelota de Trapo
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