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Ultra, pero muy ultra cierto que la democracia no es chacota 

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Cuatro días sufriendo y sufriendo sin saber qué decir u opinar. Días difíciles.
Pensé en comentar el debate presidencial, pero qué decir del debate que no es debate y donde se dice muy poco más allá de los calificativos de rigor. Además, tienen tanta pantalla que mejor nos dejamos este rincón para cosas interesante. Tuve la tentación de hablar de fútbol, por eso de que no ir al Mundial acarrea una inmensa cantidad de tipos llamando a incendiar todo, como si el fuego purificara e hiciera de discontinuo histórico. Pero si hablaba de fútbol, capaz que incendiaran PiensaChile.

Entonces todo se hizo claro, y alguien declara que esto de “la democracia no es chacota”. Y me entusiasma con el título, como cuando se compra un diario por su encabezado. Sólo que luego uno se encuentra con una infinidad de frases hechas y explicaciones tipo que no sólo son una fomedad, si no que un agravio al titular.

Doña Malú está preocupada. Ahora lo sabemos. Y es justo que lo esté. Y es democrático que lo diga y lo escriba. Es más, es muy bueno que se preocupe porque quiere decir que las elecciones le importan. También es bueno la publiquen, y la gente le diga cosas y ella les conteste, y nuevamente la contradigan. Discusión política que le dicen. Diversidad que le llaman.

Ahora bien, y espero me entienda, mi buena dama Malú. Hay varias cosillas que no me cruzan en su mensaje. Más allá de que encuentre a Hirsch un populista (¿por qué? ¿Qué dijo el hombre que le pareciera tal, si la crítica especializada indicó con ahínco que el tipo no logró explayar propuestas específicas? ¿O le molesta que sea humanista y más encima aliado de los comunistas?); o que piense que Lavín y Piñera son los únicos malos, muy malos (¿Por qué? ¿Está segura?).

Ante las mil aristas que su mensaje me deja para solicitarle argumentos, ideas, razones e incluso explicaciones, quisiera centrarme en dos cuestiones específicas: su concepción de democracia y su valoración de la Concertación. Para otra ocasión deberemos dejar su descalificación ante los disidentes, su exaltación casi histérica por aupar a La Gordi, su pésimo uso de muertos, detenidos, torturados y desaparecidos, sus descalificaciones francamente insultantes, su proteccionismo vergonzoso y grosero al referirse a la gente humilde, su feminismo mal entendido que da pudor, su argumentación basada en una biografía propagandista y ciertamente, para decirlo suave, ridícula.

Discúlpeme eso sí Doña Malú, no quiero que sienta que soy insolente con usted, pues no busco eso para nada. Pero le aclaro que sí lo soy con sus ideas. Pero lo sabemos los dos, usted es mucho más que sus ideas.

¿Votar es la democracia?
Lo más triste del mensaje es que trasforma la democracia en un acto eleccionario (algo muy típico y útil de la alianza a la que suscribe con vehemencia). Y es que incluso en lo práctico es francamente desesperanzador, pues nos está diciendo que en Chile hay democracia cada cuatro, cinco o seis años, y durante los días específicos de concurrencia a las urnas. Lo que nos deja la democracia en unas horas de un día, entre que toma micro o se sube a su auto, llega al local, se acerca a la mesa, se mete a la cabina, coloca su rayita, deposita el papel en la urna y retorna a su hogar. ¿Esa es la democracia según usted? ¿O es la democracia que nos ofrece la Concertación? ¿Cree sinceramente que esa es la victoria de este “lento pero gratificante proceso”?

Ni siquiera le cuestionaré el que crea gratificante un proceso de 32 años en que más allá de las libertades otorgadas por el estado de derecho, las cosas andan similares: idéntica constitución más allá del maquillaje, sistema económico neoliberal, acento en la propiedad privada, protección social inexistente, desigualdad creciente y cien etcéteras.

Entonces si usted cree en esto, por favor, no nos llame a defender la democracia. Cómo salir a defender un proceso de unas horas cada tanto. Y que no se vayan a enterar sus correligionarios de alianza que ahí sí que arde Troya por su ofertón.

Otro aspecto de su “democracia” es lo que pareciera llamar: “voto útil”. Lo que a uno puede provocarle pavor, ya que si usted pretende que las elecciones tengan que ver con lo utilitario, francamente no sé qué país quiere construir. El resultado ante todo, es no sólo triste, si no que pobre Doña Malú. Porque, perdónenos, a nosotros los que creemos en la transformación del mundo nos enseñaron que hasta en las votaciones lo central es la convicción de la elección, no la ganancia.

También, y un tantito desesperada si me permite decírselo, cae en eso de “¡¡la segunda vuelta nooooo!!”. Como si fuera un proceso nuevo, injusto, oportunista. Pero la verdad es que no es así. La constitución que usted defiende y reafirma (lo que hace cada vez que vota), lo contempla. Entonces si usted participa del juego, acepte sus reglas.

Y si el discurso es guardemos dinero para cosas mejores, le recuerdo varias situaciones donde puede encontrar más recursos: sobresueldos de subsecretarios y ministros, concesiones viales con recortes y desviaciones de dineros a campañas, ley del cobre, gastos electorales (que a la fecha van en 2.2 millones de dólares y el 25% es de sus candidatos) –y que además ayudamos a financiar todos los chilenos-, gastos reservados del ejército y el congreso, y una larga lista de “anormalidades” con cara de legales. O sea, ahorramos o no ahorramos… ¿qué le parece?

Concertación por las desigualdades
Hoy los estudios revelan que nunca en la historia, ni siquiera en dictadura, las desigualdades sociales y de oportunidades, fueron tantas como las del Chile del socialista Lagos. Y esa herencia, parte del camino “lento pero gratificante” que usted valora, es sin lugar a dudas una construcción de las políticas concertacionistas.

El Plan Auge en sus líneas pequeñas permite la privatización de la salud pública; la ley de pesca extermina lentamente la pesca artesanal y ofrece concentración de la explotación pesquera; la ley de la educación superior quería eliminar la responsabilidad estatal en los créditos y privatizaba los préstamos y sus cobros, finalizando la última parte de la educación pública (algo que lograron paralizar los estudiantes aún a costa de descalificaciones del señor Bitar); la norma medioambiental promueve la explotación indiscriminada a cambio de multas risibles; la ley laboral instaura la flexibilidad laboral que permite contratar gente a precio de huevo y elevar al máximo el horario de trabajo de las personas; entre otras muchas, no. Ahí está el sello de su coalición… ahí está el sello del “avance” que nos quiere ofrecer.

Es que cuando lo relevante son las cosas y no las personas, no hay cómo hacerle. Y ni hablar de las políticas de desmovilización social, de la atomización de las organizaciones sociales, o la inexistencia de entidades que relacionen a los chilenos con sus elites gobernantes. Usted vota y se aguanta, así está el show.

Para muestra un botoncito: un grupo de familias de Pudahuel, sin movilización para acercarse a una estación del metro, contrataron un bus que por 350 pesos –como el resto de la locomoción colectiva- les permitía acceder a sus trabajos y hogares. Autoorganización pura.

¿Qué hizo el gobierno, su gobierno? La calificó de ilegal, la retiró de circulación y en aras de proteger el Plan Transantiago, colocó una línea privada para el recorrido. El problema es que a esos habitantes de la Vi
lla Ciudad del Valle, ahora el recorrer en 12 minutos los siete kilómetros de bus les cuesta 500 pesos. Y ni se arrugaron. Políticas de auxilio social que le dicen. Esto es lo que han construido ustedes, los concertacionistas. Asúmanlo y explíquenlo. Por decencia al menos.

Acá, y bien de lejos, le digo, le comento, le reitero, le ratifico, le aseguro, que por nada, absolutamente nada del mundo, así salieran electos los piñeras y lavines que sostienen los mismos principios de las bachelletes, votaríamos los que soñamos en cambiar el orden de las cosas, modificar las estructuras abusivas del modelo socioeconómico y que aún creemos en la importancia de defender un orden humanista y la construcción de una sociedad justa, por la Concertación.

Qué quiere que le diga, no somos muchos, pero aún existimos los que no nos asustamos con el chantaje político y tampoco transamos las creencias por prebendas… ¿estamos claros, no?
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