La industrialización necesaria (esa de la que ninguna candidatura ha hablado)
por Sergio Arancibia (Chile)
8 meses atrás 3 min lectura
14 de noviembre de 2025
En el año recién pasado la industria manufacturera era responsable – según las cifras publicadas por el Banco Central de Chile – del 9.0 % del PIB de todo el país. Esa cifra era de 9.6 % en el año 2011, quince años atrás, lo cual indica que el PIB de la industria manufacturera, como porcentaje del total del PIB del país, se encuentra en un proceso lento pero claro de decrecimiento. La industria pesa cada vez menos en la estructura económica del país. En otras palabras, como tendencia a mediano plazo, nos encontramos en un proceso de desindustrialización y no de industrialización, que sería lo deseable como senda de desarrollo del país.
Revertir esa tendencia y entrar en un proceso sostenido de industrialización no es cosa fácil. En décadas anteriores se establecieron en Chile muchas empresas de diferente tipo, protagonizando lo que se llamó el proceso de industrialización por sustitución de importaciones, o industrialización hacia adentro.
Se trataba de empresas altamente protegidas, básicamente por la imposición de aranceles elevados para los productos similares provenientes del exterior. Ello generaba unidades empresariales que abastecían el mercado interno, muy limitado, pero con casi ninguna capacidad de abrirse espacio en el mercado internacional, por la vía de posibles exportaciones, pues producían con niveles bajos de utilización de la capacidad instalada, abasteciendo un mercado pequeño y con elevados precios.
Sin embargo, las empresas nacientes requerían de dólares provenientes del mercado internacional para abastecerse de tecnología, maquinaria, equipos y repuestos, que ellas mismas no eran capaces de producir. La disponibilidad de dólares para dichos efectos, quedaba limitada por las divisas que generarán las industrias básicas de exportación, fundamentalmente el cobre, que vivía y todavía vive, sujeto a los vaivenes de precios y cantidades que se presentan en los mercados externos.
Un proceso de industrialización funcionando de la manera sintéticamente descrita, estaba condenado a entrar, al poco andar, en situaciones de estancamiento y de crisis. No tenía la capacidad de generar internamente las condiciones para su propio funcionamiento y crecimiento. Ya hoy en día nadie en el mundo empresarial, gubernamental o académico postula un regreso a ese tipo de industrialización.
El tipo de industrialización que Chile requiere es uno que genere bienes que tengan alta demanda y suficiente competitividad a nivel internacional, de modo de generar las divisas – por la vía de la exportación – que su propio desarrollo demanda. Tienen que ser, por lo tanto, empresas y productos de precio competitivo y de alta tecnología y calidad, para que puedan competir con éxito en el mercado internacional. Y ese tipo de industrialización plantea desafíos que son difíciles de conseguir.
Se necesita, en primer lugar, incrementar en forma sustantiva la inversión, lo cual requiere, a su vez, atraer capitales nacionales o extranjeros, estatales o privados, todo lo cual no es fácil hoy en día en el contexto de la caotización de los flujos internacionales de capitales y de bienes que se ha generado como consecuencia de las medidas arancelarias implementadas por la administración Trump.
En segundo lugar, se requiere negociar o renegociar – nunca denunciar en forma autónoma – determinados aspectos de los tratados de libre comercio firmados y vigentes por parte de Chile. Hay cláusulas de esos convenios que hacen muy difícil a un país en desarrollo caminar por la senda de la industrialización.
En tercer lugar, en un listado no exhaustivo de requerimientos, se necesita de un estado fuerte, capaz de entenderse con el sector privado, nacional o extranjero, y de orientar y/participar en los procesos de inversión que se requieran.
Nada de lo anterior es fácil, pero es posible y necesario.
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