Por una política sin políticos corruptos
por Enrique Villanueva M. (Chile)
8 años atrás 8 min lectura
Existe un consenso más o menos establecido sobre la baja credibilidad de los partidos políticos frente a la ciudadanía, lo que se ha transformado en un argumento permanente, para analistas, intelectuales y también para políticos, e impulsada por los medios de prensa, creando una sensación generalizada que todos los políticos son corruptos. Criticas que, raya para la suma, no aportan mucho a la solución del problema, pero si resultan convenientes para distraer a la opinión pública del tema central, que es limpiar la política, enjuiciando a los políticos corruptos e inhabilitarlos para seguir participando en futuras elecciones, generales o en sus respectivos partidos.
Porque aquí el problema no es la política en general, sino que son los políticos quienes fueron cooptados por el sistema, por los grandes empresarios dueños de este país, para legislar a favor de sus intereses.
En todo caso el tema de los políticos involucrados en hechos delictivos es transversal, no solo es la derecha, aunque estos son los principales entes de corrupción de la política, la UDI, sino que también, dirigentes de la centro izquierda, algunos de los cuales desde sus posiciones de poder son ahora expertos en lobby. Conformando un ejército de corruptos que se han coludido todos estos años, creando redes que, hoy, les permiten lucrar y mantener vigente un sistema económico altamente cuestionado, legislando para favorecer el lucro y el abuso, con políticos financiados por los grandes dueños del país.
Por ello es válido repetir que las causas de esta realidad no están en la política, sino que y sobre todo, en el sistema económico, que se impuso a sangre y fuego en 1973, que mercantilizó la política, las relaciones sociales, extendiéndose a todos los ámbitos de la vida de las personas. Llegando al punto, de que todo es posible de ser transformado en un negocio; la política, la educación, la salud, nuestras jubilaciones, el agua, las carreteras, las riquezas naturales del país.
Un sistema que terminada la dictadura se continuó administrando con partidos políticos afines, que “blindaron” la racionalidad neoliberal del sistema en la Constitución, la que ha actuado como el principal mecanismo institucional para otorgar inmunidad al sistema empresarial y de los mercados. Estableciéndose por añadidura, la subordinación de la política a la economía, en la práctica a los grandes empresarios dueños de Chile, la mayoría de ellos, que acumularon sus fortunas con los beneficios que les entregó la dictadura.
Esa es una de las causas, sino la principal, que aleja a los ciudadanos, no de la política, sino que de políticos que no son de fiar, por otro lado, les aleja de un sistema político que fue construido para contener la demanda y la movilización social. Que ahoga el reclamo social justo, que es visto como perverso o ideologizado por el sistema, eliminando toda forma de organización social que la gente, el pueblo, tiene para defenderse de uno de los sistemas económicos que ha generado una de las sociedades más desiguales del planeta.
Por todo esto y más, para terminar con la corrupción y con el abuso, hay que denunciar, los discursos generales y al voleo no sirven, la manipulación clientelista, los acuerdos cupulares entre los partidos del binominal y la demagogia, son una lacra de antigua data. Hoy protegida por una red de intereses que debe ser aislada, porque no tiene nada que ver con el bien común, por el contrario, quienes implantaron esta práctica, usan la política para sus mezquinos intereses.
Un ejemplo reciente de lo que hay que hacer, la dio recientemente un partido político, la Izquierda Ciudadana, exigiendo que su presidente, de un paso al costado para permitir la investigación que pesa en su contra por hechos de corrupción. Bien por ellos porque ese es el camino
En el marco de esta realidad aparecen nuevos partidos y nuevos políticos, con nuevas ideas y energías, lo que sin lugar a dudas oxigenó el espacio político en general, lo que está muy bien y que siga pasando. Claro que algunos de estos nuevos políticos se pasan un poco de revoluciones, haciéndose eco de la generalización que se hace de la corrupción en la acción de la política y los partidos en general.
Con ello lo que hacen es lapidar, en sus discursos y sus actitudes, un tanto arrogantes, el futuro de los partidos políticos “tradicionales” de la izquierda, desconociendo su historia y su aporte a la política chilena. Cuya lucha data de siglos, o la historia más reciente, la cual se niega por acción u omisión, olvidando a toda esa izquierda generosa, valiente, que entrego sus vidas por la democracia que hoy a ellos les permite existir.
Creo que repetir el camino tan usual en la política chilena, del sectarismo, la descalificación a priori, de sentir que lo pasado no sirve, que los partidos políticos son “solo historia”, asumir eso, eso es hacerse eco de la pirotecnia interesada, que históricamente nos ha enfrascado en discusiones, no solo tediosas, sino que inútiles. Que alejan a los ciudadanos y ciudadanas de una política estrecha y que nos les interpreta, porque se transforma en un juego de elites y no en lo que debiera ser, un vehículo para interpretar y resolver los problemas del pueblo, de los que sufren día a día el rigor de vivir con un sistema brutalmente desigual sobre sus hombros.
Para avanzar y terminar con todo esto, es necesario actuar con valentía, saliéndose de una práctica política plana, sin creatividad y lo principal, lo cual nos lleva a reaprender a decir lo que pensamos y no lo que el sistema quiere que digamos. Es decir, a reclamar públicamente lo que la Constitución de Pinochet prohíbe, identificarse como una izquierda con sustento ideológico, que es la sustancia principal de la política, la que fue y sigue siendo un ejercicio social para la toma del poder.
Hasta ahora no se ha inventado otra alternativa a las sociedades del capital, neoliberales, que el socialismo, por tanto este es el desafío, que no se trata de repetir esquemas del pasado, sino que, estableciendo las rupturas con algunas ideas socialistas que fueron dominantes en el pensamiento absoluto y en la práctica de la izquierda, pero que hoy no son válidas, porque se auto derrotaron, impidieron el dialogo permanente entre el pueblo y sus partidos o simplemente porque no caben en la nueva configuración del mundo.
De lo que se esta hablando es de reconstruir una izquierda con sustento político e ideológico, que tenga la capacidad de creer que los seres humanos, con su propia acción, son capaces de transformar la realidad, para transformar un orden de dominación brutal y desigual, como el actual, en una sociedad solidaria.
Una izquierda con identidad y con un programa, diseñando un socialismo acorde a las nuevas realidades, recuperando el rol del Estado con capacidad de jugar un papel activo en la economía, comprometida sin ambigüedades, con los intereses del pueblo que trabaja, que estudia, que no tiene opción de futuro ni jubilaciones dignas. Una izquierda que interprete, se comprometa y se ponga al frente de una revolución de género, por la igualdad de la mujer. Una izquierda que dé respuestas a la diversidad de la sociedad moderna, que lucha contra el racismo, así como en contra de toda otra forma de clasificación, jerárquica y de exclusión por motivos religiosos, étnicos, culturales, políticos y de orientación sexual.
Por lo tanto, una izquierda que exige ante todo, el rechazo a toda pretensión de construir la política desde la verdad única. Lo que está demostrado es que la política, sus objetivos y sus métodos son construidos por los seres humanos de acuerdo a sus propias opciones, valores, preferencias, alejados también, del economicismo, como un determinismo unilateral que reduce la complejidad de la vida y la experiencia humana a un factor determinante absoluto.
Lo que, si está claro, es que continuar haciendo política solo con los partidos políticos nacidos para administrar el sistema neoliberal, es una ilusión y es el camino equivocado para terminar con la corrupción. La idea de una política basada en los centros no sirve para cambiar las cosas, es para alimentar el sistema abusivo del cual estos forman parte, porque fueron creados para alimentar una política de consensos que, en aras de mantener el sistema económico, elimino la movilización social, cercenando la democracia, marginando la participación social de la política.
En este esquema mentiroso de la política de los acuerdos, la derecha esta camuflada en la idea de una centro derecha, pero esta no ha abandonado sus creencias ni sus valores, por el contrario, refugiados en el discurso del centro, hoy son más de derecha que antes, han fortalecido su ideología. En el otro lado, la centro izquierda, la Concertación, dirigentes provenientes de partidos de izquierda, si abandonaron su historia y su doctrina, transformándose bajo la idea y práctica de la política de los consensos, en el vagón de cola de la derecha, alejándose de toda propuesta ideológica de izquierda, como certificado de buena conducta para ser parte del sistema.
Cuánta razón tenía el hombre más odiado por la derecha, que mientras mas palos le dan, revive con más fuerza. Hace más de 150 años, en 1848, Marx decía “que los gobiernos son los apoderados del capital, es decir funcionan como entes subsidiarios de los intereses de los dueños del capital”. Una predicción que se confirma en el siglo XXI, en una sociedad en la cual todos somos presa de fuerzas económicas poderosas, que nos han hecho esclavos del mercado y de la Bolsa.
Enrique Villanueva M.
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NO + AFP