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Nuestra historia no parece que sea «un cuentecito de indios buenos y blancos malos» 

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Son interesantes las variadas reacciones que provocan los dichos del Sumo Pontífice Benedicto XVI, en su reciente visita a Brasil.

“El (Papa Ratzinger) sabe que los pueblos originarios de América están en ebullición, que están hurgando en sus propias conciencias, que están penetrando en sus hondas raíces y están descubriendo cosas maravillosas. Por eso preocupa el resurgir de los "cultos precolombinos" que creían extinguidos. Esos cultos (…) tienen que ver hoy –repito: hoy– con la solidaridad y con la esperanza de un mundo mejor, que con toda seguridad no encontrarán en la religión católica, donde sus jerarquías que ayer sirvieron al imperio español, hoy están en sintonía con los intereses del imperio norteamericano.” (Omar Montilla: El Papa Ratzinger sabe lo que hace y lo que dice.)

“Sr. Montilla: En primer lugar le diría que las simplificaciones históricas como las que usted hace nunca son de fiar. Usted resume siglos de colonización, dominación, pero también de convivencia y mestizaje en un cuentecito de indios buenos y blancos malos (…) O líderes populistas hoy en día, como Hugo Chávez o Evo Morales, pretendiendo resucitar una identidad precolombina, que sin duda tiene cosas maravillosas como usted dice, pero que no necesita la resurrección de ningún iluminado, porque se integraron en el mestizaje entre cultura americana, civilización europea, cristianismo que tienen hoy sus países.” (José Luis C., comentario al artículo de  Omar Montilla).
Las dos citas (PIENSACHILE 21/05/2007), representantes de 2 grandes corrientes de opinión en nuestro continente, me parecen particularmente decidoras porque apuntan de diferente forma a lo que el teólogo Leonardo Boff llama “teología del Espíritu” (Concilio Vaticano II) y “catolicismo de compromiso ético” y la “coherencia” que reclama la Nacionalidad Kichwa.

“Los representantes de Cristo hoy, pertenecientes a cualquier iglesia cristiana, deberían respetar y venerar la Vida como lo hizo Jesús. Tienen el deber ético y moral de condenar toda injusticia (…), y si quieren realizar una verdadera evangelización a los Pueblos y Nacionalidades Indígenas deben entregar el auténtico mensaje del Cristo sin pretender destruir nuestras culturas, porque así lo hizo él, a quien dicen representar (…) ¡Exigimos coherencia!”
Me excuso por la abundancia de referencias, pero estimo que son necesarias tenerlas en el original.

Lo que Benedicto XVI afirmó en Brasil respecto de nuestra cultura no es un despropósito, porque así él lo cree desde sus razones indolente, miope, perezosa, arrogante, anti – utópica (Boff: Los silencios reveladores de Benedicto XVI, PIENSACHILE, 16/05/2007).

El despropósito es confundir lo esencial del debate con elementos ciertos, pero contextuales (la crueldad de la conquista; las leyes de Indias; quién denunció qué, cuándo y a quién) a lo central del tema en discusión: la ofensa papal a nuestra cultura.

Por la vía que indica ese modo de argumentar se puede caricaturizar o reproducir nuestra historia en tarjetas postales folclóricas para turistas. Los elementos de contexto atingentes los da la historia americana, cuyas raíces provienen de siglos antes de la conquista y, ciertamente, muy anterior a los “siglos de colonización, dominación, pero también de convivencia y mestizaje” (José Luis C.) Lo que se le reclama al representante máximo de la iglesia católica, apostólica y romana es coherencia; además de respeto.

Ver Diario La Nación (Chile) Año XCI, Nº 30.000, 24 mayo de 2007, p. 14, donde el Sumo Pontífice Benedicto XVI, no solicita perdón por su ofensa, sino que se limita apenas a declarar que no se “puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de evangelización del continente” americano.
Hay una falacia muy extendida cuando se trata de la historia de Abya Yala (América, en la denominación Kichwa). Es una falacia en dos conceptos que se retroalimentan: a) síntesis cultural, y b) mestizaje – convivencia.

No puede haber síntesis cultural cuando la del vencedor se impone a la del dominado. Para salvar la cultura ancestral de las civilizaciones azteca, maya y quechua (por nombrar las más conocidas), nuestros padres optaron por el sincretismo. (1)

“(…) aprendimos a sincretizar nuestras creencias y símbolos con las de los invasores y opresores. Continuamos asistiendo a nuestros templos, porque sabemos que debajo de los principales templos católicos están los cimientos de nuestros templos sagrados (…) que (…) fueron edificados en lugares donde se concentran grandes Fuerzas que reflejan la Fuerza, Sabiduría y Amor del Gran Espíritu Padre y Madre de todos los seres que habitamos en este maravilloso planeta.”
Esto no es banal. Es la herencia cultural que se preserva, conciliando con otras, para subsistir y continuar desarrollándose.

“Grandes Señores y hombres prodigiosos eran los reyes portentosos Gucumatz y Cotuhá (…) Quicab y Cavizimah. Ellos sabían si se haría la guerra y todo era claro ante sus ojos; veían si habría mortandad o hambre, si habría pleitos. Sabían bien que había donde podían verlo, que existía un libro por ellos llamado Popol Vuh.

Pero no sólo de esta manera era grande la condición de los Señores. Grandes eran también sus ayunos. Y esto era en pago de haber sido creados y en pago de su reino (…) He aquí sus peticiones a su dios, cuando oraban esta era la súplica de sus corazones: ¡Oh tú, hermosura del día! / ¡Tú, Huracán! / ¡Tú, Corazón del Cielo y de la Tierra! / ¡Y tú, también dador de las hijas y de los hijos! / ¡Tú, dador de la riqueza y gloria!: Vuelve hacia acá tu gloria y tu riqueza; concédeles la vida y el desarrollo a mis hijos y vasallos; que se multipliquen y crezcan los que han de alimentarte y mantenerte; los que te invocan en los caminos, en los campos, a la orilla de los ríos, en los barrancos, bajo los árboles, bajo los bejucos. Dales sus hijas y sus hijos, que no encuentren desgracia ni infortunio, que no se introduzca el engañador ni detrás ni delante de ellos (…) Uno sólo fue el origen de su tradición (…) Y eran un solo tronco, una sola familia (…)” POPOL VUH. LAS ANTIGUAS HISTORIAS DEL QUICHE. Editorial Centro Gráfico Limitada, Santiago de Chile, 2005, p. 114 – 115
Respecto del mestizaje – convivencia. El primero es producto neto de una guerra de conquista (cualquiera que sea); los bandos en pugna matan, pero también secuestran y violan; se aparean y reproducen; somos mestizos en la inmensa mayoría (aunque algunos no lo acepten). Ser mestizos dice relación más con la biología que con la sociología. La segunda, la convivencia, está en la esfera de la sociología, y es otro cantar. Al igual que sucede con la supuesta síntesis cultural, los dominantes imponen su modo de ser a los vencidos y estos últimos adecuan sus costumbres ancestrales, pero no las pierden; no “se integraron”. Se adaptan formalmente, pero la esencia no se entrega porque está sostenida por las “grandes Fuerzas que reflejan la Fuerza, Sabiduría y Amor del Gran Espíritu Padre y Madre de todos los seres que habitamos en este maravilloso planeta.” Hasta el día de hoy las reivindicaciones de nuestros padres (“pueblos originarios”) de Abya Yala están vigentes: tierra y aguas; pero también lengua y tradiciones (hoy se expande la educación bilingüe: castellano y lengua autóctona); Año Nuevo cristiano y Año Nuevo de cada cultura, porque “Uno sólo fue el origen de su tradición” y porque “eran un solo tronco, una sola familia”.

Además, ¿qué se quiere decir cuando se afirma que en América se está “pretendiendo resucitar una identidad precolombina”?, ¿Que se quiere “resucitar” los chasquis y no utilizar los actuales medios de comunicación?, ¿Que es volver a lo antiguo y pasado de moda (¿dicho con una pizca de desprecio, por lo de “pretendiendo”?) Claramente no se refiere al uso del arado de madera, ni a chozas como vivienda, porque aún se utilizan en algunos lugares (¡en pleno siglo XXI!). Pareciera que se refiere a que estaríamos retrocediendo en la modernidad, “integrada” en la “cultura americana, civilización europea, cristianismo que tienen hoy sus países” (José Luis C.)

Según el teólogo Leonardo Boff, el teólogo Ratzinger en la modernidad

“(…) ve, antes que nada, arrogancia, relativismo, materialismo y ateísmo, esfuerzo humano en busca de una emancipación por sus propios medios. La misión de la Iglesia sería desenmascarar esta pretensión, aportarle principios claros, seguridad en la oscuridad y verdades absolutamente válidas…” (Benedicto XVI, crítico de la cultura, PIENSACHILE, 20/05/2007)
Pues bien:

“La modernidad es la afirmación de los sujetos (pueden ser individuales o colectivos) capaces de hacer su historia más allá de los designios divinos o determinismos naturales. En este sentido, no se confunde con ningún tipo particular de sociedad o instrumento tecnológico, ni tampoco con la modernización.” La modernidad “(…) puede entenderse sociológicamente como la forma societal en que se constituyen sujetos, y hay que aceptar que no es sólo desde la vertiente racional que ello ocurre, sino también desde la expansión de la subjetividad y de las identidades y memorias colectivas, pudiendo la tradición en determinadas circunstancias ser también una dimensión constitutiva de sujetos, es decir, moderna.” [GARRETON, Manuel Antonio: La sociedad en que vivi(re)mos. Introducción sociológica al cambio de siglo. LOM, Santiago de Chile, 2000, p. 205, 43]

En el presente de América, los pueblos han elegido gobernantes más representativos de sus intereses: Bolivia, Venezuela, Ecuador, Brasil, Nicaragua (¿me falta alguno?). Ninguno de ellos, que se sepa, es “iluminado” (en el sentido mesiánico en que está dicho en la cita Nº 1). Particularmente “incómodos” lo son, para algunos, los Presidentes Evo Morales y Hugo Chávez. Pudiera colegirse que la incomodidad viene por el lado de la recuperación de las riquezas básicas de esos países; o porque observan los ritos ancestrales “precolombinos”; o porque están decididos a que sus respectivos pueblos sean sujetos de su propia historia. No se habrían “integrado” a pesar de ser mestizos. No serían “modernos”.

“Ante todo, hay tantas modernidades como sociedades … La modernidad no está fuera sino dentro de nosotros. Es hoy y es la antigüedad más antigua. Es mañana y es el comienzo del mundo. Tiene mil años y acaba de nacer. Habla en nahuatl, traza ideogramas chinos del siglo XIX y aparece en la pantalla de televisión.” [Octavio Paz, “La búsqueda del presente”, citado por Garretón, Manuel Antonio, op. cit. P. 206]
De lo expuesto no se deduce necesariamente que nuestra historia americana sea “(…) un cuentecito de indios buenos y blancos malos (…) O líderes populistas”.

Notas

(1) sincretismo: Sistema filosófico que trata de conciliar doctrinas diferentes.
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