Las tres apuestas perdedoras de Netanyahu: la guerra, las elecciones y ‘America First’
por Ameer Makhoul (Palestina)
7 mins atrás 13 min lectura
08 de mayo de 2026
Ameer Makhoul, Progress Center for Policies, 7 de mayo de 2026
Original: ثلاثة رهانات خاسرة: نتنياهو بين الحرب والانتخابات وأمريكا أولاً
English: Three Losing Bets: Netanyahu Between the War, the Elections, and America First
Traducido par Tlaxcala
Français
Introducción y contexto
En vísperas de la guerra, Netanyahu hizo tres apuestas: que podría elevar la posición de Israel al rango de las principales potencias regionales y globales como socio pleno de Washington; que podría dirigir la política usamericana y moldear las decisiones de Trump; y que la guerra serviría como la palanca que le daría una victoria electoral incontestable en Israel.
Este artículo está escrito en un momento de aguda sensibilidad — el 6 de mayo de 2026, Trump anunció la posibilidad de un acuerdo inminente con Irán dentro de un marco de entendimientos, mientras que la oficina de Netanyahu declaró que Israel estaba completamente informado de los detalles. Si se acuerda el marco, permitiría un mes de conversaciones para finalizar sus términos. Este artículo busca evaluar la solidez de las tres apuestas a la luz de las realidades actuales.
Los datos
Eje uno: La apuesta por posicionar a Israel como una gran potencia
1. Posicionamiento geopolítico regional
Al comienzo de la guerra, Israel demostró que era el primer y único aliado de USA, y que poseía ventajas militares y de inteligencia cualitativas — posicionando a la administración Trump para que dependiera de él para lanzar un primer ataque supuestamente decisivo que derribara al régimen iraní. Eso no se materializó, lo que llevó a Trump a preguntar públicamente en más de una ocasión por qué los iraníes no se habían rendido. Cuando no lo hicieron, USA declaró un alto el fuego y las negociaciones con Irán se aceleraron, realizándose sin la participación de Israel.
La administración Trump declaró y posteriormente extendió el alto el fuego en el Líbano, trazando líneas rojas que el gobierno de Netanyahu no podía cruzar — más notablemente la prohibición de atacar Beirut y la infraestructura estatal libanesa. Según evaluaciones israelíes, la coordinación entre Netanyahu y Trump sigue siendo estrecha, pero la autoridad última recae en Trump.
2. La batalla por los corredores alternativos
Israel apostó oficialmente a aprovechar la guerra por el estrecho de Ormuz y los corredores energéticos como una inversión estratégica — específicamente el establecimiento de una ruta alternativa al estrecho de Ormuz, el canal de Suez y el mar Rojo. Esta apuesta se basaba en la premisa de que el conflicto de Ormuz representaba una oportunidad histórica para que Israel reviviera el corredor terrestre-marítimo de comercio y energía que se extiende hacia el este desde la India a través de los Estados del Golfo, haciendo de los puertos de Ashdod y Haifa centros logísticos esenciales. La visión se alineaba con las ambiciones usamericanas de dominar el comercio marítimo global, los mercados energéticos y las rutas marítimas tradicionales. La idea de que la guerra contra Irán constituía una inversión para las generaciones futuras circuló ampliamente en el discurso israelí.
Sin embargo, el despertar de los Estados árabes — particularmente los del Golfo y Egipto — y, regionalmente, Turquía, pone seriamente en duda este proyecto. Arabia Saudita tiene la intención de transportar petróleo a través de grandes oleoductos desde el este del país hacia el mar Rojo, mientras que las evaluaciones israelíes señalan la creciente fuerza de la flota naval egipcia en la protección del mar Rojo, incluida la influencia israelí desarrollada a través de su estrecha relación con la región separatista de Somalilandia, que domina el estrecho de Bab el-Mandeb. El proyecto más ambicioso actualmente sobre la mesa es la Iniciativa de los Cuatro Mares — una visión geoestratégica que conecta el Golfo, el Mediterráneo, el mar Negro y el mar Caspio para el transporte de energía y comercio entre Asia y Europa, evitando la dependencia total del estrecho de Ormuz o Bab el-Mandeb, pasando por Siria y Turquía y potencialmente abarcando Irak y Jordania. Arabia Saudita está entre las principales potencias regionales dispuestas a invertir en este proyecto, que tiene un peso económico y geopolítico considerablemente mayor que el de Israel, y podría volver estratégicamente obsoleto el corredor alternativo israelí si se completa.
3. Exportaciones militares: una excepción en el panorama
En contraste con los interrogantes que pesan sobre las dos dimensiones anteriores, Israel ha logrado avances sustanciales en las exportaciones de defensa — particularmente sistemas de defensa aérea como la Cúpula de Hierro, los misiles Arrow y los sistemas de defensa láser producidos por Israeli Aerospace Industries, Rafael y Elbit.
Según un informe publicado por el periódico financiero israelí The Marker en 2025, la Agencia de Control de Exportaciones de Defensa concedió licencias de exportación para sistemas de defensa aérea a veinte países, frente a siete en 2024 y doce en 2023. Las licencias de comercialización aumentaron de diecinueve países en 2023 a cincuenta y seis en 2024, y luego a setenta y cuatro en 2025. Esta expansión refleja tanto el volumen de solicitudes presentadas por las empresas como la propia política del Ministerio de Defensa — reflejo a su vez de la eficacia probada de estos sistemas y de la creciente demanda, particularmente de Alemania y los Emiratos Árabes Unidos. Si bien el total de 6,629 licencias no garantiza que todas resulten en transacciones completadas, señala un vasto potencial de exportación en los próximos años.
Merecen mencionarse dos advertencias. Netanyahu declaró categóricamente en su discurso sobre la “doctrina Esparta” que Israel adoptaría una doctrina de producción nacional y autosuficiencia — una posición que parece en tensión directa con la expansión de las licencias de exportación. Dicho esto, en cualquiera de los escenarios, el mercado de exportación de armas y sistemas parece destinado a crecer sustancialmente después de la guerra contra Irán.
Se espera que las exportaciones totales de seguridad de Israel para 2025 alcancen aproximadamente los dieciocho mil millones de dólares, un aumento de tres mil millones con respecto a 2024, impulsado por Rafael e Israeli Aerospace Industries. The Marker señala simultáneamente la dificultad de exportar los sistemas de armas ofensivas israelíes debido a los movimientos globales de boicot relacionados con la guerra en Gaza y al hecho de que varios Estados europeos han planteado la cuestión.
Eje dos: La apuesta por dirigir la toma de decisiones usamericana
Antes de la guerra contra Irán, Netanyahu estaba en la cúspide de su influencia sobre las decisiones usamericanas, respaldado por evaluaciones militares y de seguridad que predecían el colapso del régimen en el primer ataque. La fase siguiente vio una creciente brecha entre los objetivos usamericanos e israelíes — USA abandonó públicamente el objetivo de cambio de régimen que Israel seguía persiguiendo. La guerra evolucionó hacia una guerra energética con dimensiones globales agotadoras; el índice de aprobación de Trump cayó a aproximadamente el 36%; la oposición a la guerra dentro de USA se amplió; y comenzó a dominar la narrativa de que Netanyahu había arrastrado a Trump a una trampa — una acusación que Trump negó.
La decisión de la administración Trump de declarar un alto el fuego con Irán y luego en el Líbano demostró que las decisiones sobre la finalización de la guerra eran exclusivamente usamericanas, no conjuntas usraelíes. El alto el fuego libanés y su extensión colocaron a Netanyahu en la posición políticamente humillante de parecer incapaz de ejercer influencia ante su propia base. Mientras USA se movía hacia la búsqueda de una salida de la guerra, el gobierno de Netanyahu continuó presionando por su reanudación para evitar cualquier acuerdo usamericano-iraní, independientemente de sus términos.
En los últimos días, han prevalecido evaluaciones israelíes que sugieren que una nueva guerra intensiva contra Irán era inminente, y los medios israelíes se movilizaron para preparar a la opinión pública para tal acontecimiento, acompañados de declaraciones de funcionarios políticos y de seguridad que añadieron una dimensión sobre la cercanía de la coordinación entre Netanyahu y Trump. Sin embargo, las declaraciones de Trump del 6 de mayo lo cambiaron todo al afirmar la probabilidad de un acuerdo inminente con Irán — provocando una profunda confusión en Israel, a pesar de las declaraciones de que la maniobra usamericana era conocida por Netanyahu de antemano.
Ante este profundo desorden, que podría resultar políticamente fatal, Netanyahu apostó por desafiar la línea roja usamericana en el Líbano buscando atacar al comandante de la Fuerza Raduán en un ataque selectivo en Beirut, presentándolo como una acción que no afectaba al Estado libanés. El intento parece ir más allá del asesinato de un comandante militar de campo para intentar influir en la trayectoria ásamericana-iraní más amplia. Sin embargo, la mayoría de las evaluaciones, incluidas las israelíes, concluyen que este ataque selectivo no podrá descarrilar el proceso usamericano-iraní destinado a alcanzar un acuerdo dentro de un marco de entendimientos. Del mismo modo, atacar al hijo del funcionario de Hamás Jalil al-Hayya no parece probable que reavive una ronda renovada e intensificada en Gaza, dados los esfuerzos egipcios, saudíes, qataríes y turcos por encontrar una fórmula que rompa el estancamiento en las negociaciones y pase a las fases avanzadas para poner fin a la guerra en Gaza.
Eje tres: La apuesta por la guerra como palanca electoral
A diferencia de lo que siguió a la guerra de doce días contra Irán en julio de 2025 — que impulsó la posición electoral de Netanyahu y lo llevó a sus índices de aprobación más altos desde octubre de 2023 — la guerra prolongada, que se ha convertido en un conflicto de desgaste e incendió el frente libanés, le ha costado un apoyo popular significativo, particularmente dentro de su base sociopolítica, después de los altos el fuego en ambos frentes impuestos por decisión unilateral usamericana.
La apuesta por doblegar al Estado libanés para que el presidente Joseph Aoun aceptara reunirse con Netanyahu en Washington — permitiéndole proyectar la imagen de un pacificador abrahámico mientras desafiaba simultáneamente la orden de arresto de la Corte Penal Internacional — se ha derrumbado por completo ante la firme y soberana posición del Líbano de distanciarse de cualquier reunión de este tipo y de todo lo que conllevaría.
Netanyahu se enfrenta hoy a una situación política que podría derribarlo. No puede convencer a la opinión pública israelí — ni siquiera a la derecha — de que la guerra logró sus objetivos, ni de que la situación de seguridad de Israel no se ha deteriorado en relación con lo que era antes de este último episodio. Mientras tanto, la guerra en Gaza y las demandas de una comisión de investigación formal sobre los fallos de octubre de 2023 están volviendo a la primera línea del debate electoral — precisamente los temas que Netanyahu había esperado enterrar con la guerra contra Irán y el Líbano.
Análisis
La primera apuesta: El debilitamiento del posicionamiento geopolítico
Es difícil concluir que Israel haya mejorado su posición geopolítica regional o global. El proyecto de corredor alternativo en el que apostó enfrenta una fuerte competencia regional; la Iniciativa de los Cuatro Mares tiene un peso económico y geopolítico mucho mayor que el de Israel, y podría volver el proyecto israelí estratégicamente redundante si se completa. La verdadera excepción en este panorama es el crecimiento de las exportaciones militares defensivas — una inversión rentable en números brutos, pero que no compensa el declive más amplio en la posición geopolítica. La contradicción estructural dentro de este eje es llamativa: Netanyahu proclama la autosuficiencia en el discurso “Esparta” mientras las empresas israelíes expanden sus licencias de exportación militar — una brecha que revela la distancia entre la retórica política y el interés económico real.
La segunda apuesta: La influencia decreciente sobre la toma de decisiones usamericana
Una convicción creciente se ha apoderado de la opinión pública y los medios israelíes de que la influencia de Israel sobre las decisiones de Trump se está erosionando rápidamente, y que USA está volviendo a “América Primero” — moldeando su política hacia Irán según sus propias prioridades en lugar de las de Israel. En la práctica, USA se ha convertido en quien dirige la toma de decisiones israelí, y no al revés. El intento de Netanyahu de desafiar las líneas rojas usamericanas en el Líbano indica desesperación por no poder ejercer influencia a través de canales convencionales — una postura que profundiza su situación ante una audiencia que había depositado su confianza en su imagen de líder capaz de dirigir las decisiones usamericanas.
La tercera apuesta: Cálculos electorales al revés
Conclusiones y hallazgos
Una lectura de los datos lleva a varias conclusiones esenciales:
- Ha habido un declive tangible en las apuestas importantes relacionadas con el reposicionamiento geopolítico, la inversión en la asociación militar con USA y la captura de una participación central en los esfuerzos internacionales para establecer corredores alternativos al estrecho de Ormuz, Bab el-Mandeb y el canal de Suez. La ventaja, por ahora, parece residir en los proyectos árabes y regionales destinados a suministrar energía a Europa y desarrollar corredores comerciales con el sur de Asia.
- Las evaluaciones israelíes han fracasado en su expectativa de doblegar al Estado libanés a las condiciones de seguridad y políticas israelíes, y no existe ninguna perspectiva realista de una reunión Netanyahu-Aoun en Washington dada la firme posición soberana del Líbano.
- Desde la declaración del alto el fuego con Irán y posteriormente en el Líbano, la capacidad de Israel para influir en Trump y su administración sobre prioridades y toma de decisiones ha ido retrocediendo — y Netanyahu no posee ninguna capacidad efectiva para contrarrestarlo. En la práctica, USA se ha convertido en quien dirige la toma de decisiones israelí, y no al revés.
- Netanyahu puede aprovechar en su beneficio el interés internacional en los sistemas defensivos israelíes, reflejado en la multiplicación de empresas autorizadas a exportar, particularmente a Alemania y los Emiratos Árabes Unidos. Al mismo tiempo, Israel enfrenta una amplia reticencia internacional a adquirir sus sistemas ofensivos debido a los movimientos de boicot relacionados con la guerra en Gaza.
- Electoralmente, el expediente de Gaza y Palestina está volviendo a la primera línea, acompañado de demandas de una comisión de investigación formal sobre los fallos de octubre de 2023 — precisamente lo que Netanyahu buscaba mantener fuera del programa electoral. Actualmente no goza de ningún apoyo de la administración Trump para su supervivencia política, y la dinámica de “América Primero” parece destinada a jugar en su contra.

Assistance Fausto Giudice
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