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La izquierda se reunió en Barcelona. ¿Y? ¿Qué sigue ahora?

La izquierda se reunió en Barcelona. ¿Y? ¿Qué sigue ahora?
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21 de abril de 2026

La reunión de lideres de izquierda y progresistas en Barcelona se convirtió en una gran noticia. Hacía rato que esto no ocurría. Bravo por reunirse, ¿y ahora qué? ¿Después de los discursos qué haremos? ¿Cuál es el programa de trabajo para mover al mundo en la dirección de la vida, del respeto a los derechos, de enjuiciamiento a tanto criminal que anda suelto? ¿Qué hacemos para poner fin a las guerras que nos están acercando a una hecatombe atómica?

Soñar sí cuesta

Fedrico Bonasso

El encuentro en Barcelona parece el intento más serio y ambicioso, en mucho tiempo, de oponer una resistencia coordinada a una ultraderecha trasnacional que tanto en lo propagandístico como en lo programático ha demostrado estar mucho más articulada que su contraparte.

Soñé que Trump seguía metiendo la pata y se debilitaba de manera irreversible. Soñé que el mundo decidía romper el bloqueo criminal a Cuba y llegaba petróleo a la Isla. Soñé que se rompían relaciones diplomáticas con Israel; y Netanyahu y los demás racistas que gobiernan hoy aquel país debían esconderse para no ser capturados y juzgados por los tribunales internacionales. Soñé, por supuesto, que se detenía el genocidio; que la comunidad internacional intervenía en Gaza y frenaba definitivamente la masacre de civiles en Líbano e Irán.

Con soñar no perdemos nada, dice el adagio popular. Acaso la paciencia nada más. Depositar sueños tan legítimos como ambiciosos en los liderazgos progresistas actuales ha sido, hasta ahora, un ejercicio de frustración. ¿Están por cambiar las cosas?

Veamos; de los sueños enunciados en el primer párrafo acaso el único fragmento que veremos concretarse es el de la primera oración: Trump sigue erosionando el mismo poder que supo construir. Ha abierto demasiados frentes, militares y políticos. Como todo agente de los centros de privilegio y poder, se le permitirá hacer la mayor cantidad de daño posible, luego se lo culpará, y el sistema acudirá a un nuevo mito colectivo -y nuevo líder que lo encarne-, para que la correlación de fuerzas entre los grupos dominantes y los subordinados no se altere demasiado. En lo que tal inercia se concreta, seguimos los ciudadanos del mundo atestiguando el daño que causan Trump y Netanyahu, con espanto y rabia.

Un nuevo encuentro
Estos 17 y 18 de abril, invitados por el PSOE, el Partido de los Socialistas Europeos, la Internacional Socialista y la Alianza Progresista; con Pedro Sánchez como principal anfitrión, se reúnen en Barcelona los principales líderes progresistas de América Latina y España.

Soñemos preguntando: ¿estaríamos ante la formación de un frente estable de izquierda mundial? Parece poco probable

Los análisis más optimistas rozan ya la idea de que, por fin, la izquierda mundial intenta dejar de reaccionar y empezar a tomar la iniciativa política. El encuentro, al que asisten Sheinbaum, Lula, Petro, Orsi y también dirigentes que hoy son oposición en sus países, como el argentino Axel Kicillof —además de intelectuales como la economista Mariana Mazzucato—, promete ser un capítulo más sólido que otros anteriores en la coordinación contra la ultraderecha autoritaria. En ese sentido, el énfasis que los promotores ponen en la palabra “democracia” y en la necesidad de defenderla no es trivial. “Tenemos la obligación de demostrar a la humanidad que la democracia es mejor que el autoritarismo”, declaró Lula en vísperas de su arribo. Sheinbaum, que enfrenta las presiones del vecino violento y la renegociación del T-MEC, optó por un tono más cauto: “Voy a un encuentro por la paz”. Dada, justamente, la complicadísima relación actual con Estados Unidos, la decisión de Sheinbaum de asistir es un gesto valiente e importante. También sería deseable que su presencia no indujera, por prudencia frente a Trump, una moderación excesiva en las declaraciones finales del encuentro.

Prospecciones más modestas comprenden que se mueve, en el encuentro de Barcelona, la agenda de la recomposición orgánica de la socialdemocracia internacional: PES, Internacional Socialista y Alianza Progresista, que venían funcionando con solapamientos y rivalidades, aparecen aquí coordinadas. Otro origen de la reunión es el ciclo “En Defensa de la Democracia / Democracia Siempre”, que desde 2024-2025 viene articulando a Sánchez, Lula, Petro, Orsi y antes Boric en torno a democracia, multilateralismo, regulación digital, combate a la desigualdad y una ambivalente narrativa contra el “extremismo”.

Los análisis más optimistas rozan ya la idea de que, por fin, la izquierda mundial intenta dejar de reaccionar y empezar a tomar la iniciativa política

Soñemos preguntando: ¿estaríamos ante la formación de un frente estable de izquierda mundial? Parece poco probable. La densidad de la representación está más en los presidentes latinoamericanos -que, es cierto, juntos representan bastante más de la mitad del PBI de la región- y menos en los europeos. Una razón más para moderar las expectativas del alcance real del encuentro. Sin embargo este parece el intento más serio y ambicioso, en mucho tiempo, de oponer una resistencia coordinada a una ultraderecha trasnacional que tanto en lo propagandístico como en lo programático ha demostrado estar mucho más articulada que su contraparte.

Este año electoral en Colombia y Brasil, -también en Perú-, será clave para el futuro de este espacio progresista. Un espacio que poco incidirá en la realidad si no se consolida como un frente permanente, con influencia directa en la política internacional y en la coordinación entre gobiernos.

En política y en materia humanitaria, el problema no es soñar, sino el costo de que los sueños no se concreten. Soñar la justicia obliga a pelear por ella. Y aunque pelear exige siempre una sensatez elemental -comprender la correlación de fuerzas con el rival-, una prudencia excesiva puede parecerse mucho a la complicidad con los criminales. Por eso,

este encuentro tan postergado ha despertado esperanzas legítimas. Pero esas esperanzas se convertirán en exigencia si los líderes progresistas de esta parte del mundo no adoptan resoluciones concretas frente a los crímenes de guerra, el genocidio y el castigo colectivo al que Netanyahu y Trump someten cotidianamente a tantos pueblos e individuos.

Ante semejante crisis de la legalidad internacional, soñar sí cuesta. La foto del encuentro, que puede darnos alguna alegría, debe traducirse urgentemente en medidas diplomáticas concretas y en castigos para los Estados que violan el derecho internacional.

*Fuente: Diario-red.com

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