La marroquinización de los recursos saharauis
por Tesh Sidi (España)
3 años atrás 7 min lectura
13 de enero de 2023
En una época de elaboradas recetas y reuniones alrededor de la comida, es buen momento para tomar conciencia de que el consumo de algunos de los productos que degustamos, despreocupadamente, tienen un fuerte impacto en la vida y desarrollo de otros pueblos.
Esta preocupación no es nueva, el derecho a llevar a cabo un “consumo ético y responsable” ya se recoge en el Reglamento (UE) No 1169/2011, donde se señala que el consumidor tiene derecho a elegir un producto “teniendo en cuenta consideraciones sanitarias, económicas, medioambientales, sociales y éticas”. Es decir, que el consumidor pueda tomar decisiones acorde a sus valores teniendo en cuenta si un producto ha sido elaborado bajo explotación laboral, si los animales han vivido en buenas condiciones o si los productos vienen de alguna zona ocupada y de cuya venta se beneficia una fuerza ocupante y no la población autóctona. Toda esta información debería conocerse a través de la trazabilidad del producto, lo que permitiría rastrear cada paso del proceso de producción hasta que llegue al consumidor final.
Marroquinizar lo saharaui
En septiembre de 2021, el Tribunal General de la Unión Europea anuló los acuerdos comerciales entre la UE y Marruecos por incluir al Sahara Occidental, un territorio no autónomo y pendiente de descolonización que lleva ocupado, ilegalmente, por Marruecos desde 1975. Este dictamen se basa en resoluciones de la ONU que señalan que los recursos naturales de los territorios no autónomos pertenecen a la población nativa de ese lugar y no a la potencia ocupante. De esta manera, el Tribunal Europeo ha estimado que la Unión Europea no puede negociar con Marruecos la importación de los recursos del Sahara Occidental, sino que ha de hacerlo con el legítimo representante del pueblo saharaui, el Frente Polisario.
Pese a que la inclusión del Sahara Occidental en los acuerdos comerciales de Marruecos ya ha provocado que estos hayan sido anulados anteriormente, lo cierto es que siempre se han buscado métodos para sortear la legalidad y marroquinizar los productos saharauis a través del etiquetado, algo que ha contado con el visto bueno de unas instituciones europeas que nunca han demostrado un verdadero interés por velar por el cumplimiento de las propias leyes europeas.
Pese a que la inclusión del Sahara Occidental en los acuerdos comerciales de Marruecos ya ha provocado que estos hayan sido anulados anteriormente, siempre se han buscado métodos para marroquinizar los productos saharauis a través del etiquetado
El pulpo y el pescado
Dentro de la UE, todo usuario tiene derecho a conocer la procedencia de cualquier producto que vaya a adquirir. No obstante, lo cierto es que la legislación varía según el tipo de producto. Así como la procedencia de las hortalizas ha de ser concreta a la hora de etiquetar su origen, en los productos del mar esa concreción se vuelve difusa, ya que la obligatoriedad de la mención de procedencia recae en zonas regionales y no en países concretos. Así, en la Directiva 1379/2013, se establecen 19 zonas regionales de pesca que han sido demarcadas por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), correspondiendo al área marítima entre el Estrecho de Gibraltar y la desembocadura del Río Zaire la zona FAO34 (Atlántico Centro-Este). Esto beneficia a todas aquellas empresas que trabajan con productos del Sahara Occidental, ya que, alegando excusas de competencia, la trazabilidad del pescado no es pública; primera traba para el consumidor que quiere conocer dónde empieza el proceso del producto.
El caso del pulpo es especialmente significativo, ya que Marruecos presume de ser el segundo proveedor de pulpo a nivel mundial cuando esta especie no habita las costas marroquíes. Lo que ocurre es que Marruecos comercia con el pulpo del Sahara Occidental, obteniendo beneficios millonarios que no repercuten en la población saharaui.
Uno de los países que más pulpo saharaui importa es España, que ha tenido que recurrir al país vecino para saciar la creciente demanda que el famoso pulpo gallego no puede cubrir. De hecho, más del 70% del pulpo que se consume en España procede de las aguas del Sahara Occidental; sobre todo, de la zona de Dajla.
El pulpo saharaui viaja hasta Agadir, en barco o por carretera para dificultar su rastreo. Del mismo modo llegan a Mauritania para, desde allí, salir en barcos hacia España. El mismo proceso siguen con otras especies, como la sardina o la caballa, que se obtienen a través de una invasiva pesca de arrastre que produce un daño irreparable a la biodiversidad marina, afectando de manera muy negativa a nivel medioambiental.
No sólo el pulpo
Marruecos tiene toda una maquinaria funcionando para conseguir marroquinizar los productos saharauis que venden, tanto en España como en el resto de los países de la Unión Europea. Frutas y hortalizas como el pepino, el melón y, sobre todo, el tomate, son cargadas en camiones que transportan el producto hasta Agadir, donde se mezclan con el resto de la recolección marroquí y se exportan bajo la misma etiqueta.
Varias organizaciones de agricultores han denunciado a empresas españolas que importaban producto marroquí, sobre todo tomate, y que luego vendían como español por haberse procesado en España o por haber estado involucradas, desde el principio, en la producción. Lo que antes servía para completar el producto —afirman— ahora llega de manera masiva. La diferencia de precios entre la producción española y la compra del producto en territorio marroquí hace que, en muchos casos, se haya denunciado a las empresas importadoras por incurrir en competencia desleal.
Cómplices del expolio, cómplices de la ocupación
Cada año, Marruecos exporta unas 100 mil toneladas de pescado, siendo el 95% del pulpo y el 75% de las sardinas especies pescadas en las aguas del Sahara Occidental, donde faenan unos 90 pesqueros españoles (sobre todo, de Cádiz, Canarias o Galicia) que compran las licencias a una potencia ocupante que viola de manera continuada los derechos humanos de la población saharaui, que vive perseguida y en un estado de apartheid en su propia tierra.
Desde que se inició la ocupación, Marruecos pretende ofrecer a los diferentes países y empresas medios de inversión con los que les merezca la pena mirar para otro lado, consolidando la ocupación a través del afianzamiento de empresas en el territorio
Desde que se inició la ocupación, Marruecos pretende ofrecer a los diferentes países y empresas medios de inversión con los que les merezca la pena mirar para otro lado, consolidando la ocupación a través del afianzamiento de empresas en el territorio. Así, Marruecos explota los recursos naturales del Sahara Occidental, cuyas reservas van menguando de manera irreversible mientras la potencia ocupante se lucra y los verdaderos dueños de esos recursos viven refugiados o bajo una ocupación que los margina, al mismo tiempo que la población colona ejerce de mano de obra del expolio. Así, tanto los barcos que apagan sus sistemas de navegación para evitar que se les haga seguimiento o fingen repostar para cargar el pescado, como aquellos camiones sin rótulos que transportan la mercancía de manera que no se sepa qué empresa lo gestiona, demuestran que los negocios no son, del todo, limpios.
En 2019, la eurodiputada Heidi Hautala (Los Verdes/EFA) preguntó acerca del etiquetado engañoso de los productos del Sahara Occidental, y el Comisario de Agricultura, Janusz Wojciechowsky confirmó que “todos los productos importados, deben proveer de información precisa y no engañosa sobre el país de origen o procedencia lo que, en este caso, debería ser, pues, Sahara Occidental”.
El Frente Polisario, como representantes del pueblo saharaui, batalla en los tribunales para negociar los recursos naturales del Sahara Occidental y que sea la población saharaui quien se beneficie, tanto de los propios recursos, como de los beneficios que de éstos se obtienen.
*Fuente: MundoNegro
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