La Lista del Pueblo o el juego de suma cero
por Simón Rubiños
5 años atrás 7 min lectura
La Lista del Pueblo pareciera estar jugando un juego de suma cero: despotrica sin miramientos –estuvieron en contra del pacto que les dio espacio electoral– midiendo con una vara hacia afuera sin haber revisado qué sucede puertas adentro. Llegaron cual Melquíades a Macondo vendiendo imanes, catalejos y hielo como si fuesen lo más avanzado del mundo, presentándose como los verdaderos representantes del pueblo. Pero tal como decayó el interés por las bagatelas romaníes en el pueblo de García Márquez, el encanto por la Lista ha descendido, tanto por su discurso de beligerante policía de la pureza política, como también por prácticas y sucesos que la han puesto en contraposición de sus propios estándares.
Octubre de 2019 será recordado como el mes que cambió Chile, tras el cual se intensificó el cuestionamiento a todo lo que nos define como país, configurándose el escenario para cambiar la Constitución regente, la forma de hacer política y la sociedad en sí. Cual momento de catarsis, desde entonces lo instituido entró en disputa, y no fueron pocos los movimientos que nacieron, aquellos que salieron fortalecidos, o los que quedaron a la deriva. Luego, el cuestionado pero aceptado –y luego legitimado en el plebiscito– Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución fijó como marco de participación las mismas reglas utilizadas para las elecciones parlamentarias: 155 escaños escogidos bajo el sistema D’Hondt, que restringe la electividad de candidaturas independientes unipersonales en favor de la participación por listas, distorsionando los resultados para fomentar la representación de más fuerzas políticas siempre que vayan en pactos electorales.
Diversas voces criticaron tales reglas puesto que monopolizaba en los partidos la resolución al conflicto, siendo que fueron ellos quienes en su mayoría alimentaron el descontento. Producto de la presión, en marzo de 2020 el Congreso permitió la conformación de listas distritales independientes para competir por escaños en la Convención, conformadas por 2 o más candidaturas hasta una persona más sobre el total de escaños a escoger en cada distrito, quienes además debían obtener el patrocinio de un 0,4% de votantes de la anterior elección de la Cámara Baja.
En total fueron 92 listas inscritas, de las cuales 3 aglutinaron a los partidos tradicionales, varias independientes o con nombres regionales, y 20 incluyeron en sí la denominación “Lista del Pueblo” como estrategia coordinada para disputar el poder y la representación en la Convención desde la independencia a los partidos políticos. Pero el origen de esta Lista se remonta al estallido, cuando Rafael Montecinos, Mauricio Menéndez, Rodrigo Rojas Vade y Evelyn Godoy se conocieron y formaron un colectivo en torno a las manifestaciones de 2019 desde el cual sumaron personas y organizaciones. Con la pandemia fundaron el “Klan Kiltro”, como espacio de coordinación hasta que luego de la victoria del Apruebo inscribieron la Lista del Pueblo en diversas redes sociales para promover candidaturas independientes, lanzándose como pacto electoral en noviembre de 2020.
Desde el discurso del pueblo golpeado y marginado, sediento de dignidad y por disputar el poder, lograron 871.009 votos válidamente emitidos (el 15,3% del total), y sus constituyentes ingresaron con 376.103 votos (6,6% del total de las personas electas), logrando 23 representantes en 16 de los 20 distritos en que compitieron. Se suman 3 escaños de 3 listas con otro nombre que también formaron parte de la agrupación, más Gloria Alvarado que fue apoyada individualmente dentro de otra lista, totalizando 27 constituyentes.
Los principios políticos de la Lista del Pueblo son esencialmente de izquierda: un Estado ambiental, igualitario, plurinacional, participativo y democrático; bogar por la dignidad de las personas, la descentralización, el fin al sistema de AFP, rechazo al TPP-11 y el fin a la explotación ambiental, entre otras. Si bien estos por sí bastan como para formar una agrupación coherente, digamos un partido, la génesis y la praxis de la Lista no eran tal sino servir de plataforma electoral para participar en el proceso constituyente. Y probablemente el tema pudo haber quedado ahí.
Sin embargo, la alta votación y relativa proximidad programática e ideológica entre constituyentes auguró sostenibilidad en el tiempo. Además, el uso del discurso de los despojados y la apropiación del pueblo como significante de campaña, además de su metodología de vinculación abierta mediante formularios de Google, les permitió abarcar una masa social amplia e indefinida viéndose legitimados como pacto político de cara a los demás procesos electorales de 2021.
Es producto de lo anterior que pactos políticos como la Lista del Pueblo se pueden considerar como metapartidos o partidos catch all, pero de izquierda, ya que, si bien tienen principios definidos, las posturas ideológicas dentro suyo son diversas dado que no hay mayores discusiones al respecto debido a que en vez de militantes parte de sus miembros son grupos de interés. Además, más que una convergencia estricta se observa una intención de copar espacios y superar barreras electorales para aprovechar la apertura de una ventana de oportunidad (como octubre de 2019) con el fin de disputar el poder con los partidos políticos tradicionales.
Sin embargo, de un tiempo a esta parte la Lista del Pueblo pareciera estar jugando un juego de suma cero:
despotrica sin miramientos –estuvieron en contra del pacto que les dio espacio electoral– midiendo con una vara hacia afuera sin haber revisado qué sucede puertas adentro. Llegaron cual Melquíades a Macondo vendiendo imanes, catalejos y hielo como si fuesen lo más avanzado del mundo, presentándose como los verdaderos representantes del pueblo. Pero tal como decayó el interés por las bagatelas romaníes en el pueblo de García Márquez, el encanto por la Lista ha descendido, tanto por su discurso de beligerante policía de la pureza política, como también por prácticas y sucesos que la han puesto en contraposición de sus propios estándares.
Ojo: lo acá escrito no es una crítica en contra de las organizaciones que pertenecen a LDP, ni de sus constituyentes o un llamado a la moderación de sus posturas, no. Es un llamado de atención a sus organizadores, debido a que parecieran estar forzando la perdurabilidad de la aglomeración formada con fines electorales –objetivo que cumplieron–, pero cuya sumatoria de errores ha llevado a perder la credibilidad y a que 10 de sus 27 constituyentes hayan renunciado a la Lista.
Un argumento repetido para ello fue que la intención de ir a las parlamentarias y a la presidencial se escapa a lo acordado en un comienzo. Y lo que ha pasado desde entonces es precisamente claro reflejo de falta de articulación interna, puesto que si bien logaron una base votante importante, es muy diferente formar un pacto catch all para disputar distritalmente cargos de representación, que aglutinar diversas organizaciones tras un proyecto presidencial.
Por si fuera poco, lo anterior trajo consigo la polémica quitada de piso a Cristián Cuevas y el escándalo de las firmas de la candidatura de Daniel Ancalao. Las ansias inescrupulosas de poder que llevaron a validar firmas ante un notario fallecido en febrero de 2021, traen consigo un coletazo difícil de resarcir. El Servel revisará los patrocinios de las candidaturas constituyentes de la Lista del Pueblo y permiten a la derecha aumentar la resonancia y la incertidumbre en torno a la Convención. Sin embargo, no hay que caer en este juego, ya que por más que algunos se hayan presentado como nuevo paradigma y terminaran haciendo lo que tanto criticaron para sumarse a la deriva de algunos movimientos luego del estallido, no tiene nada que ver con la construcción de una nueva Constitución.
Hay que tener cuidado, ya que el monopolio mediático sabe deslegitimar procesos de corte popular, progresistas y/o alternativos, siendo el caso de Pedro Castillo en Perú y la Convención en Chile dos de los últimos ejemplos de esto. No obstante, la Convención avanza y el inicio de la discusión del articulado se acerca, mientras sigue estando abierta la ventana para cambiar la Constitución.
El autor, Simón Rubiños. es Coordinador del Grupo de Investigación en Desarrollo Territorial, Paz y Posconflicto (GIDETEPP-UNAL) e investigador del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).
*Fuente: ElDesconcierto
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