30 de marzo, 2018
La posición de Chile en el conflicto de mediterraneidad de Bolivia es firme como una roca. Una postura cementada en una sólida base de argumentos legales de los siglos XIX y XX que resiste los embates de los fluidos argumentos esgrimidos por Bolivia. Pero todos sabemos muy bien que los fluidos como el agua pasan alrededor de las rocas y que ese paso las va erosionando. Es solo cosa de tiempo.
Las autoridades bolivianas no cejarán. Aun cuando solo ganen visibilidad interna por sus gestiones, ¿qué pueden perder? Si los argumentos no resultan en la corte internacional de La Haya, probarán en otros lados con los mismos o nuevos argumentos. No pierden nada. Además, si estuviéramos en su lugar, ¿nos rendiríamos? No nos engañemos: Bolivia nunca dejará de reclamar una salida soberana al mar a través de Chile.
La posición de Chile será erosionada por los cambios que produce el tiempo sobre los criterios y las opiniones de las cortes. Los férreos argumentos de hoy serán insostenibles en el largo plazo. No es cosa de ser derrotistas, pero tendremos que seguir haciendo frente a este tema durante los próximos diez o cien años. Finalmente nos veremos enfrentados a una nueva realidad: la fuerza de nuestros argumentos se habrá agotado. Y basta con que una corte acoja los argumentos bolivianos.
Pero, hay otras maneras.
Propongo que nuestro país realice un movimiento de Aikido diplomático. No sigamos oponiendo una férrea resistencia: en cambio, flexibilicémonos y aprovechemos la energía de nuestro contrincante en una defensa que beneficie a los dos países.
Reducido a su mínima expresión, el problema no es el puerto que exige Bolivia, sino el acceso soberano a dicho puerto, el cual rompería la continuidad territorial de Chile. Es indiscutible que no se puede aceptar que una proyección de Bolivia corte a Chile en dos. Pero, ¿y si aprovechamos esto para un proyecto que potencie el crecimiento de ambos países? Pensemos en hacer algo un poco más creativo que seguir pagando abogados en La Haya. Un proyecto de túnel a nivel mundial: 200 kilómetros de conductos.
Hay cincuenta razones por las cuales esto podría fallar. Y si, también escucho el argumento que dice “el gobierno no tiene dinero para financiar esto”. Estoy completamente de acuerdo. Por eso, que lo pague Bolivia.
La presión internacional sobre Chile cambia completamente si se presenta ante la comunidad internacional con un plan razonable: “daremos un puerto soberano a Bolivia si financian el desarrollo del sistema de acceso soberano”. En otras palabras, “¿Quieren acceso soberano al mar? Estas son las condiciones.”
Tengamos la valentía de hacer un cambio de paradigma diplomático gigante y lanzarnos a una empresa-aventura de gran nivel, que en el futuro sea visto como el momento en que terminó la pugna Chile-Bolivia y comenzó una verdadera hermandad. Aprovechemos la fuerza de nuestros contrincantes para dar un gran salto al futuro con ellos. ¿Qué podemos perder? ¿Qué podemos ganar?
Obviamente estoy simplificando, pero, acompáñenme en soñar. ¿Qué ventajas tendría que Chile cediera un puerto a cambio de que Bolivia financiara la construcción? Parece un proyecto demasiado ambicioso, demasiado caro, pero… ¿lo es? El dinero se invertiría localmente, contratando mano de obra de la zona, la cual re-invertiría ese dinero en la economía local, estimulando el crecimiento.
¿Qué se podría perder? Un poco de terreno. Un pedazo de terreno que para ser francos no echaremos de menos (¿lo ha visto usted?, ¿sabe dónde queda?, ¿se lo puede imaginar?). Un pedazo de terreno que no le va a costar nada a ningún chileno, a diferencia de los sueldos, pasajes y viáticos de todos los abogados, diplomáticos y políticos que participan en todos y cada uno de los alegatos en los juicios.
¿Qué ganamos? Si funciona: un gran proyecto bi-nacional. La normalización de relaciones con un país vecino. La conexión de la zona norte de Chile con Bolivia, Brasil, Paraguay y Argentina.
Pero sigamos soñando…
En Estados Unidos y Europa están lanzados a la construcción de sistemas de transporte denominados “Hiperloop”. Algo de lo que estamos tan lejos que ni siquiera tenemos una definición en castellano. ¿Qué es? Un enorme tubo del cual se saca el aire (generando vacío). Adentro de este tubo, flotando sobre rieles electro-magnéticos, se desplazan velozmente cápsulas de transporte. Cápsulas que sin requerir mucha energía logran velocidades de 1200 km/h. Es un desafío tecnológico fenomenal que revolucionará el transporte de pasajeros y de carga, y las primeras empresas que logren implementarlo de manera efectiva tendrán acceso a instalar sistemas en todo el mundo. ¿Exceso de fantasía? Existen proyectos en desarrollo para versiones “Loop” cuya velocidad alcanzaría a 240 km/h (www.boringcompany.com).
¿Su precio? Enorme. Pero, en lugar de importar la tecnología desde otros países, podríamos hacer un esfuerzo por desarrollar tecnología a nivel local, aprovechando y potenciando las capacidades científicas de dos países. Esto permitiría que Chile y Bolivia contaran con algunas de las primeras empresas capaces de instalar estos sistemas en otros lugares. ¿Podría ser necesario asociarse con empresas transnacionales que estén trabajando en esto? Podría ser una invitación binacional al Sr. Elon Musk, quien tiene grandes intereses en Hiperloop, construcción de túneles y baterías de litio. Sería una negociación compleja, que incluiría la instalación de elementos de investigación y manufactura centrales. Y, si quiere seguir pensando en grande, sume a esto el desarrollo de sistemas de energías solares para alimentar el sistema.
Tengamos la valentía de hacer un cambio de paradigma diplomático gigante y lanzarnos a una empresa-aventura de gran nivel, que en el futuro sea visto como el momento en que terminó la pugna Chile-Bolivia y comenzó una verdadera hermandad. Aprovechemos la fuerza de nuestros contrincantes para dar un gran salto al futuro con ellos. ¿Qué podemos perder? ¿Qué podemos ganar?
PD:
¿Ha escuchado hablar del grafeno? Los avances tecnológicos con este material van a dejar obsoleto el uso del cobre y su precio caerá. ¿Ha visto lo que queda de las salitreras? Corremos el riesgo que a futuro nos pase lo mismo con las minas de cobre: solo nos quedarán los relaves. Tenemos que cambiar el paradigma de desarrollo de nuestro país antes de que repitamos los errores del pasado.
*Fuente: El Mostrador
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