La historia de un combatiente chileno en la Revolución de Nicaragua
por Andrés Figueroa Cornejo (Chile)
16 años atrás 5 min lectura
un hombre espera esta noche llegar a la frontera
el nombre de ese hombre no se sabe
hay muchos hombres más enterrados en una zanja
El número y el nombre de esos hombres no se sabe.
Ni se sabe el lugar ni el número de zanjas.
La guardia nacional anda buscando a un hombre
Un hombre espera esta noche salir de Nicaragua
Ernesto Cardenal
Hace 31 años, un 19 de julio, en un pequeño país de la Península de
Yucatán, fue derrotada la tiranía de casi medio siglo de la “Dinastía
Somoza” en Nicaragua. Alrededor de cuatrocientos chilenos
internacionalistas, antes, durante y luego, en la defensa de la
revolución, combatieron junto a un pueblo de luz conducido por el Frente
Sandinista de Liberación Nacional contra una dictadura apoyada en todos
los ámbitos por el Pentágono norteamericano.
José Miguel Carrera Carmona, fue uno de esos chilenos. El sábado 23 de
julio publicó su libro testimonial Misión Internacionalista: De una
población chilena a la Revolución Sandinista.
¿Cómo fuiste a parar a la revolución nicaragüense?
“Yo salí becado a estudiar medicina a Cuba durante el gobierno de la
Unidad Popular dos semanas antes del golpe de Estado. En Chile yo era
presidente de un liceo de San Miguel y mi madre, sin avisarme, me
postuló a la beca, la obtuve y partí a la Mayor de la Antillas con
permiso notarial de mi papá porque entonces tenía 17 años.”
¿Cuál era el fin?
“Que retornáramos al país a servir como doctores en el servicio público.”
¿Cómo te enteraste del golpe en Cuba?
“En Matanza (costa norte de Cuba) yo supe del golpe a través de radio
Reloj. Y La incomunicación con mi familia duró 15 años. La primera
reacción que tuvimos fue volver rápidamente a Chile a ver qué podíamos
hacer. Pedimos instrucción militar. Ya la prioridad para nosotros no era
ser médicos. Sin embargo, los cubanos nos dejaron estudiando dos años
más.”
DE ESTUDIANTE A MILITAR REVOLUCIONARIO
Pero no terminaste medicina…
“En abril del 75, el día en que se conmemora la batalla de Playa Girón
–donde los cubanos derrotaron un intento de invasión desde Estados
Unidos-, fuimos convocados para ser finalmente militares. Así pasamos a
convertirnos, de un día para otro, en soldados rasos del Ejército de
Cuba. Y no fue cosa de un partido no más. En el grupo de chilenos había
socialistas, comunistas, miristas, independientes, etc.”
¿Qué aprendiste?
“En mi caso se me instruyó como oficial de tropas generales. Después
llegaron muchachos más jóvenes que fueron integrándose como cadetes. El
76 nos graduamos de subtenientes. Nuestro sueño era partir a Chile. El
79 ya éramos un grupo serio. Se encontraba, por ejemplo, Galvarino
Apablaza, el Comandante Salvador que ahora está en Argentina y quien fue
nuestro jefe histórico.”
“APRENDÍ QUE EL VALOR DE LA PALABRA SE EMPEÑA COMO PRINCIPIO Y ESTRATEGIA.”
¿Cuándo emprendieron camino a Nicaragua?
“En mayo del 79 nos reunieron a unos cincuenta chilenos. Estaban Raúl
Pellegrin, Days Huerta, Edgardo Javier Lagos, Miguel Rojas, entre
muchos otros. Y nos movilizaron al famoso “Punto Cero”, que era una
escuela de formación guerrillera. Allí nos visitó Fidel Castro y nos
dijo que era inminente el triunfo del Frente Sandinista de Liberación
Nacional en Nicaragua y que precisaba ayuda. Al poco tiempo partimos a
Panamá con un maletín pequeño y completo. Parecíamos una delegación
deportiva. Nos alojaron en una casa de seguridad de nicaragüenses que
dirigía un sacerdote español de nombre San Ginés. El grupo ya era más
graneado, había mujeres y latinoamericanos de todas partes. Y en un
avión destartalado aterrizamos en lo que después supimos que era Costa
Rica.”
¿Por qué Costa Rica?
“Peñas Blancas une Costa Rica y Nicaragua, es un sitio estratégico. Por
otra parte, nunca habíamos estado en una guerra. Y una guerra es un
enredo de gente, fuego de artillería, balas. No es lo mismo hablar de la
guerra que platicar con ella. El objetivo era sostener ese territorio,
denominado Frente Sur, para obligar a la Guardia Nacional (Fuerzas
Armadas) de Anastasio Somoza a concentrar fuerzas para enfrentarnos y
liberar a los guerrilleros que peleaban en otros lugares.”
¿Qué otro rol jugaste tú y tus compañeros en el Frente Sur?
“El Frente Sur tuvo también la misión de estancar a la principal fuerza
militar dictatorial, la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería,
que la dirigía el hijo de Somoza, “Cachito”. Eran todos oficiales bien
formados en Estados Unidos. Y, sin duda, allí las mujeres que estaban
con nosotros cumplieron un papel fundamental.”
¿Cómo supiste del triunfo de la revolución?
“Por radio nos enteramos el 17 de julio que Somoza había renunciado al
poder. El 18 bajó el nivel de disparos. Por primera vez escuchamos
pájaros en vez de aviones. Y el 19 de julio todo el mundo comenzó a
disparar al aire. Era la victoria.”
EL ENEMIGO NO HACE DISTINCIÓN DE PARTIDO, SINO DE CLASE SOCIAL
¿Para qué el libro?
“Yo quiero rescatar los valores de ese grupo humano, en condiciones muy
diferentes a las actuales. Quise destacar los principios para que un día
Chile sea verdaderamente libre. Muchos jóvenes nos dicen que nosotros
tuvimos la oportunidad de conocer y vivir con una generación anterior
muy rica y paradigmática. Y ocurre que a veces los dirigentes políticos
dividen al pueblo mediante el sectarismo partidista. Y el enemigo no
hace distinción de partido, sino de clase social.”
¿Cuán distintos son los pueblos?
“Nuestro pueblo no se diferencia en nada cuando lucha con el de
Nicaragua, El Salvador, el de Cuba u otro. La diferencia está en los
dirigentes. Aquí mienten y negocian a espaldas de la gente.”
¿Por qué escribir el testimonio 31 años después de ocurridos los hechos?
“Nuestra generación fue muy modesta. Nadie pensó en ser escritor. Yo, de
hecho, no le consulté a nadie y me hago responsable. Y lo más
importante de la Revolución Nicaragüense, para mí, fue lograr la
formación del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y luchar frente a la
injusticia. Ese relato está pendiente.”
¿Cómo observas al Chile actual?
“En Chile sólo los poderosos viven bien y el resto sobrevivimos. Ya no
podemos darles más oportunidades. Ahora la mayoría debemos ser el
gobierno. Uno de los problemas es que muchos dirigentes perdieron la fe
en el pueblo y la voluntad de ganar. Todo lo contrario que Allende.
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