(APe).- Laudencio Benavídes Cabara es presidente de la Capitanía Guaraní de la Ciudadela Andrés Ibáñez / Plan 3000, un suburbio de Santa Cruz de la Sierra en el que trabajan-viven-sueñan 250 mil almas.
Una mañana de este mes de julio me tocó participar junto a Laudencio de una mesa convocada por organizaciones sociales del Plan 3000, en el marco de la Cumbre Social Urbana celebrada en Bolivia.
Los temas para la mesa eran el racismo y el papel de los medios en la criminalización de la protesta social.
Invitado a abrir el debate, no recuerdo muy bien qué dije allí. Habrá sido más de lo mismo, de eso que uno sabe y repite: análisis del discurso, ironías varias, alguna metáfora, mucha retórica.
Cuando le tocó, Laudencio se puso de pie y nos contó a todos una sencilla historia, una historia sin lugar y sin tiempo, una historia que no necesitaba más ilustración que sus propias manos oscuras, encallecidas por el trabajo.
"Nosotros no tenemos historia escrita de nuestras luchas –dijo– ni de nuestros antepasados. Pero hay una historia del pueblo guaraní. Por testigo de esa historia está la selva. La selva habla por nosotros". En esa frase estaba entero Laudencio. Allí estaban él y su pueblo.
Cuanto terminó, le apreté las manos y le pedí, por pura curiosidad (o por ganas de grabarlo en mi memoria para siempre) que repitiera en guaraní la frase “la selva habla por nosotros”.
Laudencio se sonrojó, escribió la frase con letra de imprenta en un papel y puso el papel en mi mano.
Luego, a lo largo de la mesa y del debate, me fue pasando otros papelitos, escritos siempre en prolija letra de imprenta, con palabras en lengua guaraní y con sus significados cercanos en español.
“Puama” (buenos días)”; “karuma (buenas tardes)”; “pituma (buenas noches)”; “kereipa re-i (¿cómo estás?)”; “i-kaviño (estoy bien)”; “mbaepa ndere (¿cómo te llamas?)”; “Che Cheré (el nombre)”.
Por último, un papelito decía “mbaepa rek-a (¿qué buscas?)”, pero no había allí una fórmula de respuesta. Por hacerle una broma, le devolví el papelito y le pregunté “¿tú qué buscas?”
Entonces Laudencio escribió, con su misma letra, prolija, una respuesta: “Che aeka tekokaui opaetepegua”. Y su traducción: “yo busco justicia para todo”.
Dejé de sonreír. Mis ojos lagrimearon. Guardé ese papelito en mi alma.
Bajo el tinglado de chapa del Salón Universo, sobre la avenida El Mechero de la Ciudadela Ibáñez, un compañero repetía por el micrófono las consignas de la Cumbre; dos cholitas apuraban sus vasitos de chicha; un racimo de niños correteaba en los bordes; el sol del mediodía comenzaba a arrancar sudores y suspiros.
“Che aeka tekokaui opaetepegua”
“Che aeka tekokaui opaetepegua”
“Yo busco justicia para todo”
31/07/08
* Fuente: Agencia de Noticias Pelota de Trapo
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