Son los nicaraguenses los que deben resolver sus problemas

Hace 40 años el pueblo Nicaragüense derrotó a una de las tantas dictaduras sanguinarias que en esos años abundaban en Centro América y en el Cono Sur, instalándose en el poder para iniciar un proceso revolucionario en acuerdo a su cultura, capacidades y condiciones. Es difícil olvidar ese momento de alegría y esperanza, no sólo para Nicaragua, sino que, para  quienes en esos años estaban siendo duramente golpeados por otras dictaduras, tan brutales o más, como la de Somoza, entre los cuales estábamos los chilenos.

Hoy décadas después, Nicaragua está de nuevo en el foco de la atención mundial, vive una crisis política que es innegable, la que genera, en círculos políticos y de la izquierda latinoamericana, opiniones de todo tipo. Las que en su mayoría, apuntan a una critica, con buena o mala intención, al rol de la dirección del FSLN y en particular de Daniel Ortega, dejando fuera importantes factores ligados al momento y el entorno político actual.

Apreciaciones que no ayudan a los nicaragüenses a resolver sus problemas, sino que, se suman a la realidad creada por las grandes cadenas internacionales de comunicación, tendientes a fundamentar acciones demenciales, económicas y militares. Las que en el pasado, en nombre de la democracia y la acción humanitaria, terminaron por violentar la soberanía de los pueblos y en mayores daños para los pueblos victimas de este tipo de agresiones.

La memoria política que al parecer es de corto plazo, ha olvidado que no es la primera vez, que bajo el argumento o “la estrategia de derrotar a un dictador, de evitar violaciones a los derechos humanos”, de manera silenciosa, se organizan y apertrechan militarmente a grupos armados de mercenarios. Como los que se emplearon en Libia, en octubre de 2011, para derrocar y asesinar brutalmente a Muammar Gaddafi, alimentando un largo proceso de protestas contra el gobierno libio, lo que al final desembocó en una guerra civil, justificada mediáticamente como una acción justa para terminar con “los atropellos de un régimen totalitario y represivo”.

La pregunta es que quedó después de esa “gesta liberadora”, como antes sucedió en Irak, la evidencia demuestra que allí no llegó la democracia ni la libertad para esos pueblos, por el contrario, Libia dejó de existir como una nación unida y soberana, sumiéndose en el caos, con distintos partidos políticos, tribus y milicias, que combaten por el poder y potencias extranjeras que aseguran el control de sus riquezas.

En este caso, la información tergiversada solo hablaba de fines humanitarios y democráticos, supuestamente conculcados por Gaddafi, pero nunca hablaron de un país en el cual la electricidad era gratis para todos, que la vivienda era considerada un derecho de la humanidad. En el cual la educación era gratuita y de alta calidad o que Libia no tenía deuda externa, y que las reservas de su Banco Central, estimadas en unos 150 mil millones de dólares estadounidenses, fueron repartidas como botín de guerra entre las potencias que ocuparon el país.

A Gaddafi se le acusaba de alimentar a grupos terroristas, pero sus propios acusadores, como el ex presidente de Francia Sarkozy, están hoy siendo acusados de recibir financiamiento, del ex líder Libio, para financiar sus campañas políticas. Tampoco se dijo que países de la OTAN organizaron y financiaron junto a Estados Unidos, a grupos mercenarios y terroristas que final terminaron con el gobierno libio.

Todos estos argumentos son parte de la realidad y por tanto, necesarios de tomar en cuenta para opinar sobre la situacion de Nicaragua, sobre todo en un momento en el cual, la lucha por las ideas, es quizás el principal objetivo para quienes no aceptamos la violencia imperial, que respetamos la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. Esto significa considerar, que la agresión a Libia, Irak, Siria, que el asedio a Nicaragua, no son por la acción opresora de esos gobiernos, sino que, son parte tambien y quizás es el argumento principal, de los objetivos de quienes antes y hoy consideraron a la América Latina, África y Asia, como sus patios traseros, fuentes de riqueza por apropiar y utilizar como fértiles campos de acción para sus negocios.

No se puede olvidar que las mismas fuerzas económicas y políticas que han logrado la mas escandalosa concentración de la riqueza, en las ultima décadas, están actuando aquí, en Chile, en Nicaragua, en Bolivia y en todas partes. Son los dueños del mundo, el 1% de la población que concentra cerca del 50% de la riqueza, cuya cifra superará el 55% para 2020, las fuerzas que día a día escudriñan territorios y países para aumentar su poderío, empleando desde la fuerza económica, política hasta la invasión militar para lograr sus propósitos.

Dicho esto, lo que nos ha demostrado la experiencia, es que los procesos revolucionarios se defienden o se condenan a través de sus logros, por la capacidad de defender sus conquistas y tambien, a través de la consecuencia demostrada, por sus lideres, para mantener en alto e inalterables los nobles principios que les llevaron a esa situacion de poder. Lo que se traduce en la capacidad de llevar y mantener en el tiempo, la mayor cuota de felicidad para el pueblo, para su bienestar, para su desarrollo material, técnico y espiritual, logros que en el caso de la revolución nicaragüense fueron realidad, a pesar de todos los contratiempos, bloqueos y de una guerra criminal impuesta.

Cambios y transformaciones importantes, que hoy la mayoría del pueblo Nicaragüense disfruta y que están dispuestos a defender, porque son parte de un proceso revolucionario que costo muchas vidas, truncadas por la violencia de una dictadura financiada, como lo son hoy grupos terroristas, por intereses foráneos. Esto no significa atenuar la crisis política que corroe la tranquilidad del pueblo de Nicaragua, la iglesia, la derecha y sectores separados del sandinismo están en pugna con el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Estos crearon una fuerza opositora, dentro de la cual hay un sector que esta siendo alimentado por Estados Unidos, por la OEA y por organismos de inteligencia que siempre están al acecho, como sucedió en los casos antes mencionados de Libia, Irak, para incendiar los países y salirse con la suya.

Qué rol ha jugado en esto la dirigencia nicaragüense, cuánto de verídicas tienen las denuncias que pesan sobre Daniel Ortega, o sobre Rosario Murillo, son situaciones a resolver por los nicaragüenses, por el FSLN, moleste o no, hay que respetar la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. Son los Nicaragüenses quienes deben resolver sus contradicciones, como nosotros, debemos resolver nuestros problemas, dejando de poner los ojos en los problemas ajenos mientras en casa los tenemos quizás mas grandes y son mas dañinos

La descomposición de la actividad política, cruza hoy todo el espectro político chileno, desde la derecha hasta la izquierda, situacion que nos obliga a quienes opinemos sobre Nicaragua, a ser tan exigentes como le exigimos a los nicaragüenses, para resolver nuestros propios problemas, reflejados no solo en la corrupción sino que, en la profunda división de nuestra izquierda. El abuso se poder, la megalomanía política y la corrupción no tienen otros nombres, son una  plaga que corroe Nuestra América y que está presente en el ejercicio de la política y de la economía, en el estado y en la empresa privada, es un signo de los tiempos, con el cual no debemos convivir sino que combatir y erradicar.

Pero tambien es cuestión de humildad y de respeto, nuestra historia reciente y nuestra situacion actual no permite dar lecciones a nadie, el modelo político de los últimos treinta años, aplicado en Chile, no es un ejemplo para la izquierda latinoamericana. La fórmula adoptada por los partidos de centro izquierda, haciendo desaparecer a la izquierda del escenario político, representa una falsa solución, es una movilización que en su expresión máxima alcanza una acción siempre defensiva del pueblo, en torno a mínimas reivindicaciones, y una fijación parlamentarista en alianza con los partidos de la derecha, incluyendo la herencia pinochetista, lo cual nos ha llevado repetidamente al fracaso.

La herencia de la revolución nicaragüense no puede ser lanzada por la borda, por lo que la derecha heredera de Somoza no puede volver al poder, el pueblo de Sandino es valiente, con historia, que en distintas épocas se ha enfrentado a sus enemigos. Es la historia de César Augusto Sandino que con su “pequeño ejército loco” -como lo llamara Gabriela Mistral- mantuvo en jaque durante varios años a las tropas norteamericanas invasoras y que finalmente salieron del país.

Es la historia del Frente Sandinista de Liberación Nacional, fundado en 1962 por Carlos Fonseca, Tomás Borge y Silvio Mayorga, entre otros, que luego en junio de 1979 lanzó la ofensiva final que un mes después, el 19 de julio de ese año, derroto a la dictadura somocista. Los y las nicaragüenses son un pueblo noble, que ha luchado siempre en contra de la adversidad y en contra de enemigos gigantes a los que ha derrotado, con humildad, inteligencia y coraje, siguiendo las enseñanzas de sus grandes pensadores y lideres.

Quienes vivimos y luchamos junto a ellos, que fuimos parte de su historia, que compartimos sus triunfos y sus dificultades, confiamos en que las enseñanzas de Carlos Fonseca continúan siendo una guía para encontrar las soluciones que les permitan salir, como lo hicieron antes, de este trance duro. Su lucha, su sentido libertario y de justicia, es lo que debe orientar el camino a seguir, un camino que esta escrito en los estatutos del partido sandinista.

El Frente Sandinista de Liberación Nacional (F.S.L.N.) “es un Partido Revolucionario, socialista, solidario, democrático y antiimperialista de composición plural, que defiende los intereses populares y recoge las tradiciones de lucha histórica del pueblo nicaragüense por la soberanía nacional, la paz y la independencia patria: el objetivo del F.S.L.N. es alcanzar la felicidad de todos los nicaragüenses, edificando una sociedad con democracia política y económica, justicia social y un verdadero estado de derecho”

Son los sandinistas los que deben decidir continuar con esta herencia, transformando estas definiciones en realidades, sin demagogia, haciendo del himno de la unidad sandinista y de su principal consigna, una nueva decisión de vida, para mantener los logros alcanzados con muchos sacrificios y con miles de vidas entregadas por esta noble causa.

Quienes respetamos y queremos al pueblo de Sandino, a sus hombres y mujeres, sólo nos resta acompañar una decisión que compartimos en los campos de batalla y de la reconstrucción nacional, Que la revolución lograda, es para siempre….

 

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