El Manifiesto de Mérida y la Ideología de la arrechera
por Resistencia Antiimperialista (Venezuela)
12 años atrás 6 min lectura
Dirigentes estudiantiles opositores de varios Estados han dado a conocer el “Manifiesto de Mérida” en donde proclaman una lucha sin cuartel hasta la caída del Presidente Nicolás Maduro. El “Manifiesto” en sus contenidos y propuestas es un buen resumen de los sentidos comunes y elementos “fuerza” del discurso opositor. “El régimen castro-comunista con grupos paramilitares y la Guardia Nacional, han asesinado, torturado y apresado compañeros en todo el territorio nacional”, “No hay diálogo posible con un régimen clientelista y totalitario, que busca hacernos dependientes”, “Vamos a conquistar nuestra Libertad. Libertad individual. Libertad económica para poder vivir producto de nuestro propio esfuerzo… Libertad para elegir sin que signifique una farsa”, “devolverle la Libertad y la Soberanía a Venezuela”, son frases que reflejan un pensamiento opositor compuesto por un cuerpo difuso de ideas destinadas a desatar la ira y las pasiones, en lo que podríamos denominar la “ideología de la arrechera”.
El “Golpe Suave” que está sufriendo Venezuela tiene, como sabemos, el objetivo inmediato de derrocar al gobierno de Nicolás Maduro, como parte de una estrategia contrarrevolucionaria. ¿Y qué es una contrarrevolución? Es una revolución en un sentido capitalista, que busca la destrucción de la matriz política, económica, ideológica, cultural, valórica, simbólica, humana de una Revolución y su sustitución por una matriz de corte capitalista. En esta contrarrevolución el aspecto ideológico juega un rol importante. Recordando a Gramsci, la ideología es entendida como una Visión de Mundo, que en su nivel más alto toma la forma de una filosofía y a nivel popular se expresa como sentido común, generando una identidad y una cultura que le son propias. Las contrarrevoluciones, que buscan restituir al capitalismo como sistema de dominación, por su contenido, tiene postulados que no gozan de muy buena aceptación popular, por lo que la ideología contrarrevolucionaria suele imponerse en el pueblo por medios extremadamente violentos una vez derrocado el gobierno revolucionario, como en el caso chileno. En Chile de lo que se trató fue de imponer la ideología contrarrevolucionaria en los sectores altos y medios y en algunos sectores populares, para generar una “base social” de apoyo, y en la conducción de las Fuerzas Armadas para la ejecución del Golpe Militar. Situación similar se vivió en Venezuela el 2002. Hoy nos encontramos con una táctica distinta.
Lo que estamos viendo en el “golpe suave” que se está aplicando en Venezuela es la aplicación de una “ideología de la arrechera”, que, más que ideología, habría que denominarla como un sentido común de la arrechera. Esta ideología se ha centrado en los sectores altos y medios y en un sector significativo de los estudiantes universitarios. El cuerpo de ideas que sostiene esta “ideología” es bastante vago y se sustenta mas bien en consignas sin mayor profundidad pero capaces de resumir sentimientos negativos, capaces de desatar la irracionalidad y la violencia que hemos visto en estos días. Esto ha sido tónica en las “revoluciones de colores”, en donde el “gobierno represivo”, “la dictadura”, “la falta de libertades”, etc., suelen ser slogans repetidos y casi calcados, como lo vemos hoy en Venezuela.
Si algo comparte esta ideología de la arrechera con el fascismo es que su objetivo es desatar las pasiones, es puro sentimiento, pura subjetividad lanzada a la calle, mientras menos se piense y más prime la irracionalidad más fuerza adquiere. El enemigo es el gobierno, encarnado en la figura de Nicolás Maduro, pero se denuncia que en las sombras estaría la “dictadura cubana”, que operaría con sus brazos armados como lo sería la Guardia Nacional Bolivariana y los colectivos (personificados como Tupamaros). Este enemigo tan brutal y autoritario no sería legitimo, ya que una de las fases del “golpe suave”, con especial protagonismo de los medios de comunicación, se encargó de generar lasmatrices de opinión de que Nicolás Maduro es colombiano, de que el TSJ está vendido al igual que el CNE y que Capriles si fue electo presidente pero perdió por el fraude del castro-comunismo chavista. Si a esto le sumamos el odio de la oligarquía por la perdida de sus privilegios (o simplemente por no ser ellos los que ahora mandan), el aspiracionismo de sectores de la clase alta y media-alta a vivir como en Miami, el buen trabajo de la derecha al interior de las universidades, que ha convertido casi en una “moda” el protestar contra el gobierno, tenemos la combinación perfecta para que los sectores altos, parte de los sectores medios y un sector de los estudiantessalgan a la calle a protestar. A desatar la ira y las pasiones destructivas, su arrechera. Es por esto que poco importa la desinformación o las mentiras de los medios de comunicación en cuanto a su veracidad: todo elemento que contribuya a reforzar el odio interno y a hacer más culpables a los señalados como culpables tendrá un efecto psicológico de avalancha. Para la “ideóloga de la arrechera”, donde, repetimos, la irracionalidad es característica, los héroes son aquellos capaces de desatar las pasiones, por eso un Leopoldo López, una María Corina o un Ángel Vivas adquieren más notoriedad que aquellos que no son tan radicales al menos en el discurso.
Esta es la base social de la oposición, dentro de la cual actúan grupos bien entrenados y mercenarios colombianos.Sin embargo, esto es insuficiente para tumbar al gobierno.
La siguiente fase del “golpe suave” pretende extender la “ideología de la arrechera” al pueblo, a la propia base chavista. Y para ello han usado un arma criminal: la Guerra Económica. Con el acaparamiento, el desabastecimiento, los sobreprecios, el contrabando de extracción, la fuga de divisas, se ha pretendido hundir al gobierno y generar tal malestar en el pueblo que la base chavista se aleje de su gobierno. Las medidas del PresidenteNicolás Maduro lograron a fines del año pasado contrarrestar el creciente malestar, pero este nuevamente comienza a parecer. La derecha sabe que necesita ganarse al pueblo o al menos restarle el pueblo al gobierno y para eso se están valiendo de todos los medios a su alcance para extender la arrechera, de modo de convertir la Guerra Económica en una abierta Guerra Social.
El gobierno fue certero en su momento alidentificar al capital financiero y a la burguesía comercial-importadora como enemigos del proceso y ahora denunciando el papel intervencionista de los Estados Unidos y de la oligarquía colombiana. Sin embargo, lo primero se ha perdido frente a ese fantasma que es el “fascismo”. Debemos volver a corporizar al enemigo real, al de carne y hueso, y su entramado de relaciones. No por querer la paz vamos a hacer concesiones y reconocimientos a quienes han sido participes de la guerra.
Por otro lado, el pueblo debe dejar de ser un espectador que sólo se mueve cuando se le convoca a marchar o a aplaudir medidas. Debe convertirse en un actor real y protagónico para enfrentar la ofensiva golpista. Si se mantiene quieto, inmovilizado, se le estará regalando espacio a la “ideología de la arrechera” para que crezca en el pueblo. El pueblo está descontento, eso es una realidad, ahora hay que mostrarle claramente quienes son los culpables, y movilizarlo contra ellos. Hay que desatar las pasiones revolucionarias, el sentimiento chavista, pero dotado de altos grados de racionalidad como lo hacia el Comandante Chávez. Nuestro pueblo debe estar movilizado, más no como rebaño, sino como sujeto critico, activo y propositivo. Un actor pensante y constructor. Eso es lo que nos diferencia de las Hordas de la derecha. Si el Chávez se hizo pueblo, es hora de que el Pueblo se haga Chávez.
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