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A Cuba hay que defenderla

A Cuba hay que defenderla
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03 de agosto de 2026

EL MAL NO TE VA A HACER MENOS PORQUE CRUCES LOS BRAZOS Y MIRES HACIA LA DIRECCIÓN OPUESTA DEL QUE SUFRE!!

Aquí me tienes, sentado en el umbral de esta noche sin luna, con el pecho abierto y las costillas contadas. El aire me llega a sorbos, como si alguien apretara un puño invisible alrededor de mi garganta. No es el asma, no es el trópico húmedo: es el bloqueo. Ellos dicen «sanciones», pero yo lo siento como una mano gringa que me busca el cuello mientras duermo y aprieta, despacio, casi con ternura, hasta que amanezco con los labios morados. Cada mañana me despierto contando: ¿hay pan? ¿hay luz? ¿hay medicina para la fiebre del niño? Y la respuesta flota en el aire denso del puerto: «No, porque Washington decidió que hoy tampoco respires».

Yo, que una vez poeticé para que otros pueblos vivieran, hoy me miro las manos y las veo atadas. sin cuerdas, sin cadenas: con memorandos, con firmas presidenciales, con la tinta helada de un decreto que prohíbe que un barco cargado de trigo toque mi costa. ¿Saben lo que es ver a tu madre descalza en el fogón apagado, revolviendo una Malanga y agua con sal y llamándolo cena? ¿Saben lo que es cargar a tu hija en brazos, ardiendo en fiebre, y correr al hospital para encontrar un estante vacío donde debería estar el antibiótico? Esa impotencia es un ácido que me corroe las entrañas. Y el ácido no viene del cielo, ni del suelo: viene del Norte, de un imperio que nos sentenció a morir de a pocos, a desangrarnos sin una gota de sangre visible, para que el mundo mire y diga «allá ellos, algo habrán hecho».

Pero lo que me rompe en mil, lo que me parte el alma en astillas, no es el hambre propia. Es la memoria. Porque yo recuerdo los barcos cubanos surcando océanos para salvar vidas ajenas. Recuerdo médicos míos, con sus batas blancas arrancando niños de la muerte en Haití, Angola, Etiopía, en toda África, en Italia, en Pakistán. Recuerdo que mi pueblo dio lo poco que tenía cuando el mundo ardía. Y hoy, salvo ecepciones hermosamente solidarias como la de México y algunos otros pocos países asiáticos, este mismo mundo nos da la espalda mientras nos asesinan en cámara lenta. ¡Ah, la ingratitud! Es una puñalada más honda que la escasez. Duele más saber que aquellos a quienes salvamos hoy miran para otro lado, fingen que no oyen mi estertor, mi agonía de isla pequeña y digna….

Siento el genocidio en el hormigueo de los pies descalzos del adolescente que no tiene zapatos porque el cuero, los clavos, el hilo, todo está prohibido por el Norte. Lo siento en el temblor de la mano del obrero que mira su fábrica parada porque la pieza de repuesto está vetada. Lo siento en cada apagón, en cada vela que se consume en mi sala, en cada libro que no se imprime, en cada sueño que se pospone. Esto no es metáfora: es un asesinato molecular, quirúrgico, silencioso. Nos están matando sin disparar un tiro, y el arma homicida es un documento con el sello del Departamento del Tesoro. Yo, pido justicia no con la garganta, sino con cada célula de mi cuerpo exangüe.

¡Mundo, despierta! Mírame: soy yo, el que te curó cuando estabas enfermo. Soy yo, el que te enseñó a bailar cuando estabas triste. Hoy me consumo frente a tus ojos, y tu silencio es cómplice del verdugo. No te pido limosna, te pido coraje. Te pido que grites conmigo que bloquear a un pueblo es terrorismo. Porque si mañana caigo, si mañana me apago bajo el peso del garrote imperial, ¿quién te salvará a ti? ¿Quién enviará a sus hijos a curar a los tuyos? Actúa mundo, antes de que sea demasiado tarde. Sálvame ahora pero no por caridad, sino por justicia, y no es que te quiera cobrar por lo que hice por ti pero la memoria es el destello que enciende la gratitud y no entiendo que mires hacia otro lado cuando sabes que me hundo teniendo salvación, y porque salvarme hoy es salvar tu propia humanidad. Yo, desde esta esquina del dolor, aún te tiendo la mano. No me la dejes caer.

Con amor infinito por una humanidad hoy distraída…

Y sin causar mucha más molestia que una consciente y simple lectura de estas letras

Firma: CUBA

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Foto Portada: Raulito Torres Candil : «Ayer volví a dar unos pasos fuera de mi casa y me senté en la acera a cantarle a mis vecinos como ya hemos convertido en tradición nuestra peña… cada 15 días sábado cantan y declaman los niños primero, jóvenes y luego cantamos las canciones!!! Sí las de la patria y las otras, música en vivo …la carga de la batería de los altavoces nos duró….para el próximo sábado haré lo mismo , pongo a cargar desde el jueves ….abrazos !!!

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