De Potosí al algoritmo: cinco siglos de extractivismo
por Alfonso Madrid Eceheverría
1 mes atrás 5 min lectura
Durante las últimas décadas he observado con creciente interés el desarrollo del debate internacional sobre el Antropoceno. He seguido atentamente las discusiones científicas, filosóficas y políticas impulsadas principalmente desde universidades y centros de investigación de Europa y Norteamérica. Sin embargo, mientras más profundizaba en estos debates, más evidente se volvía para mí una ausencia fundamental: la experiencia histórica de Abya Yala aparecía reducida a un caso regional dentro de una narrativa universal construida desde Occidente.
Fue precisamente esta constatación la que me llevó a formular una pregunta que se encuentra en el centro de mi investigación doctoral: ¿es posible comprender la crisis planetaria contemporánea desde una narrativa histórica diferente, situada en Abya Yala, que permita reconocer experiencias, temporalidades y procesos invisibilizados por los relatos dominantes?
Mi respuesta ha sido la propuesta de los otros Antropocenos.
No hablo de un único Antropoceno, homogéneo y universal. Hablo de múltiples experiencias históricas que emergen desde los territorios colonizados y que permiten comprender de manera distinta el origen de la actual crisis civilizatoria. Desde esta perspectiva, la historia no comienza con la Revolución Industrial ni con la máquina de vapor. Tampoco comienza exclusivamente con la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
Para comprender lo que hoy vivimos debemos retroceder hasta 1545, cuando se descubre el Cerro Rico de Potosí, en el actual territorio de Bolivia.
Allí encuentro uno de los acontecimientos fundacionales de la modernidad capitalista.
Potosí no fue solamente una mina de plata. Fue una inmensa infraestructura de extracción de naturaleza, trabajo humano y conocimiento territorial. Millones de indígenas fueron incorporados violentamente a un sistema económico que transformó montañas en mercancías y vidas humanas en fuerza de trabajo. La riqueza extraída de aquel territorio financió procesos económicos, militares y políticos que contribuyeron decisivamente a la expansión del capitalismo mundial.
Desde Abya Yala, la historia del Antropoceno adquiere entonces una profundidad temporal diferente.
La conquista, la colonización, la esclavitud, la minería, el monocultivo y el despojo territorial no constituyen fenómenos secundarios respecto de la crisis ecológica contemporánea. Constituyen su fundamento histórico.
Por esta razón sostengo que la discusión sobre el Antropoceno requiere una revisión ontológica, epistemológica y política.
Ontológica, porque cuestiona la separación moderna entre humanidad y naturaleza. Los pueblos originarios de Abya Yala han desarrollado históricamente formas de existencia basadas en relaciones de reciprocidad con los territorios, donde la tierra no aparece como recurso sino como condición de vida.
Epistemológica, porque los conocimientos producidos desde los territorios colonizados han sido sistemáticamente subordinados por las formas dominantes de producción científica occidental.
Política, porque toda interpretación sobre los orígenes de la crisis planetaria implica una disputa sobre responsabilidades históricas, formas de reparación y futuros posibles.
En los últimos años he observado cómo el concepto de extractivismo ha adquirido una relevancia creciente en los debates latinoamericanos. Considero que este interés es plenamente justificado. El extractivismo permite comprender una continuidad histórica que atraviesa cinco siglos de expansión capitalista.
La extracción de plata en Potosí, actual Bolivia, la explotación del caucho amazónico, la expansión del salitre, el cobre chileno, el petróleo, el litio y los minerales críticos forman parte de una misma racionalidad histórica.
Sin embargo, hoy nos encontramos ante una nueva etapa.
El extractivismo ya no se limita a la apropiación de bienes naturales.
Las tecnologías digitales, las plataformas de comunicación y las redes sociales han abierto una nueva frontera de acumulación.
Si en el siglo XVI se extraía plata de las montañas, en el siglo XXI se extrae atención de las personas.
Si antes se explotaban territorios físicos, hoy se explotan territorios cognitivos.
Las reflexiones contemporáneas sobre la llamada «dopamina barata» producida por las pantallas revelan que la lógica extractiva ha penetrado profundamente en la vida cotidiana. Los algoritmos capturan tiempo, emociones, preferencias, deseos y comportamientos. Nuestra atención se transforma en dato; el dato se transforma en mercancía; la mercancía se transforma en acumulación de capital.
Lo que observo es una expansión histórica del extractivismo.
La montaña fue la primera frontera.
El bosque fue otra frontera.
Los océanos constituyeron una nueva frontera.
Posteriormente llegaron los combustibles fósiles.
Hoy la frontera es la conciencia humana.
Por ello propongo comprender la economía digital contemporánea como una expresión avanzada de la misma racionalidad extractiva que tuvo uno de sus momentos fundacionales en el Cerro Rico de Potosí.
La historia no ha cambiado de dirección.
Ha cambiado de objeto.
Primero fueron los minerales.
Luego los cuerpos.
Más tarde la energía fósil.
Ahora son la atención, la subjetividad y la experiencia humana.
Desde Abya Yala, los otros Antropocenos permiten reconocer estas continuidades históricas y comprender que la crisis contemporánea no es únicamente una crisis climática. Es una crisis civilizatoria que tiene raíces profundas en la colonialidad, en el nacimiento del capitalismo y en la expansión permanente de las fronteras de extracción.
Mi investigación busca contribuir a esta conversación desde una perspectiva situada. No pretende reemplazar los debates existentes, sino ampliarlos. Aspira a mostrar que existen otras genealogías posibles para comprender el presente y que los territorios históricamente considerados periféricos pueden ofrecer claves fundamentales para interpretar los desafíos planetarios del siglo XXI.
Desde Abya Yala, el Antropoceno no comienza con una máquina.
Comienza con una montaña.
Y la historia de esa montaña todavía continúa.

De Potosí a Kiruna
En enero de 2023 se anunció el mayor depósito de tierras raras de Europa cerca de Kiruna, territorio sami. Simultáneamente, el Salar de Atacama se consolidaba como centro mundial de litio. Ambos hitos de la transición verde remiten a una historia más antigua: la que comenzó en 1545 con el Cerro Rico de Potosí.
-El autor, Alfonso Madrid Eceheverría, es antropólogo, divulgador científico
*Fuente: PrensaOPAL
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