Carta abierta a Iván Cepeda sobre la falta de liderazgo y la defensa de la democracia
por Marisol Orozco (Colombia)
42 mins atrás 13 min lectura
28 de junio de 2026
Respetado Iván:
Estás usando tu liderazgo para entregarnos al fascismo y quitarnos la única oportunidad que hemos tenido en doscientos años de ser una sociedad más justa y decente. Estás entregando nuestra dignidad aceptando obedientemente una curul desde la cual el único que estará más o menos protegido serás tú, abandonando a millones de personas que se movilizaron para hacer la campaña y para salir a votar, buscando proteger lo conseguido en estos últimos años y tratando de frenar la amenaza del fascismo y del imperialismo en nuestra tierra. No cediste un milímetro en tu campaña por hacer una revolución ética, pero hoy cedes ante el espectáculo de fraude más grotesco que hemos presenciado.
Me es muy difícil entender cómo se asumen unos resultados cuando se tiene una Sentencia del Consejo de Estado del 2014 que las instituciones (Registraduría y CNE) se han empeñado en ignorar e incumplir. Y que, por ese incumplimiento, el proceso electoral está, de entrada, cubierto por un manto de duda que opaca el principio de buena fe que se supone, por ley, tienen las acciones de las instituciones del Estado y sus agentes.
De qué manera se aceptan los resultados cuando el Estado no tiene el control absoluto de los mecanismos y software electorales, cuando una empresa privada con intereses particulares y de contratación con el Estado es la que ostenta ese control y puede intervenirlos en cualquier tiempo. Peor aún, cuando esa empresa está en manos de unos hermanos (los Bautista) condenados en Estados Unidos por fraude sistemático a más de 20 bancos alrededor del mundo, además de otras graves acusaciones de fraude que pesan en su contra. Aún más, poseen todos los datos de los colombianos –no solo del censo electoral sino aquellos a los que también tuvieron acceso por años por ser dueños también del contrato de los pasaportes–. Seleccionan y distribuyen los jurados como quieren y los colombianos no tenemos manera de saber en cuántas mesas no hubo una distribución aleatoria de jurados ni qué pasó en esas mesas, ni cuántas son. Aquí solo hay dudas y desconfianzas.
Me cuesta comprender cómo se acepta la derrota en el proceso electoral cuando el candidato “ganador” tuvo el camino libre para inscribir su candidatura, a pesar de que la Registraduría encontró más de tres millones de firmas falsas y cuando una entidad como la Fiscalía decidió no darle prioridad a investigar semejante ataque a la democracia y a la fe pública.
Cómo se explica el reconocimiento de esos resultados cuando todas las personas en Colombia hemos visto decenas de evidencias en internet de la manipulación de los tarjetones y de los E-14, situación más que advertida desde certámenes anteriores y que la Registraduría sigue negándose de manera sistemática a admitir y corregir. Pero, además, hemos visto el descaro absoluto del Consejo Nacional Electoral que niega de frente y sin rubor nuestros derechos, no solo para hacer el reconteo voto a voto de los colombianos en el exterior, sino el acceso a los censos electorales y la lista de sufragantes que ejercieron el voto en el extranjero.
De qué manera justificamos el reconocimiento de unos resultados cuando jurados y testigos electorales que presenciaron de primera mano las irregularidades nos cuentan que hubo puestos de votación en el exterior que para primera vuelta tuvieron menos de 5 mesas y para segunda contaron con más de 80, a pesar de que el censo electoral era el mismo para ambas jornadas, pues el registro de las cédulas para votar cerró desde el 31 de marzo de este año.
Advertencias de trashumancia de votos, votos repetidos, latinos no colombianos votando con cédulas de colombianos; votos de fallecidos, votos de menores de edad, tarjetones con candidatos que no hacían parte de la contienda en segunda vuelta, puestos de votación donde no se tomaron las huellas de los sufragantes… la lista es más larga.
Se puede aceptar y reconocer que en el escrutinio hubo 12.708.712 de votos para ti y 12.959.542 para Espriella, pero no se puede aceptar que la institucionalidad nos prohíba saber de dónde salieron esos números y que no accedan a una veeduría debida sobre el escrutinio y sobre el software de elecciones.
Ni hablar de la inoperancia de las instituciones del Estado que fueron absolutamente permisivas con la campaña más sucia de la historia, plagada de noticias falsas, información torcida en donde injuriaban y calumniaban a diario, a ti, al presidente Petro y a las personas que nos identificamos con el proyecto progresista.
Entonces, de qué sirve que cientos de abogados se movilizaran en el país para hacer más de cincuenta mil impugnaciones. De qué sirve que decenas de miles de testigos digitales hayan encontrado y reportado todas las irregularidades que encontraron en su auditoría. De qué sirve, si a pesar de denunciarlo se aceptan los resultados sin que esto sea resuelto.
Qué urgencia tendrá un juez por estudiar y determinar estas alegaciones si el candidato afectado ya aceptó los resultados y pidió a sus electores hacer lo propio, sin resistencia alguna.
Peor aún, que confianza habrá sobre esos jueces y qué garantías tendrán, si ya sabemos que el poder detrás de de la Espriella viene con una tula de dinero en una mano y en la otra con las amenazas de que Estados Unidos retire visas, incluya en lista OFAC y emprenda cualquier tipo de sanciones contra quienes actúen como “enemigos de los intereses” del país del Norte.
¿Cómo se entiende aceptar todo lo anterior como una defensa de la democracia? Defender la democracia no sería, entonces, exigir a las instituciones que cumplan lo que manda la Constitución, la ley y las decisiones de los Tribunales, salir a las calles a defender nuestros derechos y nuestro voto; evitar que el imperialismo entre del todo y se tome nuestra nación, con todo lo que ello implica. Evitar que el esfuerzo de dos siglos, con todos los muertos, desaparecidos y el dolor que costó, lo acaben, injustamente, de un tajo.
Tu bien sabes, Iván, que la presidencia de de la Espriella sería aún más peligrosa que todos los gobiernos anteriores que hemos tenido. Que permitir esta elección espuria sería un viaje sin retorno pues, difícilmente, con todos los poderes oscuros que éste tiene detrás, conseguiríamos de nuevo una elección del poder popular. Tendríamos que irnos despidiendo de soñar, si quiera, con una elección de una alcaldía municipal.
Si lograron este resultado con los niveles de fraude que hemos atestiguado sin ostentar aún el poder del Estado, qué esperanza habría de que alguna elección pudiera ganarse nuevamente para el progresismo con ellos arriba.
De qué serviría que asumas el liderazgo de la oposición desde el Senado de la República y que recorras los territorios del país trabajando por el fortalecimiento organizativo cuando, en un gobierno fascista y aliado con genocidas, lo único que quedará para quienes intenten organizarse y levantarse será la muerte, la tortura, la desaparición y con algo de suerte, el desplazamiento forzado.
Es que los ejemplos cunden en el mundo. Sabemos de la intervención del Sionismo en nuestras elecciones a través del Honduras Gate y de campañas sucias que, con narrativas mentirosas e injuriosas, pagadas desde el exterior (otra ilegalidad), convencieron a millones de colombianos de votar con odio en contra del proyecto progresista. Sabemos cómo el Sionismo ha entrado a Argentina y se ha apoderado de tierras riquísimas y estratégicas, desplazando poblaciones, con el patrocinio de Milei. También sabemos que Bukele se instaló de manera vitalicia en la presidencia de El Salvador. Y conocemos las implicaciones de la invasión sobre el pueblo venezolano y del bloqueo inhumano e injusto contra el pueblo cubano. Eso, sin hablar del desastre que viven Ecuador, Perú y Bolivia.
Borraron Gaza y a los gazatíes ante los ojos del mundo, en vivo y en directo, y aún estando ellos localizados en Europa, la comunidad internacional no hizo lo necesario por evitar el genocidio. ¿Crees que harían algo por Colombia y por los colombianos más jodidos que son los custodios de las tierras más estratégicas por sus recursos y ubicación geográfica?
Aquí no habrá democracia en la que la oposición tenga derechos y garantías para expresarse y movilizarse. Estamos hablando de permitir la toma de nuestra Latinoamérica por parte del fascismo, que no entiende ni respeta de derecho internacional, ni de reglas de juego, ni de debido proceso. En el escenario actual, el derecho internacional público agoniza. Ellos, mientras, solo entienden de violencia, de ejercer control total, de megacárceles y de destripar a quien piense diferente. Ellos no permitirían un nuevo estallido social, ni la desobediencia civil y utilizarán la fuerza, las armas legítimas del Estado y las ilegítimas del narco para desaparecer cualquier intento de resistencia que procure levantarse, aunque sea pacíficamente.
No entiendo por qué sugieres la posibilidad de una desobediencia civil pacífica si en el gobierno de Espriella se intentan retirar derechos ganados, pero te niegas a hacer esa invitación en estos momentos, cuando hemos ganado los derechos y nos los quieren robar con una estrategia trasnacional y descarada de fraude, argumento suficiente que nos legitima para levantarnos, con lo que nos permite la Constitución, contra las entidades responsables y exigirles investigaciones serias, rigurosas y resultados que respeten el mandato de la Carta. Por qué dejar pasar esto y resignarnos de manera servil a presenciar desde las gradas cómo nos devuelven siglos en conquistas de derechos y de dignidad colectiva.
No entiendo cuando dices que tus decisiones se basan en tu talante democrático, tu ética y dignidad. Me pregunto:
Está acaso tu ética por encima de evitar un etnocidio, un ecocidio y un genocidio contra las personas progresistas o cualquiera que se atreva a organizarse para protestar contra las políticas asesinas que ese gobierno nos impondría.
De hecho, es contra la ética resistir a las instituciones que no hicieron investigación alguna tras encontrar más de tres millones de firmas falsas en la inscripción de la candidatura de Espriella. Atenta contra la ética y la dignidad sacar a la luz todas las pruebas de los delitos que ese sujeto ha cometido. Va contra la ética y la dignidad enfrentar, más allá de denunciar, los fraudes evidentes y los ataques contra nuestra democracia, así como la injerencia grosera de extranjeros en nuestras decisiones soberanas. Va contra la ética y la dignidad decir la verdad, llamar las cosas por su nombre y resistirse a las injusticias.
Es realmente propio de un demócrata aceptar que se roben las elecciones de todo un pueblo que ha puesto los muertos y el dolor, y que, con ilusión y mucho esfuerzo se movilizó para defender el único proyecto político que se ha preocupado por ellos. ¿Es de un demócrata aceptar el robo y continuar perteneciendo a ese sistema corrupto?
No se valió para ti ceder un milímetro en campaña. No aceptaste consejos de nadie, no recibiste gente de ningún lado (ni de tu propio partido), te mantuviste cerrado y hermético con tu grupo pequeño en número; no aceptaste gastar el dinero que te permitía la ley, ni crear una identidad visual, ni un slogan, nada de lo que para ti representa una política espectáculo. No aceptaste políticos ni contratistas, te resististe a hablar en contra de de la Espriella, salvo el par de denuncias que anunciaste, a pesar de contar con una lista extensa de elementos que, acompañados de pruebas, demuestran la calidad de hampón que es ese sujeto. Todo en aras de ceñirte a tu ética y tus valores y hacer una política limpia, una defensa de la verdad y una revolución ética.
No me explico cómo, para ti, no valía lo anterior, pero si se vale ceder ante el fraude y la toma de las instituciones por parte de las mafias y los intereses particulares (de nacionales y extranjeros). Quisiera entender cómo ponderas allí la ética y la defensa de la verdad, de la dignidad, de la democracia y de la política transparente porque, sinceramente, no logro entenderlo y no puedo evitar sentir que esta actitud de aceptación es una traición a todas las luchas que, vale decir, junto a miles, tú mismo has peleado también.
No es, pues, la responsabilidad de un líder ponderar lo que está en juego y tomar decisiones difíciles, pero que busquen el mejor camino. O en este caso, el menos malo. Si lograron semejante cantidad y diversidad de fraudes sin ostentar el poder público, si lograron convencer a tantos millones de colombianos de todas las infamias que inventaron de ti, de tu fórmula vicepresidencial Aída Quilcué, del presidente Petro, entre otros, puedes imaginar las narrativas que van a construir una vez lleguen al poder.
No han comenzado el empalme y ya han empezado a decir que encontraron cualquier cantidad de evidencias de corrupción de este gobierno, incluso basándose en programas que se gestaron y ejecutaron en otros gobiernos, pero, quién podrá decir que mienten si tienen ahora la “verdad institucional”.
Puedes imaginar la cantidad de fuerza política que perdería el progresismo con ellos ostentando el dominio absoluto de las narrativas oficiales, sumado al de las no oficiales que ya manejan (ahora, además, con el apoyo del Sionismo) y a la información y “pruebas” que vienen preconstituyendo desde hace varios años en contra del presidente Petro, de algunos de sus colaboradores y de ti mismo ante la justicia de Estados Unidos.
Ya vimos que no les quedó difícil convencer a millones de cuanto rumor infame esparcieron. Una parte muy importante de esos casi trece millones de votos también están en riesgo de desaparecer ante un gobierno con estas características. Eso se traduce en un debilitamiento del proyecto político progresista que tanto ha logrado hasta hoy.
Si no hay una resistencia civil pacífica a los resultados electorales en este escenario claro y descarado de fraude, que exija a las autoridades investigación pronta y resultados, ni en doscientos años volvemos a recuperar el poder popular y quedaremos, una vez más, condenados a repetir nuestra historia de muerte, violencia y dolor.
Lo único que necesita un régimen corrupto y fascista para subirse y quedarse en el poder es una oposición sumisa, que “acepte la derrota” en honor a una democracia que no existe, que nos están robando y que tú, llamado a ser hoy el líder, estás facilitando con la aceptación de los resultados, a pesar de las múltiples evidencias que conocemos y a las que nos han negado acceder.
Aceptar resultados fraudulentos nos roba la dignidad que fortalecimos como país en los últimos cuatro años, nos roba la esperanza y las posibilidades de construir una nación justa y decente. Aceptar los resultados con tal resignación es una condena a muerte y a la violencia, para Colombia y para toda Latinoamérica. Y es también una falta de decencia. Es una traición.
¿Es, entonces, más ético y digno aceptar el fraude y someterse al sistema corrupto desde la curul de la oposición que enfrentarse al fraude y exigir que las instituciones del Estado involucradas cumplan lo que ordena la Constitución y las decisiones de los Tribunales y que se respete la verdadera decisión del pueblo colombiano en las urnas?
Con miedo y desesperanza,
Marisol Orozco
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