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¿Me escuchas? ¿Y ahora qué?

¿Me escuchas? ¿Y ahora qué?
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09 de junio de 2026

Ibrahim NasrallahAl Quds Al Arabi, 29 de enero de 2025
Traducido por Myriam Montoya

عربية – English – Deutsch – Italiano – Español – Français

¿Y ahora qué?

Ahora te decimos, como te dijimos hace setenta y siete años:

¿Y ahora qué?

Nos has matado con una sed que ningún asesino ha igualado, pero nosotros no estamos muertos.

¿Y ahora qué?

Has invadido nuestras ciudades y pueblos, nuestros trigales y olivares, nuestras verdes llanuras y montañas.

Nos has azotado el rostro con la sangre de nuestros hijos en cada despuntar del sol.

¿Y ahora qué?

Has inventado cincuenta mil nombres nuevos para todo lo que nos pertenece: nuestras ciudades, nuestros pueblos, nuestros ríos, nuestros arroyos, nuestras fuentes, nuestros valles entre dos colinas o dos grandes rocas.

¿Y ahora qué?

Robaste nuestras hierbas y flores, nuestras laderas florecidas y valles profundos, los nombres de nuestros pájaros, las túnicas de nuestras madres bordadas con sus corazones, los ojos de sus hijas e hijos.

¿Y ahora qué?

Has devorado nuestro tomillo, las uvas de nuestros viñedos, el azul de nuestro mar.

Has capturado nuestras olas, amontonadas en cuarteles de tinieblas,

clavadas bajo el estandarte de muerte que tú llamas tu bandera.

Has escrito tu himno con la queja de nuestras madres recogiendo los miembros de sus pequeños entre los escombros y los gritos del viento.

Entonces te decimos, como te dijimos hace setenta años: ¿y ahora qué?

Detrás de cada río, cada mar, cada océano, nos has arrojado, para que estemos más lejos, para que tu bestialidad pueda sombrear los ojos de nuestra ausencia.

Has escrito en el muro de cada masacre que no estamos en ninguna parte, ni aquí ni allá. Has tragado nuestras nubes en el cielo.

Pero no has sabido atrapar ni el relámpago ni el trueno.

Has levantado barreras contra un mañana que corre hacia nosotros,

Porque sabes que el pasado sólo conocía nuestros rostros.

¿Y ahora qué?

En la oscuridad de tus prisiones, nos has amontonado, para que nuestras vidas sean el combustible de una eternidad que tú proclamas tuya, y has fortificado tu miedo frente a nuestros olivos con tus bombas nucleares que te han sido ofrecidas como regalos desde la primera aparición de tus garras.

¿Y ahora qué?

Cada vez que deseabas un avión, te han ofrecido cien.

Cada vez que has deseado un tanque de asalto te han ofrecido mil.

Cada vez que has deseado un naviero de guerra, te han ofrecido una flota entera.

Cada vez que te has despertado para matar a uno de nuestros hijos con una bala, te han enviado lo que no puedes imaginar: obuses de dos mil libras.

Cada vez que has pasado junto a una niña que reía,

o de una anciana que estaba aquí dos mil años antes que tú,

y que te has acordado de que tú nunca estuviste aquí,

has alimentado tu Talmud de un nuevo odio, borraste la calle que había escuchado esa risa, y el bastón que te había dicho: “Vete, no nos muestres nunca más ese visaje.”

Entonces te decimos, como te dijimos hace cincuenta y siete años: ¿Y ahora qué?

Tú odias los árboles. ¿Has visto a alguien que odie más los árboles que tú? Tres millones de árboles destruidos por tus manos desde el comienzo del milenio (no diremos cuántos muertos, cuántos heridos – este mundo ya no tiene cura del número de nuestros mártires). ¿Quién odia los árboles más que tú? Desarraigar, quemar todo ese verdor, desterrar todos esos pájaros, dejar la hierba huérfana, establecer hienas en nuestras pendientes con colmillos más feroces en los sueños de nuestros pequeños, y citas heridas en el corazón de nuestros amantes.

Entonces te decimos, como te dijimos hace cuarenta años: ¿y ahora qué?

En la tierra quemada, solo cosecharás frutos negros.

¿Y ahora qué?

Quinientos pueblos borrados, ¿no son suficientes para ti?

Ciudades cuyos campos has devorado,

llenado las calles de pólvora,

acorralando las sombras con tus perros asesinos, hundiendo nuestras tumbas todo lo más que has podido.

Puedes matar a un hombre, pero no enterrarás su sombra con él.

¿Y ahora qué?

Todos esos muros detrás de los que te escondes -de Washington a Londres, de Londres a Berlín

-todos esos regímenes que, cada vez que recuerdan que no han aniquilado a un pueblo en alguna parte, al extremo del mundo desde hace un tiempo, te ofrecen todo lo que necesitas para aniquilarnos,

para que los generales y los teóricos de la purificación nunca olviden cómo se hacen los holocaustos.

¿Y ahora qué?

Árabes sin arabidad… todos para ti.

Media lunas sin Islam, cruces para dos millones de cristianos: todos te besan las manos empapadas de nuestra sangre, borran tus huellas de las plazas de masacre y de las armas de la muerte.

Fascinados, cantan: “Gloria a Dios en las alturas, paz en la tierra y alegría entre los hombres.”

Plantan la gloria de tu bestialidad sobre la tierra, ponen la guerra como una espada en tu mano – para que la alegría sea solo tuya, y que la paz sobre la tierra no sea para nosotros.

Entonces te decimos, como te dijimos hace treinta años: ¿y ahora qué?

Cachorros crecidos mordisqueando nuestras sombras en Ramallah. Hombres de paja que descubren repentinamente su ligereza preguntando: “¿El vencedor vuelve a casa a pie?”

Se ríen ante las pantallas luminosas, a expensas de las marchas fúnebres de Gaza -ellos que olvidan, en todo su júbilo, que todas las noches entran a cuatro patas en la vergüenza de los suburbios de Ramallah, lamiendo las huellas de tus soldados.

¿Y ahora qué?

Siete muros contra los cuatro puntos cardinales de Dios: no más sur, no más norte, no más este, no más oeste.

Cuida que los muros detrás de los cuales se levanta el sol sean más altos, para hacernos olvidar que él está allí, para estar bien seguros de que la luz ha sido creada sólo para ti.

Y otros muros bajo tierra, para estrangular las aguas con su hormigón, triturar los dedos de quienes se escabullen en la oscuridad para encontrar la libertad soñando con el calor de sus amados.

¿Y ahora qué?

Estamos en todas partes: de Chile a Japón, de La Haya a Johannesburgo. En el agua, en el desierto, en la montaña y en la llanura, en la sangre y el petróleo y el resentimiento,

en las pesadillas de los príncipes y en la presunción de los presidentes y de los entumecidos en gigantescos refrigeradores que se llaman patrias,

conservados con toros de todos los colores – listos para el festín que tú harás de ellos.

Entonces te decimos, como te hemos dicho, cuatrocientos setenta y un días antes de la muerte: ¿Y ahora qué?

Mil masacres, treinta guerras, cientos de miles de muertos,

veinte mil ojos reventados,

cien mil manos cortadas que apartan la oscuridad de esta noche,

cien mil pies amputados,

millones de lomos encorvados bajo el peso de los años y las heridas del alma.

Todas estas cosas, éstas y aquellas

te dicen ahora, como ellas siempre te han dicho:

Tú no podrás erigirte

ni hoy

ni mañana

en el camino de nuestro regreso.

blankIbrahim Nasrallah nació en 1954 en Amán, Jordania, en un campamento de refugiados palestinos. Sus padres, originarios de un pueblo cercano a Jerusalén, Al Buraiy, fueron desplazados durante la Nakba de 1948. Creció en el campamento de Al-Wahdat y estudió en escuelas de la UNRWA. Trabajó como profesor en Arabia Saudita antes de regresar a Amán, donde se desempeñó en los medios de comunicación y el sector cultural hasta 2006, dedicándose pues por completo a la escritura.

Poeta, novelista, pintor y fotógrafo, Nasrallah ha publicado 16 colecciones de poesía, 26 novelas (13 de ellas en el marco de su proyecto «La comedia palestina», que abarca 250 años de historia palestina), una autobiografía y dos libros de crítica cinematográfica. Ha ganado el International Prize for Arabic Fiction (Arabic Booker) en 2018, el Neustadt International Prize for Literature (2026), el Jerusalem Award for Culture and Creativity (2012) y el Palestine Prize. En 2014 ascendió al Kilimanjaro junto a dos adolescentes palestinos amputados de ambas piernas.

Tres obras de Ibrahim Nasrallah han sido traducidas al español: El tiempo de los caballos blancos (título original Time of White Horses / زمن الخيول البيضاء) [Verbum, 2023] y Las bodas de Gaza (título original Gaza Weddings / عرس أمنة) (Caligrama, 2026), ambas traducidas por el profesor Moayad Sharab, y Tierra de fiebres, traducida por Victoria Khraiche Ruiz-Zorrilla y Luis Miguel Cañada [Verbum, 2023]

*Fuente: Faustotounsi

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