78 aniversario de la Nakba (النكبة) palestina
por Memorial Puente Bulnes (Chile)
2 meses atrás 6 min lectura
Imagen superior: La llave es para los palestinos el símbolo de que ellos regresaran a sus casas, las que fueron forzados a abandonar y las reconstruirán, reverdecerán sus campos y volverán a plantar olivos para reemplazar aquellos arrancados, quemados por la barbarie genocida sionista israeli.
La Redacción de piensaChile
15 de mayo de 2026

Este viernes 15 de mayo se cumplen 78 años de la Nakba (catástrofe) del pueblo palestino con la expulsión de sus casas, de sus olivos, de sus territorios ancestrales, del orden de 800.000 palestinos. Más aún, las organizaciones terroristas sionistas Irgun y Haganá (que luego serían la base de las mal llamadas fuerzas de defensa de israel), masacraron a aldeas completas de palestinos, asesinando sobre todo a niños y mujeres.
Llamado a la Conmemoración de la Nakba: por la memoria, la conciencia y la responsabilidad compartida.
Fecha: Viernes 15 de mayo
Hora: 13:00 hrs.
Lugar: Frente al Palacio de La Moneda — (Alameda, vereda norte, frente a las piletas)
Esperamos contar con ustedes y su solidaridad con el pueblo palestino.
Invita a tus amigos, vecinos, compañeros de trabajo y a todas las personas que sientas parte de este gran desafío humano.
La expulsión de la mayoría de los palestinos de su territorio de origen es innegable desde el punto de vista histórico-fáctico y está ampliamente documentada. Solo para citar algunos de los principales referentes israelíes se puede mencionar una carta del primer ministro israelí David Ben Gurion a su hijo donde le expresaba estar convencido de que los palestinos no se irían voluntariamente. Allí fue contundente: “Debemos expulsar a los árabes y tomar sus lugares” (Masalha, 2008; p. 71). Con una lógica similar Yosef Weitz -Director Departamental de Tierras del Fondo Nacional Judío (FNJ)- expresó “entre nosotros debe quedar claro que no hay espacio para ambos pueblos en este país” (Masalha, 2008; p. 130). Desde ya que los palestinos no estaban preparados para abandonar su tierra y menos para ser expulsados de forma masiva. La mayoría pensó que regresaría, por eso conservaron incluso las llaves de sus hogares, pero no pudo hacerlo (Brieger, 2010). La expulsión comenzó antes del fin del mandato británico, pero desde junio de 1948 la destrucción de poblados árabes se implementó como política oficial. “El 5 de junio Weitz se reunió en Tel Aviv con Ben Gurion, ya como primer ministro, para presentarle un memorando titulado “Transferencia Retrospectiva”. Allí se llamaba a evitar el retorno de los árabes a sus hogares destruyendo sus aldeas durante las operaciones militares y asentar a judíos en los pueblos y las aldeas árabes (Masalha, 2008; p. 184).
La evidencia proporcionada por los propios archivos del movimiento sionista demuestra una línea de pensamiento similar entre los diferentes dirigentes judíos que consideraba necesaria la expulsión de los palestinos. Por lo tanto, el daño producido a los palestinos no fue accidental ni propio de la contingencia de la guerra de 1948.
Lo novedoso, es que en los últimos años, producto de varios estudios historiográficos y su uso en los medios de comunicación el concepto nakba reapareció y ya es parte de la narrativa del conflicto palestino-israelí.
No dejemos morir la humanidad.
Si no somos parte de la solución, somos parte del problema.
¡Actuemos!
La memoria necesita cuerpos presentes.
La justicia necesita voluntades activas.
El futuro necesita humanidad despierta.
Se comparte el poema «Mi nombre es Gaza» de autor desconocido:
Mi nombre es Gaza,
y cada día muero.
No para quien me llora,
ni para quien me abraza desde lejos.
Me dejan morir quienes gobiernan el mundo
con sus trajes planchados, pero sus manos manchadas de sangre.
Políticos que me mencionan en campaña
y me entierran en silencio cuando llega el poder.
Diplomáticos que hablan de paz
mientras firman contratos de armas.
Instituciones que condenan…
pero solo de palabra.
Mi nombre es Gaza,
y cada día muero.
Pero no me miran.
No me escuchan.
No me salvan.
Los pueblos sí.
Los pueblos me sostienen.
Me dibujan en pancartas,
me gritan en avenidas,
me escriben en muros,
me lloran como si fuera suya esta tierra arrasada.
Pero el pueblo no tiene escudos.
Ni vetos.
Ni bancos.
Y si el mundo no cambia,
su amor no bastará.
Porque no hay futuro sin justicia.
Y no hay justicia si Gaza sigue muriendo.
Compartimos el poema del gran poeta palestino, Mahmud Darwish:
«Carné de identidad»
Escribe
que soy árabe,
y el número de mi carnet es el cincuenta mil;
que tengo ya ocho hijos,
y llegará el noveno al final del verano.
¿Te enfadarás por ello?
Escribe
que soy árabe,
y con mis camaradas de infortunio
trabajo en la cantera.
Para mis ocho hijos
arranco, de las rocas,
el mendrugo de pan,
el vestido y los libros.
No mendigo limosnas a tu puerta,
ni me rebajo
ante tus escalones.
¿Te enfadarás por ello?
Escribe
que soy árabe.
Soy nombre sin apodo.
Espero, con paciencia, en un país
en el que todo lo que hay
existe airadamente.
Mis raíces,
se hundieron antes del nacimiento
de los tiempos,
antes de la apertura de las eras,
del ciprés y el olivo,
antes de la primicia de la hierba.
Mi padre…
de la familia del arado,
no de nobles señores.
Mi abuelo era un labriego,
sin títulos ni nombres.
Me mostró el orgullo del sol
antes de enseñarme a leer.
Mi casa es una choza campesina
de cañas y maderos,
¿te complace mi condición?…
Soy nombre sin apodo.
Escribe
que soy árabe,
que tengo el pelo negro
y los ojos castaños;
que, para más detalles,
me cubro la cabeza con un kuffiah;
que son mis palmas duras como la roca
y pinchan al tocarlas.
Y me gusta el aceite y el tomillo.
Que vivo
en una aldea perdida, abandonada,
sin nombres en las calles.
Y cuyos hombres todos
están en la cantera o en el campo…
¿Te enfadarás por ello?
Escribe
que soy árabe;
que robaste las viñas de mi abuelo
y una tierra que araba,
yo, con todos mis hijos.
Que sólo nos dejaste
estas rocas…
¿No va a quitármelas tu gobierno también,
como se dice?…
Escribe, pues…
Escribe
en el comienzo de la primera página
que no aborrezco a nadie,
ni a nadie robo nada.
Mas, que si tengo hambre,
devoraré la carne de quien a mí me robe.
¡Cuidado, pues!…
¡Cuidado con mi hambre,
y con mi ira!
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