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Fidel, 26 de julio 1989: Si la URSS se desintegrara, «¡aun en esas circunstancias Cuba y la Revolución Cubana seguirían luchando y seguirían resistiendo!»

Fidel, 26 de julio 1989: Si la URSS se desintegrara, «¡aun en esas circunstancias Cuba y la Revolución Cubana seguirían luchando y seguirían resistiendo!»
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Imagen superior: Fidel, en su discurso del 26 de julio de 1989, en Camagüey, informa sobre la situación que vive la URSS y anticipa la posible desaparición de la URSS, cuestión que sorprendió a todo el mundo. Y allí sostuvo, que incluso en esas condiciones, Cuba seguiría defendiendo su Revolución y construyendo el socialismo.
A continuación entregamos a ustedes un breve video de ese discurso y el texto de todo lo que Fidel dijo acerca de la situación en la URSS. Lo hacemos por tratarse de un documento histórico.
La Redacción de piensaChile

29 de abril de 2026

Pero, ¿en qué condiciones internacionales se desenvuelve nuestro actual esfuerzo? Algo tengo que hablar sobre esto, es muy importante. Necesitamos saber dónde estamos parados, en qué mundo vivimos, qué problemas amenazan al esfuerzo creador de nuestro pueblo.

Vivimos en momentos de grandes problemas económicos en el mundo y, sobre todo, en el Tercer Mundo; de grandes deudas, de grandes crisis económicas.

Vivimos un momento especial dentro del movimiento revolucionario mundial. No vamos a andar con melindres, tenemos que llamar las cosas por su nombre.

Hay dificultades en el movimiento revolucionario mundial; hay dificultades en el movimiento socialista. Ni siquiera podemos decir con seguridad que los suministros del campo socialista, que con la puntualidad de un reloj han estado llegando a nuestro país durante casi 30 años, sigan llegando con esa seguridad y con esa puntualidad de reloj.

Si el país ha estado haciendo más que nunca con menos que nunca —y estos hechos lo demuestran—, con menos divisas que nunca, es posible que en el futuro tengamos que seguir trabajando y esforzándonos, ¡y haciendo milagros!, con problemas también en los suministros provenientes del área socialista.

Pero, quizás, el problema mayor es la euforia del imperialismo, la posición triunfalista del imperio y de la administración del imperio.

Nunca ninguna administración, ni siquiera la de Reagan, fue tan triunfalista, nunca pronunció discursos tan triunfalistas. A partir de las dificultades en el campo socialista, pero fundamentalmente en algunos países socialistas, la administración de Bush viene pronunciando en los últimos meses discursos tales, que parten de la premisa de que la comunidad socialista está en su ocaso, de que el socialismo está en su ocaso y de que el socialismo irá a parar al basurero de la historia, que fue el lugar que aquellos brillantes y geniales estrategas y creadores del movimiento socialista reservaron, precisamente, para el capitalismo.

A partir de las dificultades —que son evidentes y que todo el pueblo conoce— que han existido y existen en Polonia, de las dificultades del socialismo que han existido y existen en Hungría, Bush organizó una gira triunfal, un viaje triunfal por estos dos países en semanas recientes. Es cierto que hay dificultades allí, y él no fue por gusto a esos países, fue a alentar las tendencias capitalistas que allí se están desarrollando, y los problemas políticos que allí se han suscitado. Será obra de historiadores y de estudiosos, en algún momento, profundizar en las causas de esos problemas. Yo tengo mis ideas sobre eso, pero no es este el momento de exponerlas.

El hecho cierto es que tienen dificultades, y que en unas elecciones recientes en Polonia la oposición liberal, la oposición procapitalista o, al menos, la oposición antisocialista, que todavía no ha definido bien, bien, bien cuáles son sus intenciones, ganó, en las elecciones para senadores, casi el ciento por ciento de los cargos; y hoy en Polonia, incluso, el líder de esa oposición, el señor Walessa, conocido por informaciones periodísticas en nuestro país, le ha planteado al presidente Jaruzelski, que ganó la presidencia por un voto más del mínimo indispensable, que lo mejor sería que le entregara el gobierno a la oposición. Ha dicho, incluso, en días recientes, que no se opone a que algunos de la oposición estén en el gobierno, pero que no contarían con el apoyo de la oposición; que lo único que aceptaría la oposición es la entrega del gobierno.

En Hungría ocurre lo mismo. Hace un día se sacaron a elección cuatro cargos de diputados, y tres de ellos los ganó ampliamente la oposición.

¿Ante qué fenómenos estamos, acaso ante un tránsito pacífico del socialismo al capitalismo en esos países? Es posible; incluso, nosotros no lo cuestionamos, nosotros defendemos el derecho sagrado a la independencia de cada país y de cada partido. Es lo que pedimos para todos los pueblos del mundo, es lo que pedimos para todos los pueblos de América Latina y del Tercer Mundo: el derecho de cada país a construir, si quiere el socialismo, que tanto trata de impedir Estados Unidos por la fuerza de las armas; el derecho de nuestro pueblo a construir el socialismo. Claro que ese derecho no nos lo dio nadie; lo ganamos nosotros, lo conquistamos nosotros y lo defendemos nosotros (APLAUSOS).

Pienso que se han cometido muchos errores, que traen estos problemas. A veces, incluso, medito si no sería mejor que esas nuevas generaciones que nacieron en el socialismo en Polonia y en Hungría, se dieran una vueltecita por el capitalismo, para que conozcan el capitalismo: lo egoísta, lo brutal y lo deshumanizada que es la sociedad capitalista. Es un asunto muy delicado, pero son nuestras reflexiones más sinceras sobre estos problemas.

Durante su viaje triunfal, en Gdansk, una ciudad de Polonia, donde dicen que una multitud recibió al señor Bush, según cables de las agencias norteamericanas más renombradas, había muchos letreros —y no puedo certificar si eran muchos o pocos porque no estaba allí, ni lo vi por televisión, sino que lo leí en los cables—, dicen que muchos letreros decían: «¡El mejor comunista es el comunista muerto!» Vean qué entraña fascista, netamente fascista, de los letreros con que recibieron a Bush en aquella ciudad polaca.

Desde luego que hay dos tipos de comunistas: los que puedan dejarse matar fácilmente, ¡y los comunistas que no nos dejamos matar fácilmente! (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES DE: «¡Fidel, seguro, a los yankis dales duro!»)

Con regocijo narraban esos cables de las agencias imperialistas, que otros letreros decían: «¡Lenin, Jaruzelski, asesinos!» No voy a defender a Jaruzelski, creo que él se puede defender a sí mismo. Pero qué significa que en una ciudad de un país cuya liberación del fascismo costó la sangre de medio millón de soldados soviéticos —y pongo a un lado los errores de política internacional que en otros tiempos pueda haber cometido la Unión Soviética con relación a Polonia, simplemente me remito al hecho real de que medio millón de soviéticos murieron luchando junto al pueblo polaco por la liberación de Polonia—, y que se llame a Lenin «asesino», al fundador del primer estado socialista, que abrió la primera gran brecha de liberación a los pueblos del mundo; al fundador del primer estado socialista, cuya revolución hizo posible la desaparición del colonialismo, y que más de 100 estados hayan alcanzado su independencia, que más de 100 antiguas colonias hayan alcanzado su independencia. Qué repugnante llamar «asesino» a Lenin, cuyo pueblo alcanzó la victoria, liberó al mundo del fascismo con el sacrificio de 20 millones de muertos entre sus mejores hijos; es realmente amargo.

Pero, claro, eso multiplica la euforia del señor Bush, multiplica su triunfalismo, multiplica la hostilidad imperialista contra Cuba y la multiplica mucho; porque si el señor Bush parte de la premisa de que el socialismo está en su ocaso, que la comunidad socialista se va a desintegrar, qué pensará con relación a Cuba, esta Cuba firme, esta Cuba valiente, esta Cuba heroica, esta Cuba que ni se rinde ni se vende. Si se parte de esa premisa, por qué cambiar la política con relación a Cuba.

Lleva a cabo la política de paz contra las grandes potencias y de guerra contra los pequeños pueblos progresistas. Lleva a cabo la política a partir de esa premisa de que, si el socialismo se desintegra, Cuba no podría resistir, la Revolución Cubana desaparecería; y ese razonamiento multiplica el espíritu agresivo y la hostilidad del imperialismo yanki contra nuestro pueblo, contra nuestra Revolución, contra nuestra patria.

Estas son verdades. Por eso ahora vemos al imperio más insolente que nunca, más facineroso que nunca, más amenazante nunca.

Imagínense ustedes qué ocurriría en el mundo si la comunidad socialista desapareciera. De acuerdo con esa hipótesis, si eso fuera posible —que no lo creo posible—, las potencias imperialistas se lanzarían como fieras sobre el Tercer Mundo; se repartirían de nuevo el mundo, como en los peores tiempos antes de que surgiera la primera revolución proletaria; se repartirían el petróleo, los recursos naturales y los recursos humanos de miles de millones de personas en el mundo; convertirían de nuevo en colonias las tres cuartas partes de la humanidad.

Pero ni aun así la lucha cesaría, ni aun así los pueblos jamás aceptarían; los pueblos seguirían luchando, tal vez más que nunca, ¡y en la primera fila de esa lucha estaría nuestro pueblo, estaría nuestra patria, estaría nuestra Revolución! (APLAUSOS PROLONGADOS)

Naturalmente que las mayores ilusiones se las hace el imperialismo y se las hace Bush a partir de las dificultades que está atravesando la Unión Soviética, baluarte fundamental de la comunidad socialista. Es cierto que la URSS está atravesando dificultades, no es un secreto para nadie, y el sueño de los imperialistas es que la URSS se desintegrara.

Hay dificultades y son crecientes las tensiones y los conflictos entre las nacionalidades de la URSS; son evidentes igualmente las tensiones internas dentro de la URSS, y hemos sido testigos de la huelga de cientos de miles de mineros del carbón en Siberia, en Donestsk y en otros lugares. Esas noticias llenan de felicidad a la reacción mundial, esas noticias llenan de felicidad al imperio.

Nosotros, en estos días, hemos recibido un mensaje muy caluroso y muy fraternal de la Unión Soviética, en nombre del Partido, del Gobierno y del Estado soviéticos. Nuestro sentimiento de amistad con el pueblo soviético y de reconocimiento al papel de ese gran país es enorme, ustedes lo saben; también nuestro infinito agradecimiento hacia ese país.

Nuestros más fervientes deseos es que los soviéticos logren superar sus dificultades, logren reconstruir su unidad y logren mantener y elevar el gran rol que ese país ha jugado en el mundo.

Los problemas de la Unión Soviética es algo que preocupa extraordinariamente a todos los países del Tercer Mundo, a las antiguas colonias, a aquellos pueblos que no quieren volver a ser colonizados, porque en la URSS estuvo su fundamental y más firme aliado.

Al ver esos problemas, los círculos imperialistas sueñan con un imperio de 1 000 años, como en su tiempo soñó Adolfo Hitler con relación a su III Reich. Pensaba que duraría 1 000 años y duró, realmente, muy poco. Es posible que en los círculos más reaccionarios del imperialismo se estén repitiendo esos sueños, que estoy seguro de que no durarán tampoco mucho tiempo.

Esto no es cuestión de armas nucleares, de cohetes de un lado y de otro, o de arreglos para el desarme nuclear; nos alegramos muchísimo si se eliminan tales armas, pero la independencia de nuestro pueblo dependió siempre y depende de nosotros, no depende de cohetes nucleares de la Unión Soviética ni de nadie.

Recuerdo la Crisis de Octubre y una frase que utilizamos en la Crisis de Octubre: «No tenemos cohetes estratégicos, pero tenemos cohetes morales.» Esas son las armas con que se defienden los pueblos. Creo en los pueblos, y creo más que nunca en los pueblos como creo en mi pueblo, y sé de lo que es capaz nuestro pueblo (APLAUSOS PROLONGADOS).

Aquí, razonando muy fríamente, como hay que razonar con el pueblo y en una fecha como hoy, en un minuto histórico como el que vive hoy el mundo, debemos pensar, debemos razonar. ¿Acaso vamos a detener nuestra marcha? ¿Acaso vamos a detener este colosal esfuerzo? ¡No! ¡Jamás! ¿Ante las realidades cerraremos los ojos? ¡No! ¡Jamás! ¿Ante las realidades meteremos la cabeza, como el avestruz, en un hueco? ¡No! ¡Jamás!

Tenemos que ser más realistas que nunca. Pero tenemos que hablar, tenemos que advertir al imperialismo que no se haga tantas ilusiones con relación a nuestra Revolución y con relación a la idea de que nuestra Revolución no pudiera resistir si hay una debacle en la comunidad socialista; porque si mañana o cualquier día nos despertáramos con la noticia de que se ha creado una gran contienda civil en la URSS, o, incluso, que nos despertáramos con la noticia de que la URSS se desintegró, cosa que esperamos que no ocurra jamás, ¡aun en esas circunstancias Cuba y la Revolución Cubana seguirían luchando y seguirían resistiendo! (APLAUSOS PROLONGADOS)

¡Cuba y la Revolución Cubana resistirían! Lo digo, y lo digo con calma, con serenidad y con toda la sangre fría del mundo. Es hora de hablarles claro a los imperialistas y es hora de hablarle claro a todo el mundo. Nosotros no bromeamos.

¿Qué nos puede asustar a nosotros, si hace 27 años casi conocimos de la experiencia de la Crisis de Octubre? Por ahí andan los historiadores recogiendo papeles y dando sus versiones. Todavía nosotros no hemos dado la nuestra. Sí, asistimos a una reunión allá por Moscú donde había norteamericanos, personajes de aquella época, soviéticos y algunos cubanos. Nosotros no hemos dado todavía nuestra versión ni hemos sacado nuestros papelitos, aunque también tenemos papelitos. Hay una cosa que es evidente: vivimos aquella experiencia, y no recuerdo haber visto a un solo cubano vacilar. Los cubanos se resistían a cualquier concesión al imperialismo, y los cubanos de aquella generación —gran parte de la cual sobrevive, a la cual se han unido nuevas generaciones muy bien formadas, con una gran conciencia política— estuvieron dispuestos a morir sin vacilación alguna. ¡Morir antes que retroceder! ¡Morir antes que ceder! (APLAUSOS PROLONGADOS)

¿Qué puede asustar a nuestro pueblo revolucionario? No hay nada en el mundo que pueda hacer vacilar, que pueda asustar a nuestro pueblo revolucionario.

Hace rato ya, hace algo más de ocho años, cuando el señor Reagan irrumpió con grandes amenazas contra Cuba, que nosotros nos olvidamos de los libritos académicos sobre la guerra. Aceptamos, sí, toda la experiencia positiva, toda la experiencia de la guerra convencional, y adoptamos la doctrina de la defensa del país y el concepto revolucionario de la guerra de todo el pueblo; y todo el mundo sabe cuál es ese concepto, porque todo el mundo participa de ese concepto, que es la filosofía de lo que debe hacer nuestro país en cualquier circunstancia, de lo que haría en caso de bloqueo total que no permitiera entrar ni un litro de combustible, ni un grano de alimento, qué haríamos, y sabemos qué haríamos, lo sabemos muy bien, y sabemos que resistiríamos. Caso de guerra de desgaste, sabemos qué haríamos, y sabemos cómo resistiríamos; caso de invasión y ocupación del país por las tropas yankis, sabemos cómo resistiríamos, cómo lucharíamos y qué haríamos. Y sabemos que, más tarde o más temprano, el precio sería tan alto para los agresores que tendrían que marcharse de nuestro país (APLAUSOS).

En el concepto de la defensa, hace rato que hemos aprendido a contar solo con nuestras propias fuerzas, y sabemos que en caso de un bloqueo total no entra ni un litro de combustible, ni un grano de alimento, ni una bala; la URSS no tendría fuerzas convencionales con las cuales romper ese bloqueo a miles de millas de sus fronteras, y ningún país puede confiar a otro su defensa, un país solo puede confiar su defensa a sí mismo.

De modo que nuestras mentes, nuestras ideas, nuestros conceptos están elaborados y desarrollados. ¿Y qué creen, que perdemos el sueño? ¿Qué creen, que nos llenamos de incertidumbre ante todas esas premisas y todas esas hipótesis? Que se quiten la telaraña del cerebro, que nosotros sabemos lo que somos, lo que tenemos, lo que podemos; sabemos con lo que contamos, de modo que estamos tranquilos. ¡Ni lo peor nos asusta, ni la peor premisa, ni la peor hipótesis! Pero como vivimos en este mundo y en este planeta, tenemos que conocer las realidades y tenemos que meditar sobre las realidades.

El futuro presenta amenazas debido a esa política imperialista, a esas creencias, a esa idea eufórica de que el socialismo está en el ocaso y llegaría el momento de cobrarle a Cuba el precio de más de 30 años de Revolución. ¡Aquí no podrán cobrar nada!

Y esto no es de ahora, es desde hace mucho tiempo, y ya lo dijo Maceo: qué le correspondería al que intentara apoderarse de Cuba.

¡Este es el mismo país y es el mismo pueblo de Céspedes y de Martí (APLAUSOS); este es el mismo país y el mismo pueblo de Agramonte y de Máximo Gómez (APLAUSOS); este es el mismo país y el mismo pueblo del Titán de Bronce Antonio Maceo (APLAUSOS); este es el mismo país y el mismo pueblo de Yara y de Baire (APLAUSOS); este es el mismo país y el mismo pueblo de la Protesta de Baraguá (APLAUSOS); este es el mismo país y el mismo pueblo del Moncada, de Girón y del internacionalismo, solo que con una conciencia revolucionaria tan alta como nunca la tuvo jamás (APLAUSOS PROLONGADOS); y este pueblo y este país sabrán ser consecuentes con su gloriosa historia!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(OVACION)

*Fuente; Cuba  (A través de este enlace puede acceder al texto completo del discurso)

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Fidel, 26 de julio 1989: Si la URSS se desintegrara, "¡aun en esas circunstancias Cuba y la Revolución Cubana seguirían luchando y seguirían resistiendo!"

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