Ernesto Grendy: el rostro del teatro obrero que iluminó Iquique y la pampa
por Iván Vera-Pinto Soto (Iquique, Chile)
7 meses atrás 5 min lectura
16 de marzo de 2026

En aquellos días en que Iquique se mecía al compás del “Zorzal Criollo” (Carlos Gardel), una lámpara titilante iluminaba un improvisado tablado. Un viento salino llegaba del mar, cortando el aire, mientras los obreros, exhaustos tras largas faenas, se acomodaban en las bancas de madera. Murmullos, risas contenidas y el roce de guitarras afinándose llenaban la penumbra con expectativa. Entre sombras y luces cálidas surgía un hombre de voz firme y mirada intensa: Ernesto Grendy, actor iquiqueño destinado a convertirse en faro del teatro obrero del norte chileno.
Su nombre —a veces escrito Grendi o Grandy en crónicas y testimonios— quedó inscrito en la historia de un fenómeno cultural que enlazó la ciudad portuaria con las oficinas salitreras del interior. Desde los salones de Iquique hasta los improvisados tablados de la pampa, este emblemático actor tejió vínculos de emoción, enseñanza y legado entre los trabajadores.
Iquique: puerto, ciudad obrera y escenario cultural
A comienzos del siglo XX, Iquique era un hervidero de voces y movimientos. El auge del salitre convirtió al puerto en cruce de caminos de comerciantes, inmigrantes, artistas y obreros. Sus calles vibraban con teatros, sociedades mutualistas, periódicos obreros y centros culturales donde se debatían ideas políticas y sociales.
En este entorno, la cultura se volvió herramienta de conciencia. Luis Emilio Recabarren comprendió temprano que el arte podía formar al trabajador. En uno de sus textos señalaba:
“Queremos que el obrero piense, que estudie y que se cultive; por eso impulsamos bibliotecas, conferencias y también el teatro, porque el arte educa y despierta la conciencia” (Recabarren, 1910, p. 45).
Así surgieron centros culturales, filarmónicas, bibliotecas obreras y agrupaciones teatrales que encontraron en esta ciudad un punto de partida para su expresión artística y compromiso social.
Un actor formado en las tablas
Los primeros años de Ernesto Grendy están envueltos en fragmentos y recuerdos dispersos. Se sabe que, siendo joven, viajó con una compañía europea como asistente del actor español Bernardo Jambrina.
En España y Francia conoció el funcionamiento de las compañías itinerantes, adquirió experiencia escénica y aprendió la disciplina escenica. Al regresar a Iquique, encontró una urbe donde el teatro popular comenzaba a afirmarse como expresión del movimiento obrero, lista para recibir su energía y talento.

“Arte y Revolución”: del puerto a la pampa
En ese contexto surgió el conjunto “Arte y Revolución”, creado por Recabarren, vinculado a centros obreros y sindicatos. Grendy asumió la dirección del elenco y organizó funciones en sedes sindicales y recintos culturales de la ciudad.
La compañía reunía actores y músicos de la comunidad artística popular: Rolando Caicedo, Ernesto Jiménez, Manuel Cabezas (actor cómico), Ángela Cáceres, Julia Cáceres, Victoria García y Julio García (guitarrista).
Las veladas combinaban teatro, música y declamación, comenzando con conferencias culturales o políticas y culminando en números musicales y bailes populares. El investigador Pedro Bravo-Elizondo subraya su relevancia:
“Las agrupaciones teatrales de trabajadores constituyeron uno de los fenómenos culturales más interesantes del norte salitrero, pues integraban arte, educación popular y conciencia social” (Bravo-Elizondo, 2008, p. 214).
La pampa y los escenarios improvisados
Desde Iquique, el conjunto emprendía giras hacia las oficinas salitreras del interior. Las travesías podían durar semanas. En 1932, el grupo visitó Peña Chica, San José y Santa Laura, entre otros lugares, permaneciendo días ante el entusiasmo del público obrero.
Como se desprende del testimonio de Lafertte (1971), las veladas culturales funcionaban como verdaderas instancias de encuentro, donde confluían discursos, poesía, música y teatro.
Tras las obras, los tangos, guitarras y fox-trots prolongaban la celebración hasta la madrugada, llenando la pampa de música y alegría.
Teatro como conciencia y enseñanza
El repertorio abordaba dramas sociales, sainetes y adaptaciones de obras españolas. Las historias reflejaban injusticias, pobreza y solidaridad entre trabajadores. Así, el teatro obrero cumplía una doble función: entretener y educar.
Actores aficionados transformaron los tablados en verdaderas escuelas de aprendizaje, inspiración y comunidad. El teatro pampino se consolidó como una de las expresiones culturales más ricas del norte chileno, uniendo arte y conciencia social.
Ernesto Grendy: rostro del norte chileno
Aunque gran parte de la documentación se ha perdido, el nombre de Ernesto Grendy sigue vivo en la memoria cultural de Iquique. Guillermo “Willie” Zegarra Figueroa recuerda:
“De esta ciudad, también es necesario recordar actores que formaron grupos y recorrieron con su arte la totalidad de las salitreras activas en su época. Ellos serían: Alfonso Johnson, Julio García, Ernesto Grendy, Rolando Caicedo y los hermanos Luis y José Paoletti” (Zegarra, 1987, p. 34).
Y agrega:
“Los cultores de este arte en las salitreras sobrepasan una centena… todos ellos presentaron espectáculos artísticos premiados con calurosos aplausos del público” (Zegarra, 1987, p. 35).
Desde los locales de Iquique hasta los confines de la pampa, Ernesto Grendy no solo llevó obras a los trabajadores: llevó esperanza, inspiración y legado. Su voz resonaba allí donde el teatro transformaba la rutina en celebración. Cada aplauso, cada sonrisa, cada silencio expectante tejía comunidad y aprendizaje.
Imaginar a Grendy en escena es contemplar un hilo que enlaza el puerto con el desierto, la ciudad con la pampa, el pasado con la memoria viva. Su presencia sigue latiendo en el corazón del norte chileno, recordándonos que el teatro no solo divierte, sino que se transforma en un acto de dignidad y enseñanza que perdura más allá del tiempo.
Bibliografía citada:
- Bravo-Elizondo, P. (1991). Raíces del teatro popular en Chile. Guatemala: Impresos D & M.
- Lafertte, Elías. (1971). Vida de un comunista: páginas autobiográficas. Santiago de Chile: Empresa Editora Austral.
- Recabarren, L. E. (1910). La cuestión social. Iquique: Imprenta del Pueblo.
- Zegarra, G. W. (1987). Artistas de las calicheras. Revista Regional de Tarapacá, 12, 34–35.
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