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Gaza – Miles de palestinos evaporados por Israel con bombas térmicas y termobáricas estadounidenses

Gaza – Miles de palestinos evaporados por Israel con bombas térmicas y termobáricas estadounidenses
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Imagen superior: Restos en Gaza de una bomba termobárica de producción norteamericana

12 de febrero de 2026

Según una investigación realizada por este medio de comunicación qatarí, el ejército israelí utilizó en Gaza armas térmicas y termobáricas estadounidenses capaces de reducir a cenizas sus objetivos.

En el momento del impacto, la explosión alcanza una temperatura y una presión tales que el cuerpo humano se evapora, desaparece. Según una investigación realizada por Al Jazeera, 2842 palestinos habrían sido borrados de la superficie en los bombardeos del ejército israelí contra el enclave de Gaza durante la última guerra.

Estos ataques se habrían llevado a cabo con municiones térmicas y termobáricas de fabricación estadounidense, una tecnología cuya temperatura puede alcanzar los 3500 grados centígrados en el momento del impacto y cuya onda expansiva no deja casi ningún rastro de sus víctimas. No obstante, un experto militar estadounidense matiza las conclusiones de la investigación de Al Jazeera.

En su investigación publicada el 9 de febrero, el equipo de investigación del medio de comunicación qatarí recoge las cifras de la Defensa Civil de las autoridades palestinas en Gaza.

En el enclave palestino, para contabilizar estas «desapariciones», el portavoz de la Defensa Civil, Mahmoud Basal, explica a Al Jazeera que sus equipos utilizan un método «por eliminación»: comparan la cantidad de ocupantes de una casa atacada con la cantidad de cuerpos encontrados y cuentan como «evaporados» a los que faltan, después de una búsqueda «exhaustiva» de rastros biológicos, «manchas de sangre en las paredes o pequeños restos».

El uso de armas termobáricas —del griego antiguo, que significa calor y presión— ya tiene precedentes: las fuerzas rusas, pioneras en la materia, ya las utilizaban en la época soviética, en la década de 1990, principalmente en Afganistán, con el lanzamisiles TOS-1 «Solntsepek», contracción de las palabras rusas «sol» y «cocinar». Se trata de un arma perfeccionada a lo largo de los años y cuyo uso contra las fuerzas ucranianas en febrero de 2022 dejó una huella especialmente profunda.

En 2013, en plena guerra civil siria, la ONG Human Right Watch acusó al régimen de Bashar al-Assad de haber utilizado en numerosas ocasiones bombas incendiarias y termobáricas contra su propia población.

Un «crimen de guerra»

A diferencia de las armas de submuniciones de racimo —utilizadas por Israel en junio de 2025 en Irán y en 2006 en el Líbano—, claramente prohibidas por el derecho internacional, las tecnologías termobáricas no están explícitamente prohibidas cuando se utilizan contra objetivos militares. Sin embargo, su excepcional potencia, capaz de generar una auténtica bola de fuego al dispersar una gran cantidad de líquido inflamable en el aire antes de explotar, ha provocado regularmente la muerte de civiles, según Al Jazeera. La falta de diferenciación de estas armas entre un elemento armado y un civil «constituye un crimen de guerra», recuerda la abogada Diana Buttu, entrevistada por Al Jazeera.

En un estudio del Unidir (Instituto de las Naciones Unidas para la Investigación sobre el Desarme), la investigadora Maya Brehm [que, entre otras tareas, es asesora jurídica del Comité Internacional de la Cruz Roja en la unidad de Armas y Conducción de Hostilidades] señala la capacidad «incendiaria» de estas armas termobáricas, reguladas por el Protocolo sobre la prohibición o limitación del empleo de armas incendiarias (Protocolo III) firmado en Ginebra en octubre de 1980. Recuerda que «las organizaciones de la sociedad civil instan cada vez más a los Estados a modificar este protocolo» y a «imponer normas más estrictas para tratar adecuadamente los graves daños persistentes causados por las armas incendiarias».

Según la investigación de Al Jazeera, en los ataques en los que los cuerpos resultaron vaporizados se utilizaron bombas de fabricación estadounidense, como las MK-84, bombas de más de 900 kg lanzadas desde aviones de combate y cuya explosión alcanza un radio de 300 metros. El medio de comunicación menciona otras municiones como la GBU-39 y la BLU-109 bunker buster, famosa por haber sido utilizada, en particular, en el asesinato del secretario general de Hezbolá, Hassan Nasrallah, en septiembre de 2024 en los suburbios del sur de Beirut.

«Al-Jazeera se equivoca completamente»

Desde un punto de vista químico, Al Jazeera explica, a través del director del Ministerio de Salud palestino en Gaza, el Dr. Mounir el-Bursh, que «la exposición del cuerpo a una energía de más de 3000 grados, combinada con una presión masiva y la oxidación», hace que «los tejidos se vaporicen y se reduzcan a cenizas». La investigación añade que, para prolongar el tiempo de combustión, las bombas contienen polvos químicos, entre ellos «tritonal», una combinación de TNT y polvo de aluminio.

«Al-Jazeera se equivoca completamente en lo que respecta a la ciencia fundamental», alerta en Bluesky Trevor Ball, investigador de la ONG británica Bellingcat, especializada en la verificación de hechos basados en fuentes abiertas. Antiguo miembro de una unidad del Ejército de los Estados Unidos encargada de la detección y desactivación de artefactos explosivos, explica que el fenómeno de evaporación de los cuerpos se debe a la onda de choque provocada por la explosión y no a la temperatura alcanzada. «Los cuerpos desintegrados por explosiones son una realidad, pero se debe a la presión creada, no a los efectos térmicos del calor».

Traducción de Correspondencia de Prensa, 12-2-2026

-Artículo original publicado en L’Orient-Le Jour, 11-2-2026

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