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Memoria histórica: Chile es para los americanos

Memoria histórica: Chile es para los americanos
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23 de enero de 2026

A pesar de haber vivido las consecuencias de la intervención del gobierno norteamericano en Chile, la que termino con el golpe de estado civil militar en 1973, en los debates políticos de la izquierda el imperialismo pasó a segundo plano, se estimó que era una categoría del pasado frente a la importancia de la globalización de la economía a nivel mundial y del proceso político ideológico de renovación de la izquierda. Con ello la izquierda en Chile entro en un proceso de redefinición ideológica y estratégica, con parte de ella alejándose de las posturas revolucionarias que les caracterizo por décadas, un debate que también dejo atrás el rol del imperialismo en el nuevo siglo 21 afirmando que la paz mundial y el entendimiento había llegado a configurar un mundo nuevo.

Así fue que nos olvidamos de que las guerras son un instrumento imperialista, que los conflictos armados son usados por potencias hegemónicas para expandir su control económico, político y territorial, para asegurar mercados, materias primas y establecer dominio financiero. En la práctica lo que hicimos en nuestro continente y en nuestro país fue renunciar a la idea que las intervenciones militares lideradas por Estados Unidos son una continuación de su política económica y militar imperialista, lo que es un absurdo frente a lo que estamos viviendo desde los primeros años del siglo XXI, con guerras brutales en Afganistán, Irak, Libia, Gaza, para los que nuestra opinión es tibia o subordinada.

Lo anterior valida, aunque a muchos esto no les gusta, lo escrito por K Marx (en el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, donde analiza el golpe de Estado de Napoleón III como una imitación fallida del golpe de Napoleón I) que «La historia se repite, primero como tragedia y después como farsa». Una afirmación certera que se reafirma con la administración de Donald Trump, quien en su primer mandato fue una tragedia y que estuvo a punto de terminar en un baño de sangre en Estados Unidos, para luego y a pesar de esto, cuatro años después el mismo político republicano regresa y obtiene la presidencia del país con una victoria incontestable. Así mientras ya no se hablaba de imperialismo o se lavaba su imagen, el retorno de Trump nos lo recuerda con fuerza, presenciando amenazas e intervenciones militares que han sobrepasado todas las reglas de respeto a las normas de convivencia internacional y a la soberanía de los países, guerras e intervenciones que tienen al mundo al borde de un conflicto bélico mayor.

Este contexto político impacta en nuestro país, incentiva a los partidos y liderazgos de derecha y ultraderecha quienes con discursos de odio y utilizando el negacionismo del pasado reciente llegaron al gobierno, reivindicando abierta o solapadamente las bases fundamentales, económicas y políticas, de la dictadura civil militar que hace más de cinco décadas nos impusieron a balazos. Lo que sin lugar a duda es desconcertante y más aún   porque la ultraderecha gano las elecciones en una contienda democrática, un hecho que nos invita a una profunda reflexión para encontrar respuestas serias del porqué las ideologías fascistas que pensamos habían quedado en el pasado, hoy vuelven con fuerza   después de décadas en el invernadero al parecer bien activo.

Y es preocupante porque lo hacen adaptándose a la democracia sin renunciar a la férrea   defensa que hacen del pasado dictatorial, promoviendo el autoritarismo, el enfrentamiento, el insulto y la manipulación como su forma de hacer política, ejemplo claro de ello es la campaña agresiva del partido y del candidato que llego a la presidencia basada en la mentira, construyendo la imagen falsa de un país en crisis “que se cae a pedazos”. Con lo que se presentan ante la opinión pública como un “gobierno de emergencia”, “de unidad nacional” “como los salvadores de Chile”, como los “únicos” que pueden restablecer la ley y reprimir al “enemigo comunista” para “devolver la grandeza al país”, toda una diatriba que nos recuerda los primeros llamados de la junta militar para instalar un modelo económico y de país basado en la represión y en la eliminación de derechos ciudadanos.

Son los olvidos intencionados y oportunistas de la historia reciente lo que nos llevará a enfrentar una vez más, las consecuencias de un gobierno con políticos y dirigentes que no ocultan su admiración por “la obra de Pinochet” y que, en su imaginario, el comunismo y la izquierda son sus enemigos. Por eso vale la pena y es necesario recordar que ese pasado que admiran con tanta fuerza incluye también la aceptación, sin cuestionamientos, de la intervención extranjera para imponer sus objetivos, algo que han ocultado por décadas, que la derecha y sus aliados se subordinaron al gobierno de Estados Unidos para derrocar a un gobierno democrático y asesinar a nuestro presidente Salvador Allende.

Esto indudablemente que cobra interés y actualidad con la actual ofensiva imperialista de reclamar a nuestro continente como “su patio trasero”[1], utilizando esa doctrina como argumento de la grosera acción militar con la que recientemente invadieron Venezuela. Un  país soberano, para secuestrar a su  presidente y llevarlo a  Estados Unidos para ser juzgado, es decir y en simple, armaron una operación militar para sacar del medio al “obstáculo”, que como los hechos demuestran, le impedía a la administración Trump tener acceso ilimitado a las extraordinarias reservas de petróleo .

Fue precisamente esa doctrina, “Monroe”, la que le aplicaron a Chile cuando el gobierno norteamericano decidió organizar y financiar el golpe de estado en contra de un gobierno legítimo y democrático, una intervención que solo fue posible con una base de apoyo político y de traiciones a todo nivel, sembrada por la CIA desde antes que Allende asumiera el gobierno. Esto es una verdad inobjetable, que el imperio norteamericano derroco a Salvador Allende, comprando a políticos, a militares, a dirigentes sociales (camioneros) desarrollando una violenta guerra sicológica a través de El Mercurio cuyo director fue pagado para esos fines.

En su última alocución al país, mientras los aviones de la Fuerza Aérea bombardeaban el palacio presidencial con la intensión de asesinarlo junto a todos los valientes que resistían ese ataque criminal, denunció con una claridad y una visión extraordinarias afirmando que

En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección. El capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara Schneider y que reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas, esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios”.

Son palabras que no solo nos llevan al pasado, sino que obligan a pensar en lo que sucede en el país y en el mundo en la actualidad, porque son un recordatorio de como Estados Unidos impuso sus intereses imperialistas en Chile, amparándose en la doctrina Monroe, es decir, reclamando por medio de la violencia militar la posesión y tutelaje sobre nuestro país, eso fue lo que se vio reflejado con el cobarde bombardeo, en 1973, a La Moneda, a las poblaciones, a las fábricas de los cordones industriales. Es cierto que el imperio norteamericano no se apodero de Chile a través de una intervención militar directa, porque no necesitó invadirnos, pero utilizó una forma más vergonzosa para lograr sus objetivos, sobornando a las cupulas políticas y empresariales nacionales, utilizando a los militares para ocupar el país y eliminar toda oposición a sus objetivos, asegurándose de establecer el control político a través de una Junta Militar, para luego refundar el país e imponer un modelo económico afín a sus intereses.

Pero Allende en su último y valiente llamado de futuro, antes de ser asesinado, hace mención a las Fuerzas Armadas de Chile, nos dice lo que sucedió, que el gobierno de Estados Unidos de la época a través de la CIA actuó corrompiendo la doctrina militar chilena, sobornando a la cúpula militar, la que tenía el mando de las FF AA, quienes en nombre del patriotismo traicionaron a su patria identificando a un enemigo inexistente que según ellos amenazaba la patria, “el comunismo”. [2] Nos recuerda también el cobarde asesinato del General René Schneider, comandante en jefe del Ejército, quien fue ejecutado por terroristas de Patria y Libertad, una organización de ultraderecha que actuó coludida con oficiales del ejército de Chile, en una acción planificada y financiada por la CIA con el objetivo de impedir que Allende asumiera la presidencia de la república  en octubre de 1970,[3] un crimen digitado por agentes extranjeros sobre el cual el ejército de Chile nunca ha pedido explicaciones a los gobiernos de Estados Unidos.

Un crimen que la derecha y sus aliados han intentado borrar o tergiversar porque demuestra que el jefe del ejército de Chile fue asesinado producto de una confabulación traicionera, en cuya planificación participaron oficiales de las FF AA, militares que actuaron con la misión encomendada por el gobierno norteamericano de eliminar todo estorbo que impidiera derrocar a Salvador Allende, que es la razón por la que el general Schneider fue asesinado, por considerarlo como un obstáculo para los objetivos norteamericanos en Chile, porque según la casta traidora civil militar, este, junto a Salvador Allende, estaban “llevando al país al comunismo”.

Estos hechos son un recordatorio histórico necesario, porque son una alerta frente a la repetición de la historia, lo que cobra vigencia con el discurso agresivo del imperio norteamericano, el cual reedita los objetivos neocoloniales de apropiarse de los territorios y recursos de nuestros países. Lo que nos lleva a decir que, si en el pasado la derecha, las cupulas políticas y empresariales, el gobierno de Estados Unidos de la época y sus aliados en Chile, incluyendo a los mandos superiores de las FF AA utilizaron a los militares para cumplir con el mandato imperial y como el brazo armado de la dictadura civil militar, la no repetición no está asegurada.

En suma, la revalidación de la doctrina Monroe 2.0, cuyos principios continúan afincados en la doctrina con la cual se forman hoy los militares chilenos, están vigentes lo que enciende una luz de alerta y que irremediablemente nos recuerda que la tragedia de la dictadura vivida durante 18 años continúa siendo una amenaza latente para la paz y la futura democracia chilena. Así entonces para los que piensan que “estamos vacunados” contra ese riesgo y lo miran desde lejos, al parecer no ven o no quieren ver que la presencia de la ultraderecha pinochetista en la presidencia y en el congreso, cuya base ideológica está en el pasado dictatorial, constituye un riesgo para la democracia.

Así es entonces los escritos de Karl Marx, que se refieren a que los eventos históricos que vivimos con la dictadura civil militar, como una tragedia, hoy cuando sus herederos lo pretenden imitar o revivir, se convierte en una farsa o en una parodia. Porque es indudable que la ultraderecha mira con admiración el Chile que sus antecesores, crearon y sostuvieron con una dictadura criminal y corrupta, en particular un modelo económico que no funciona, sino es, con un estado puesto al servicio de los grupos económicos que controlan la economía nacional, reduciendo impuestos y desregulando la economía y el mercado para satisfacer sus intereses, medidas que conllevan a recortes del gasto social y por ende la afectación de derechos que tienen que ver con la calidad de vida de la población. Lo que no excluye la restricción de libertades y la represión de opositores.

Enrique Villanueva M

Notas:

[1] Doctrina Monroe de 1823, la que prohibía la interferencia europea en el hemisferio y luego se perfecciona con el corolario Roosevelt en 1904 . Doctrina que se actualiza en la versión Trump para asegurar recursos y mercados en Latinoamérica.

[2] Cabe señalar que hay suficiente información para afirmar que la CIA intervino en Chile para derrocar al gobierno de Salvador Allende, cumpliendo el mandato y la decisión política del Gobierno de EE. UU. de la época, antecedentes que demuestran el empleo de recursos económicos a destajo para sobornar a sus aliados políticos en el país, a militares, dirigentes de partidos, sindicalistas entre otros.

[3] Salvador Allende fue ratificado por el Congreso chileno en 1970 porque, aunque no obtuvo mayoría absoluta en la elección popular, era el candidato con primera mayoría y la Constitución de 1925 obligaba al Congreso Pleno a elegir entre las dos primeras mayorías.

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