Los chalecos amarillos de Francia y los azules sin chaleco en Venezuela
por Isaac Bigio (Inglaterra)
7 años atrás 6 min lectura
En París y otras partes del país galo ya se han dado durante 28 sábados consecutivos grandes demostraciones en las cuales han participado decenas o cientos de miles de personas, muchas de ellas portando chalecos amarillos, pidiendo acabar con las políticas globalizantes y neo-liberales, las privatizaciones y la elevación de los combustibles, aumentar los impuestos a las fortunas y elevar los salarios. Estas protestas realmente han tomado las calles de la capital y de varias urbes en Francia, habiendo generado cerca de 3,000 heridos y 10 muertos.
Los chalecos amarillos piden la salida del presidente francés Emmanuel Macron quien apoya con todo las manifestaciones que en Venezuela lidera Juan Guaidó, quien por tercer sábado consecutivo ha venido organizando protestas contra la detención de Edgar Zambrano, vicepresidente de la Asamblea Nacional.
Guaidó no hace sus protestas en el centro de Caracas ni en barrios populares, y a sus concentraciones solo van decenas de personas, tal como se puede ver en las fotos y videos que él mismo coloca en su twitter y tal cómo los periodistas de sus medios más cercano (La Patilla y VPI TV) lo reconocen. En todos estos tres últimos sábados no se han reportados heridos ni choques.
Sin embargo, sí hubo violencia en Venezuela cuando el 30 de abril algunos uniformados se sublevaron para liberar a Leopoldo López, el principal preso condenado por terrorismo, y aparecer con él y con Guaidó en una autopista de Altamira al este de Caracas instando a tomar la base aérea adyacente y otras militares y marchar con las multitudes hacia el Palacio de Gobierno.
Todos los alzados en armas aparecieron junto a Guaidó con lazos azules atados a sus brazos. Dicho intento de golpe fracasó y a las pocas horas López y los pocos soldados insubordinados se asilaron. Guaidó ha pedido a sus seguidores que coloquen cintos azules como muestra de desafío.
Al día siguiente Guaidó había amenazado con realizar en ese primero de mayo la mayor marcha del mundo y también de la historia venezolana, pero muy pocos asistieron. Ocho días después la policía detuvo al segundo de Guaidó por participar en dicho golpe militar, y casi nadie salió a protestar.
Entre los chalecos amarillos del Atlántico norte y los cinturones azules más al sur de dicho océano hay un mar de diferencias programáticas. Mientras en Francia el gobierno aplica alzas a los carburantes, exoneraciones tributarias a los ricos y medidas de corte monetarista, en Venezuela el gobierno tiene los precios más bajos del hemisferio para carburantes, luz y agua, tiene significativos impuestos a las grandes fortunas y tiene una política económica proteccionista contrapuesta a una neo-liberal.
Mientras los chalecos amarillos son un movimiento sin una cabeza visible, de naturaleza horizontal y que parte desde los sectores más bajos de la sociedad, los cinturones azules solo tienen un portavoz (Guaidó), es totalmente vertical (Guaidó fue impuesto por Donald Trump y sigue lo que sus funcionarios dictaminan) y ha emergido directamente como expresión de los sectores más ricos no solo de su país sino del mundo.
Ninguno de los chalecos amarillos se ha autoproclamado como presidente y ninguna de las democracias del planeta llama a sancionar a Macron o a pedirle que renuncie. En cambio, la mayor parte de las democracias amigas de Macron sí reconocen como presidente a alguien quien nunca ha sido electo por el pueblo, que nunca participó en ninguna elección general, que tampoco nunca compitió contra otro adversario para llegar a ser el vocero de su pequeño partido en la Asamblea Nacional y luego el presidente de esta y después el de supuesto “presidente encargado” de su país. Es más, este último título se lo auto-colocó en una manifestación proselitista sin discutirlo previamente con la propia Asamblea Nacional y lanzándose a hacer ello solamente porque el hombre más poderoso del planeta (Donald Trump) se comprometió a reconocerlo a los 10 minutos exactos en que él se auto-juramentó en una plaza pública y se impuso ello como hecho consumado al resto de la oposición y los gobiernos cercanos a EEUU.
El supuesto “presidente encargado” de Venezuela es alguien que nunca ha nombrado ministros o portavoces pues no los necesita ya que él es solo el canal por el cual se expresa todo el aparato de la Casa Blanca y el Pentágono.
Mientras los chalecos amarillos movilizan masas, Guaidó no mueve gente y hoy toda su estrategia se basa en amenazar con una intervención y ocupación militar extranjera como la única forma de derrocar a su adversario, el cual ha demostrado tener mucho más apoyo popular.
De Nicolás Maduro él podrá decir de todo: que es un dictador, el causante de la catástrofe económica, un narcotraficante y agente del comunismo cubano, etc. Sin embargo, mientras él más pide sanciones económicas contra todos sus compatriotas y mientras más pide a los EEUU que “cooperen” militarmente con él, más se desacredita y más se reducen sus partidarios.
Nicolás Maduro, a pesar que desde que el 10 de enero en que comenzaba su segundo mandato ha enfrentado una constante embestida y que EEUU ha buscado producir una insurrección popular y militar a la par de imponerle enormes sanciones económicas y ponerle bajos amenazas de guerra externa e interna, él ha tenido una actitud poco violenta y bastante moderada ante sus opositores. El número de heridos y detenidos que se han producido en Venezuela es menor al que en Francia se han dado con los chalecos amarillos. El número de muertos en Venezuela en estos 4 ½ meses de choques donde la oposición liderada por EEUU desconoce al presidente y nomina al suyo propio no es mayor que el número de asesinatos que han hecho en ese mismo periodo los paramilitares de la vecina Colombia. El golpe venezolano del 30 de abril fue contrarrestado produciendo solo la mitad de los muertos que se han dado en las protestas de la democracia gala.
Para finalizar, los chalecos amarillos cada vez impactan más y hasta han logrado que en otras partes de su continente haya nuevas protestas que porten el mismo uniforme. En cambio, Guaidó –pese a que ene veces cada día acusa a Maduro de ser un “tirano” o “dictador” – se desplaza libremente por Venezuela y sin ponerse ningún chaleco antibalas. Su movimiento no se expande a nivel nacional e internacional, y hoy, hasta sus propios seguidores ya han dejado de usar sus distintivos azules.
25 de mayo del 2019
El autor, Isaac Bigio, es analista internacional. Politólogo economista e historiador formado en la London School of Economics donde enseñó política venezolana y latinoamericana.
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