Sin embargo, más allá de los errores de la izquierda, este resultado dice mucho más sobre los aciertos de la derecha. En particular, de una ultraderecha que desde hace años viene haciendo una lectura más precisa del escenario global y, sobre todo, de aquello que hoy moviliza a las clases populares, un sector que durante décadas fue el núcleo electoral de la izquierda.
La derecha entendió algo fundamental: el poder no se construye sólo con programas, sino con sentido común. Y para ello recurrió, consciente o no, a una estrategia conocida y largamente descrita por Antonio Gramsci. El mismo Gramsci que suele ser demonizado sin haber sido leído.
Gramsci hablaba de hegemonía cultural: la capacidad de instalar ideas propias en el tejido institucional y cultural hasta que estas se vuelven incuestionables. Una vez consolidada esa hegemonía, incluso las medias verdades o las falsedades más evidentes se defienden solas. Se naturalizan.
Hoy, por ejemplo, se repite con total normalidad que el capitalismo es sinónimo de consumo, progreso y libertad, olvidando que el comercio y el dinero existían siglos antes. Pero ya no importa: la idea se convirtió en “sentido común”. Y cuando algo es sentido común, deja de discutirse.
Nada de esto ocurre por azar. Grandes fortunas financian medios de comunicación, centros de pensamiento, campañas de propaganda y productos culturales que, más que informar, buscan moldear percepciones. No es una novedad histórica. Lo distinto es la eficacia y el alcance.
Durante décadas, existió un contrapeso real. Medios independientes, organizaciones sociales, el mundo del arte y la cultura ofrecían resistencia, aun con recursos limitados. La cultura no sólo entretenía: incomodaba, abría preguntas, estimulaba el pensamiento crítico.
Hoy ese espacio también fue colonizado. Gran parte de la producción cultural dominante se volvió predecible, vacía, diseñada para no incomodar a nadie. Plataformas como Spotify funcionan como vitrinas algorítmicas donde la repetición reemplazó a la provocación y el fondo musical desplazó al contenido reflexivo. El arte dejó de tensionar y pasó a acompañar, a no molestar, a no exigir nada del oyente.
A esto se suma el impacto de las redes sociales, donde la derecha profundizó una estrategia que ya dominaba: apropiarse de conceptos ajenos y vaciarlos de contenido. Así ocurrió con la palabra “libertad”, reducida de noción filosófica a eslogan económico. Lo mismo con Estado, comercio, estoicismo, neurociencia, e incluso con conceptos históricamente ligados a sus adversarios como socialismo, anarquismo o batalla cultural.
Todo presentado en formatos simples, digeribles, que no demandan esfuerzo intelectual. Pensar cansa y el algoritmo no premia el cansancio.
La izquierda, por su parte, no fue sólo víctima de este proceso; también fue colaboradora. Adoptó luchas legítimas de minorías, pero muchas veces mal traducidas políticamente, fácilmente caricaturizables y desconectadas de las urgencias materiales de las mayorías. A eso se sumó un lenguaje excesivamente técnico, moralizante y autorreferente, que exigía un esfuerzo adicional para simplemente adherir.
Mientras unos hablaban desde el “sentido común”, otros hablaban en clave académica.
Kast no ganó porque el electorado se haya vuelto repentinamente autoritario o reaccionario. Ganó porque alguien entendió antes cómo se construye hegemonía en el siglo XXI. Ganó porque la derecha disputó el significado de las palabras, mientras la izquierda se refugió en tener razón.
La izquierda no perdió sólo una elección.
Perdió el lenguaje, perdió el vínculo cultural y perdió la capacidad de explicar el mundo de forma comprensible sin sentirse moralmente superior.
Y mientras siga creyendo que sus derrotas se explican por la ignorancia ajena y no por su propia desconexión, seguirá escribiendo análisis cada vez más sofisticados para explicar por qué vuelve a perder.
Porque el verdadero problema no es que la derecha haya leído a Gramsci.
El problema es que la izquierda dejó de leer la realidad.
*Fuente: Resumen
Artículos Relacionados
Entre los países ricos y los países pobres… habita el hambre
por Pablo Varas (Chile)
15 años atrás 4 min lectura
Para salvar la vida: las mujeres en el poder
por Leonardo Boff (Brasil)
16 años atrás 4 min lectura
Matar por gusto. Locura militar
por Tom Turnipseed (CounterPunch)
16 años atrás 5 min lectura
José Piñera, el padre del “Bebé de Rosemarie”
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)
13 años atrás 4 min lectura
Colombia: El campesinado defiende a Petro y mantiene independencia política para construir poder popular
por Andrés Figueroa Cornejo (Chile)
4 años atrás 6 min lectura
Chile. ¿Por qué el 10 de septiembre hay que marchar del cementerio al centro de Santiago?
por Andrés Figueroa Cornejo (Chile)
9 años atrás 5 min lectura
La hija de un detenido desaparecido chileno que vivió 20 años robada por un militar argentino y su esposa
por Ana María Sanhueza (desde Santiago de Chile)
4 horas atrás
26 de septiembre de 2026
Federico Bianchini publica ‘Tu nombre no es tu nombre’, un libro que cuenta la historia de Claudia Poblete Hlaczik, que se enteró en 2000 que fue apropiada cuando tenía ocho meses y que sus padres fueron secuestrados por la dictadura argentina
Funerales de Patricio Guzmán en Francia / Nostalgia de la luz / Entrevista en Calama del 2011
por piensaChile
1 día atrás
25 de septiembre de 2026 Hubiésemos querido encontrar una posibilidad para mostrar el documental de Patricio Guzmán «Nostalgia de la luz» en internet, de forma gratuita, entera, para…
Film soviético-japonés: «Dersu Uzala»
por Akiro Kurosawa (Japón, URSS)
8 horas atrás
26 de septiembre de 2026
«la trama se centra en un nativo que vive cómodamente en los bosques llevando un estilo de vida que, de manera inevitable, será destruido por el avance de la civilización.»
Ante la asfixia israelí de la economía de Cisjordania, los palestinos responden condonándose mutuamente sus deudas en masa
por Qassam Muaddi
2 días atrás
Imagen superior: En un bordado palestino, varias manos desatan los hilos oscuros que aprisionan un libro de deudas; ramas de olivo y espigas de trigo ocupan su lugar. Traductions…