«La ciudad de 15 minutos». P’allá vamos! O mejor dicho, p’allá nos llevan
por Medios
4 años atrás 5 min lectura
12 de diciembre de 2022
Con el argumento del medioambiente, miren lo que ya se atreven a proponer en Inglaterra. *¡Para allá vamos! O mejor dicho, para allá nos llevan*
Oxford ha vuelto al feudalismo
Simon Cooke
Los nuevos planes para una «ciudad de 15 minutos», con restricciones sin precedentes para los conductores, canalizan el espíritu controlador de la Inglaterra medieval.
En el siglo XI, cuando se fundó la Universidad de Oxford, el Rey dejó constancia de su control sobre la tierra y las personas en el Libro de Domesday, un catálogo de la autoridad feudal. Bajo esa servidumbre, un hombre no podía simplemente viajar a otro lugar sin el permiso de sus señores y amos. Ahora, los urbanistas de Oxford del siglo XXI quieren reintroducir estos controles en forma de un concepto conocido como la «ciudad de 15 minutos».
En teoría, la ciudad de los 15 minutos suena muy bien: un lugar donde puedes encontrar todos los bienes, servicios y comodidades que necesitas a un cuarto de hora andando. Se trata de una idea del académico Carlos Moreno, residente en París, que no ve las ciudades como lugares creados por las decisiones de los ciudadanos, sino como sistemas complejos que deben gestionarse con tecnología «inteligente». Y Moreno quiere que los urbanistas gestionen también a los habitantes de la ciudad. Su ideal se basa en un conjunto de controles y límites impuestos, al más puro estilo feudal, a los residentes.
En Oxford, y en un plan similar en Canterbury, los ayuntamientos exigirán a los residentes un permiso para trabajar en otro lugar de la ciudad y limitarán el número de veces que pueden conducir fuera de los límites de su zona asignada de 15 minutos. En caso de incumplimiento, los sistemas de reconocimiento automático de matrículas de la ciudad permitirán al ayuntamiento imponer una multa de 70 libras.
El plan no afectará a Duncan Enright, el concejal de Oxfordshire que lidera su introducción, ya que no vive en Oxford, pero explica que se trata de «esas necesidades esenciales, la botella de leche, la farmacia, el médico de cabecera, las escuelas que necesitas tener» y que todo forma parte de los planes del ayuntamiento para alcanzar el objetivo de red cero. O dicho de otro modo, necesitarás un permiso para visitar a tu madre a unas calles de distancia y sólo podrás hacerlo dos veces por semana.
El propósito declarado de los planes de Oxford y Canterbury -reducir la congestión en el centro de sus ciudades- esconde un autoritarismo habitual en el urbanismo contemporáneo.
Estos urbanistas modernos creen que es terrible que la gente disfrute de la flexibilidad, comodidad y eficiencia de un transporte privado asequible. A pesar del cambio obligado a los vehículos eléctricos y la eliminación de humos y emisiones de carbono, los urbanistas verdes siguen queriendo prohibir el coche.
En nombre del medio ambiente, la ciudad de los 15 minutos pretende limitar la libertad y las opciones que la gente obtiene al conducir. Moreno ha hablado incluso de aprovechar la pandemia para imponer sus ideas.
«Si no fuera por Covid-19», dijo en una entrevista reciente, «creo que las condiciones para desplegar el concepto de ciudad de 15 minutos habrían sido muy difíciles de instigar».
La ciudad de 15 minutos aspira a una remodelación radical, no de la ciudad, sino de la vida cotidiana. En lo que podríamos llamar neofeudalismo, los planificadores urbanos ven a los ciudadanos como fichas que hay que mover dentro de las ciudades inteligentes; peones, no personas. Pretenden reducir las opciones de que disponen los residentes, empeorando sus vidas en lugar de mejorarlas.
Para las partes más grandiosas y ricas de una ciudad, lugares que ya tienen esa cafetería vegana o esa tienda de delicatessen galardonada, el impacto de un cordón de 15 minutos alrededor de tu vida puede ser tolerable. Pero la gente más pobre de un lugar sin estas comodidades -donde la única tienda es un ultramarinos sobrevalorado sin fruta ni verdura fresca- sufrirá mucho por tales políticas.
La ciudad de 15 minutos no sólo es contraria a los coches y a la libertad de elección, sino también a los controles y límites sociales de la China comunista. Esto puede estar bien para los ricos culpables de Oxford, pero para los trabajadores de a pie, que ya están luchando con los costes de la vivienda en uno de los lugares menos asequibles de Gran Bretaña, la ciudad de 15 minutos sólo hará que la vida sea más limitada, más cara y menos libre.
-El autor, Simon Cooke, es urbanista y activista en favor de la vivienda, además de antiguo líder del Grupo Conservador en el Ayuntamiento de Bradford.
*Fuente: https://www.telegraph.co.uk/news/2022/10/30/oxford-has-gone-back-feudalism/
Si cree que esta es una tomadura de pelo o una propuesta de los teóricos de la conspiración o de los terraplanistas o de los neofacistas, ultraderechistas, vea más o busque usted mismo:
Otra: https://www.thetimes.co.uk/article/oxford-set-to-cut-its-famous-traffic-jams-by-degrees-nqkrd5xhd
Busque en internet y verá que está idea no es tan nueva, pero ahora… hay muchos que en nombre del “medioambiente” ya se convencieron y la aceptan o la aceptarán como una buena solución.
Buscando en internet encontramos un artículo, sobre esta propuesta de “la ciudad de 15 minutos” en un medio chileno. De allí tomo un párrafo:
No se trata de no poder movilizarse más allá de nuestro propio barrio, sino de que todo lo esencial para la subsistencia se pueda encontrar cerca (colegios, abastecimiento de comida, trabajo, salud, etcétera).
Fuente: https://www.eldesconcierto.cl/opinion/2020/07/04/la-ciudad-de-los-15-minutos.html.
¿Se dan cuenta? ¿En que barrio de Santiago vivirá la periodista Francisca Galaz, que escribe esto? ¿»Colegio, abastecimiento de comida, trabajo, salud, etc.» en el mismo barrio?
En primer lugar,
en Oxford, Inglaterra, el plan es establecer multas a quienes abandonan la zona (su ghetto) y para evitarla “hay que pedir permiso” !!!!
Y, segundo,
quien escribe el artículo en el portal “El Desconcierto” lo hace en una ciudad como Santiago, en la cual el 60, 70 o más por ciento de sus ciudadanos, viaja todos los días, para ir a su trabajo, entre una hora y dos horas e igual tiempo para volver.
¿Cómo es posible que una periodista defienda esta idea abiertamente facista?. Amigos de «El Desconcierto», ojo con lo que publican.
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Basta que recuerden como Pinoshit «erradicó la pobreza» de Santiago repartiéndola por todo
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de importación» que el Capitán General les había introducido en sus vecindades:
Desarrapados sociales, sin perspectivas, obligados a mendigar y delinquir para sobrevivir a diario.
Desde luego que ésta jugada magistral del tirano NO apareció en El MercuLo, ni otro sucedáneo periodístico:
Lo vivieron los chilenos en carne propia !