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¿Es posible reindustrializar Chile? 

¿Es posible reindustrializar Chile?
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09 de febrero de 2022
El nombramiento del ingeniero civil industrial José Miguel Benavente como nuevo vicepresidente Ejecutivo de CORFO en el gobierno de Gabriel Boric, debe servir para un nuevo análisis de las perspectivas hasta hoy postergadas de reindustrializar Chile.

Lo que hace 50 años parecía una tarea fácil, industrializar Chile, es hoy una tarea incierta. Sin un componente industrial de cierta complejidad en el producto nacional no alcanzaremos el desarrollo económico. Por lo menos es la experiencia que nos enseña el pequeño número de países que han alcanzado el desarrollo económico con un componente Industrial moderno: Corea del Sur, Australia, Nueva Zelandia y alguno de los nuevos países europeos.

El desarrollo industrial no fue lo único que se paralizó por el golpe militar de 1973. También se destruyó la capacidad de la formación de ingenieros para apoyar la reindustrialización. La ingeniería especialista que se formaba para proyectar, diseñar y construir maquinarias y procesos, en las universidades, se reorientó al mantenimiento operativo de la gran minería y actividades complementarias.

La industria que representaba el 25% del Producto Nacional Bruto en 1970, se redujo a un 10 %. Además, se cambió su composición y complejidad: incluía productos elaborados en todas las ramas industriales, incluyendo la fabricación nacional de la llamada línea blanca, lavadoras de ropa, refrigeradores, cocinas y estufas. Actualmente está compuesta por productos poco procesados (celulosa, papel, pastas, pan, fideos, insumos para la minería y la exportación de metanol,) ¿Cuál es el panorama para el desarrollo industrial, al asumir el nuevo gobierno de izquierda?

Hay pocas cosas que aparecen claras: Chile debe recuperar la capacidad de fabricar nacionalmente las fuentes de energía eléctrica: paneles solares, molinos de viento, motores, cables y transformadores. No solo porque es un país privilegiado en energía solar y viento, sino porque son tecnologías relativamente simples y que se podrán exportar a todo el continente. Materia diferente es la fabricación de baterías de litio como insumo nacional y para exportación. Su tecnología es simple y podremos dominarla fácilmente, pero las baterías tienen poco valor agregado y son difíciles de transportar. Tal vez será mejor concentrarse en rectificar el litio, fabricar baterías como insumo para productos nacionales y exportar el litio muy refinado.

Hasta hace poco se pensaba que la tecnología del litio, para generar energía recargable tendría un horizonte de unos 30 años antes de ser desplazada por la técnica de la generación eléctrica a partir de la síntesis del oxígeno y del hidrógeno generados por energía solar y viento. Ese horizonte está demostrando ser dudoso y ya hay empresas automotrices que se preparan para un horizonte de la tecnología del litio a más largo plazo y para nuevas ramas industriales.

Materia compleja es decidir si en Chile podremos fabricar un automóvil económico de impulsión eléctrica destinado a sus sectores populares. Se necesitarán unos 100.000 automóviles populares al año, cantidad que habrá que estudiar si es suficiente para hacer financiable esa rama industrial . La fabricación de las partes automotrices y el montaje final tiene la ventaja de que se puede establecer en varias regiones del país. Su factibilidad podría complementarse fabricando motocicletas eléctricas.

La fabricación de medios de transporte eléctricos se ha simplificado y está ahora al alcance de países más pequeños como el nuestro. El gran insumo para un país minero como Chile es fabricar su propio equipo minero. Máquinas para movimiento de áridos, excavadoras, perforadoras y transportadoras. En el futuro se abandonarán los motores a explosión en la minería y se reconvertirán a impulsión eléctrica con baterías recargables. Son tecnologías al alcance de nuestras posibilidades actuales de desarrollo.

Se podría también pensar en tratados de integración industrial con países vecinos y ensamblaje parcial en nuestro territorio.
Esto no es idea novedosa, fue planeado en convenios con países vecinos en el siglo pasado, antes del golpe, y desechado por el gobierno militar. Habrá que planificar la formación de equipos técnicos a nivel medio, universitario y de investigación para cumplir las complejas necesidades de la gran industria minera y de las nuevas ramas industriales. Además, deberá formarse una clase trabajadora de especialistas requeridos para la nueva etapa industrial y para la nueva economía. El cambio en la Vicepresidencia de CORFO abre la posibilidad de reorientar el trabajo de esa institución básica para nuevas iniciativas industriales en el país. Mantenemos la pregunta que hicimos al empezar esta nota: ¿será posible reindustrializar y modernizar la economía de Chile?

*Fuente: ElMostrador

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