Anti partido y Anti parlamento
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)
13 años atrás 5 min lectura
La política italiana fue un factor de inspiración para los grandes partidos políticos chilenos: en la posguerra surge la Democracia Cristiana, de Alcides de Gasperi, partido que dominó la historia política italiana del siglo XX. Esta agrupación política se caracterizaba por la coexistencia de distintas tendencias en su seno: desde cristianos de izquierda, hasta los seguidores de Comunión y Libertad – esta última representó a la derecha cristiana -. Así mismo se desarrolló el Partido Comunista más numeroso de Europa y, a su vez, el más independiente de la entonces Unión Soviética. El tercer Partido, el Socialista, dirigido por Betino Craxi, recordado como uno de los políticos más corruptos de Italia. Aldo Moro, líder democratacristiano, intentó el encuentro histórico entre el Partido Comunista y la Democracia Cristiana, pero a causa de su secuestro y posterior asesinato, esta alianza se hizo imposible.
Estos tres poderosos partidos políticos italianos han desaparecido del escenario: democratacristianos y socialistas, a causa de la corrupción y, además, por la acusación de “jueces de hierro” impolutos; el Partido Comunista, por la derrota del URSS y la pérdida de poder los partidos eurocomunistas. Una vez disuelta la Democracia Cristiana, con algunos personajes de izquierda, formaron el Partido Oliva y, posteriormente, Margarita, cuyo líder, el ex democratacristiano de izquierda, Romano Prodi, logró triunfar sobre Silvio Berlusconi, constituyéndose en el Primer Ministro de Italia. Posteriormente, ex miembros de los desaparecidos Partidos de la posguerra formaron el Partido Democrático Italiano.
El anti partido y anti parlamento no es un fenómeno exclusivo de Italia: ocurre en España con los Indignados, de la Puerta del Sol y, actualmente, con la crisis de las Regiones Autónomas, cuya expresión más significativa es el independentismo catalán: a estos dos fenómenos habría que agregar la crisis de la monarquía, que pasa por el peor momento de su historia, debido a la acusación judicial contra la Infanta Cristina y su marido; en Grecia, el Partido Socialdemócrata – el más importante de ese país – ha bajado del 40% al 5% de los votos, y el partido pro nazi ha aumentado considerablemente su votación, convirtiéndose en la tercera fuerza política; en Portugal la situación tampoco está clara debido a la inconstitucionalidad de las drásticas reducciones económicas aplicadas por el gobierno.
En Italia se da el caso más claro de un anti partido y de la anti política, representado por el Movimiento Cinco Estrellas, dirigido por el humorista Beppe Grillo – en las últimas elecciones obtuvo un honroso tercer lugar – que le permitido obstaculizar, desde el Senado, compuesto por 319 senadores, de los cuales cuatro son vitalicios – institución que nos trae malos recuerdos e n Chile -. El sistema político no puede ser más enredado: tiene, como en Chile, un bicameralismo sincrónico – poderes similares para ambas Cámaras – dentro del parlamentarismo.
La crisis italiana, que se prolonga por meses, ha llegado a un estado prácticamente caótico con ocasión del nombramiento del Presidente de la república – en el caso del parlamentarismo, un personaje sin poderes políticos – que acaba de resolverse con la reconducción a la presidencia de Giorgio Napolitano, de 87 años de edad, para salvar el desacuerdo de casi dos meses respecto a su reemplazante.
La forma de elección del Presidente se basa en la participación de 1007 grandes electores, de los cuales 58 son regionales, más 319 senadores y 630 diputados; 475 pertenecen a la centro-izquierda, cuyo líder es Luigi Bersani; 163, del Movimiento Cinco Estrellas, de Grillo; 68, a elección cívica de Mario Monti; 230, a la centro-derecha, de Silvio Berlusconi y 31, a varios. Para elegir Presidente de la República son necesarios 672 votos.
Luigi Bersani intentó presentar como candidato a Romano Prodi, pero 100 de sus seguidores lo traicionaron; posteriormente, se alió a Silvio Berlusconi y Monti para presentar la candidatura de Franco Marini, de 80 años de edad, un viejo sindicalista democratacristiano y ministro de Gobierno de Andreotti y muy despreciado por la izquierda, no sólo por su pertenencia a ese Partido, sino también por su conocido pragmatismo, que le permitió sobrevivir a los juicios de corrupción, de los cuales fueron acusados sus compañeros de Partido – es visto como un viejo “macuco” de la vieja guardia.
El pacto actual de Bernasi-Berlusconi provocó la indignación de algunos militantes del Partido Democrático que quemaron sus carnets frente al Parlamento. El Partido Ecología y Libertad, (donde milita mi amigo Camilo Duque), con 48 diputados, decidió votar en contra de Franco Marini, y su líder Nichi Vendola declaró: “la gente nos pide una buena política y hoy el perfume de buena política lleva el nombre Stefano Rodota”, (candidato del Movimiento Cinco Estrellas, Grillo).
En la primera votación Marini logró 521 votos y Rodota, 240 votos; la maniobra de Bersani fracasó completamente: Marini lo logró la cifra necesaria para ser Presidente, y el líder del Partido Democrático se vio obligado a renunciar – a diferencia de la Concertación, en Chile, la centro-izquierda italiana no está dispuesta a venderse por un “plato de lentejas” al mafioso Berlusconi, que utiliza además del dinero, el poder político para evitar caer en la cárcel -.
Tanto en Europa como en Chile, asistimos al fin lento y por corrupción a un prototipo de partidos políticos del siglo pasado y, a su vez, al derrumbe de las instituciones – en el caso de Europa, parlamentarias, y de América Latina, presidenciales. Nos acercamos a un nuevo escenario político, caracterizado por el surgimiento de anti partidos, como también de un derrumbe de los parlamentos, todo este panorama en el marco de una crisis de representatividad y del crecimiento de movimientos populares anti sistémicos.
21/04/2013
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Discrepo, Chile históricamente ha sido un país con cultura política, lo que vemos hoy es una confirmación de lo señalado, los que ayer no estaban ni ahí, de pronto surgen a la arena política – el caso de los estudiantes – y dan cátedras a los payasos u bufones con ropaje de políticos, la gran mayoría personajes oportunistas y mediocres, sin ideas y convicciones.
Es cosa de ver en los medios, como estas nuevas generaciones, sin temores y complejos, aplastan en ideas coherentes y sin eufemismos a todos los viejos administradores de un modelo elaborado e impuesto bajo una vergonzosa dictadura atroz.
Comparto eso si que el cambio político es latente a pesar de todos los esfuerzos de las derechas, ya sean aliancistas o concertacionistas. Pero no hay un anti partido, lo que hay es, un rescate de la política por parte de las nuevas generaciones, así lo demuestran las nuevas organizaciones políticas. El futuro político esta ahí, en la juventud, que ha establecido una ruptura con los farsantes sin destino y se atreven a decir no, a exigir su derecho soberano aunque los acusen fumar opio. Saben que si es posible botar un tirano, a los payasos se les puede exonerar sin pena.
Resumen, creo que don Rafael Gumucio, esta vez, esta equivocado, por falta de terreno.