El prisionero de las monjitas: Karadima en vacaciones
por Olga Larrazabal S. (Chile)
14 años atrás 4 min lectura
Con todos los escándalos de las grandes tiendas, de los criadores de aves, de Codelco y Anglo Lautaro, de las leyes de represión que se están gestando y la permisividad con los delincuentes de cuello y corbata, nos hemos olvidado de nuestro inefable Karadima y del club misógino que lo protege.
Ayer en el programa de TV que anima Tati Penna, alcancé a divisar a uno de los denunciantes de nuestro Rasputín chileno, informando que el curita que debería estar en reclusión según sentencia del Vaticano, anda paseando por las Termas del Corazón, por Restaurantes, Hoteles y ramos similares, como se definía antiguamente el gremio, viviendo sus años dorados con un agrado que ya quisieran otros viejitos del país.
Cuando Juan Carlos Cruz, una de las víctimas, constata estos paseos e informa a la autoridad religiosa, esta le contesta que “no es el carcelero de Karadima.” Y tiene razón, ya que el sistema carcelario está sumamente bien delimitado a las cárceles del país, y este señor habita en un Convento de Monjitas. Y las monjitas de la Caridad tampoco son carceleras. No le pueden prohibir salir ni ponerle un grillo en la pata.
De modo que después del escándalo mediático, de dos libros, de las revelaciones de la esposa de Jimmy Hamilton en CIPER, donde se puede ver el nivel de dominación y enfermedad mental que este hombre satánico ejercía sobre sus protegidos, la Iglesia lo destituye de la Parroquia, de la cual sacó su fortuna, y lo manda a vivir recluido donde unas monjitas que le deben hacer la cama, limpiar la pieza, darle de comer, como un hotelillo 5 estrellas.
¡Ben haiga! Dijo el huaso. El cura se salió con la suya. Por lo que cuentan, el tipo fue un trepador nato, un creador de cuentos sobre sí mismo, un intrigante de primera, y desde el punto de vista psiquiátrico, un perverso. Metió la mano no solo en los cuerpos de los que estaban espiritualmente a su cargo, sino también en la caja viviendo como Dios de bien a costillas de las donaciones de los ricos a la Iglesia. Metió su cola satánica en las mentes de un montón de muchachos desorientados, armó cahuines para que estos abandonaran sus casas, insultaran a sus padres y sus madres, regaló nulidades eclesiásticas a granel, lo que le valió fuertes protecciones de personas poderosas, mintió hasta que le dio puntada, no le pidió nunca disculpas a nadie, y se pasó a la Iglesia por salva sea la parte.
Y como la Iglesia tiene la mano blanda con sus protegidos, como todo buen club, manda instrucciones desde por allá por Roma a las Indias (nosotros) sin saber que los funcionarios coloniales van a seguir la antigua tradición de “Se obedece pero no se cumple” y el perla va a hacer lo que le dé la gana.
La verdad es que es bastante difícil que un sujeto que ha hecho zamba canuta en su institución, se recluya en oración por su propia voluntad, si le dan casa, comida y ropa limpia y él está acostumbrado a una vida social intensa y de buena clase, y nadie le pone freno. Como decía alguien : “Es harto mejor lo bueno que lo malo” Y claro, la comida y la vida social de las monjitas, mujeres sacrificadas, obedientes y cumplidoras del deber, puede ser más bien monótona.
Y, ahora, como no saben qué hacer con él porque la justicia declaró prescritos sus delitos, se pasea dándose una buena vida, a vista y presencia de sus torturados, sabiendo que la mala memoria chilena va a diluir el tema y todo va a quedar en nada.
Recomiendo leer el reportaje en CIPER, titulado “Karadima es un ladrón de almas “ en http://ciperchile.cl/ en que la señora de Jimmy Hamilton, Verónica Miranda, describe el proceso por el que pasó desde que conoció a su esposo en la Facultad de Medicina, la pérdida de voluntad y discernimiento ante este Director Espiritual, hasta cuando todo se quiebra y empieza la recuperación de la voluntad para poder separarse de la dominación y recuperar su vida.
Lo recomiendo porque es el proceso de todas las sectas, sean de la orientación que sean, y hay que andarse con ojo para no caer en estos fanatismos ni cultos a la personalidad, cosa fácil cuando se es joven con ansias de absolutos, de reformar el mundo, o con miedo a la libertad y a la responsabilidad personal e intransferible que cada uno tiene de su vida.
Nadie puede culpar a la religión, ni al partido ni a la familia de los desatinos que efectúa en la vida. La obediencia no puede ser ciega, tiene que ser reflexionada y contrastada con la conciencia individual. Una puede entregar fidelidad y colaboración a una causa, pero no puede entregar su voluntad ni su conciencia para hacer cualquier cosa, ni siquiera a las supuestas causa de Dios.
Porque siempre hay un Karadima husmeando para pegar el tarascón y engullirse a un inocente, que después pagará las consecuencias.
Enero 2012
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Un gran académico el cual merece este y otros homenajes. No deben olvidarse sus numerosos aportes al conocimiento de la historia de Chile, en especial del pueblo mapuche.
Si legalmente cambiaron la palabra «dictadura» por «`rêgimen militar» (`???)… quê esperan para hacer lo mismo con «Karadima» por «Caradura»??
Linda , me permito decirte que hay muchos Karadimas, no quiero decir que ellos sean más, que los que intentan actuar bien, pero esta podredumbre, forman esas combinaciones siniestras que tan bien explicas. Conciencia + cuerpos, eso es lo que este hombre se permitió hacer con todo ese séquito de adolescentes sedientos de alcanzar el cielo divino ,lo encuentro respetable desde el punto de vista de los muchachos de esa época, pero deplorable el arraigo y robo de conciencias en estos casos. Lo peor que le puede pasar a los seres humanos que no los dejen, seguir sus ideas, sus intuiciones, que los manejen como este KARADURA.,que robó conciencias humanas, que hizo coordinar ideas mentales sobre un Dios, a la manera de sus más bajos instintos, en que se creyó Dios , con un grupo de quizás cuantas generaciones denigró.
Yo creo que para que el reverendo padre Karadima no esté tan solito podrían ponerle de acompañante en la misma habitación al señor brigadier Krasnoff y ahí que se entretuvieran los dos.