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Las FF.AA. de Chile y nosotros los ciudadanos 

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En el Chile que refundaron las Fuerzas Armadas apoyadas por el empresariado, la CIA y El Mercurio, dejaron excluidos a una cantidad importante de chilenos que también aportan al país, que trabajan, que envían sus hijos a la escuela, en algunos casos hacen el servicio militar, que pagan impuestos, que sueñan con un país más humano. Hay un Chile antes del 11 de septiembre de 1973 y otro Chile con posterioridad…, inconcluso, excluyente.

El tiempo ayuda para entender ese mensaje en la violencia descargada por las Fuerzas Armadas en contra del Palacio de La Moneda. Los uniformados querían decir que nunca más el pueblo estuviese en ese lugar, ese fue el mensaje. Nunca más un gobierno popular. Bien poco es el honor militar, cuando los generales sublevados sabían que no eran más de cincuenta los hombres en el interior de La Moneda, y sólo algunos armados de muy bajo calibre. Es posible que los militares nunca entendieran la batalla que se sucedió aquella mañana.  

Hay algunos que piensan verdaderamente que las Fuerzas Armadas están en sus cuarteles jugando para ganar una guerra cuando llegue el momento, y que el tibio “nunca más” ronda por todos los cuarteles, y no es así. El oficio militar no contempla la derrota, forma parte de su esencia, y para ello el Estado gasta millones y millones de dólares, les compra aviones, helicópteros, submarinos, les sube el sueldo sin que sea necesario, para que los “cara pintadas” salgan a pasearse por la Plaza de Armas.

Pero lo más grave en esta historia reciente, es como todo un país puede constatar que el ejército tiene en sus filas a personal que está procesado por haber sido parte en delitos de Lesa Humanidad, por haber estado en algún lugar donde se cometió un crimen, y un ciudadano fue agredido en sus derechos fundamentales. Podemos llegar a pensar que entre oficiales no se conoce la derrota, y la verdad no es vinculante. Todo se coloca en el pedestal del llamado amor a la patria.

Escandalosas son entonces las palabras del Ministro de Defensa, que nos habla que debemos sostener la presunción de inocencia en este caso. El Ministro olvida que el tema es violaciones a los derechos humanos de miles de personas. Más escandaloso es aún cuando sabemos que estos casos, eran ya conocidos por el gobierno de la Concertación, y lo entendemos en la medida que muchos del actual bloque en el gobierno, provienen de la familia militar.

Las palabras y afirmaciones del Ministro es colocarse en la defensa a ultranza de la línea estratégica de las Fuerzas Armadas, negar todo, postergar para más adelante en espera que la impunidad y el olvido hagan su tarea. 

Recordemos aquel 6 de mayo de 1991, cuando Chile y el mundo pudieron conocer esa verdad por tantos años escondida férreamente por los militares, negando que los chilenos desaparecidos hubieran existido. Entonces se confirmó que habían creado organismos como la DINA y la CNI, para matar, torturar y administrar el terror, y así poder gobernar tranquilamente.

Cuando se hizo público el Informe Verdad y Reconciliación, las Fuerzas Armadas dijeron:

“reconociendo la sana intención de ese llamado y con pleno respeto para la alta investidura y la autoridad del Jefe de Estado, el Ejército, en aras del prestigio y dignidad elementales de la institución, manifiesta su fundamental discrepancia con el informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación”. (1)

¿De qué prestigio podían hablar en esos momentos las FFAA, qué dignidad podían enarbolar cuando la verdad estaba resumida en voluminosos informes, declaraciones y antecedentes que la hacían irrefutable? No reconocieron la VERDAD porque ellos transitan por el lado de la mentira, de la falsedad, y del engaño. Como si los Hornos de Lonquén hubieran sido consecuencia de la guerra fría, y matar prisioneros tuviera que ver con la geopolítica mundial.

Sigamos: “El Ejército junto a las demás instituciones de las Fuerzas Armadas y de Carabineros fue llamado a intervenir en la más grave crisis institucional sufrida por el país en el presente siglo, como última instancia frente a una seria amenaza a las bases mismas de la convivencia y soberanía nacional…” (2)

Las Fuerzas Armadas intervinieron porque fueron azuzadas por la CIA y el Departamento de Estado norteamericano, contaron con el apoyo de la derecha política, Partido Nacional y Partido Demócrata Cristiano, y que sumado a Patria y Libertad prepararon las condiciones para quebrar la institucionalidad. Las Fuerzas Armadas intervienen cuando hay un sector de la sociedad que tiene en peligro sus intereses. El honor patrio y el valor y todo ese listado de conceptos, es sencillamente palabrería en discurso patriotero trasnochado. 

Los oficiales que después de haber salido el ejército, siguen en la vida política activa lo hacen desde los cuarteles de la derecha, es decir, son los continuadores del pensamiento pinochetista, que encontramos en Piñera por ejemplo. Debemos necesariamente agregar los procesos por delitos fiscales, robos de dinero público, falsificación de instrumentos públicos, de la misma manera que se juntaron para conspirar, se juntaron -y al parecer lo siguen haciendo- para estafar al Estado, para robar dinero de todos los chilenos, y en este caso el alma de la patria vale poco, o pasa por el lado.

Y dijeron también. “El ejército de chile declara solemnemente que no aceptará ser situado ante la ciudadanía en el banquillo de los acusados, por haber salvado la libertad y la soberanía de la patria a requerimiento insistente de la civilidad.”  (3)

Los que están sentados en un banquillo son militares acusados de cometer delitos, son criminales y están en ese lugar porque así lo establece el Código Penal. La verdad de los hechos es la que se necesita saber, la impunidad a la que han apostado siempre las Fuerzas Armadas no es el camino que mejor lleva a buen fin. 

Lo que debe quedar meridianamente claro, es que el delito cometido por las Fuerzas Armadas fue de “traición a la patria”, porque lo cometieron en contra de la soberanía ciudadana. El listado de victimas es bastante largo, llega a miles, y cada uno de ellos es una historia triste, incluso en sus propias filas. No pueden decir que por salvar el alma de la patria es asesinado el general Prats y otros altos oficiales.

Los familiares de las victimas optaron por hacer el recorrido de los tribunales, eso demuestra el alto valor y respeto que se le tiene al estado de derecho, y que los uniformados niegan. Lo valoraban cuando les era incondicional, cuando quemar viva a una persona, significaba 541 días de prisión remitidos.

Hace 20 años personal de las Fuerzas Armadas mató por la espalda a mi buen amigo Jecar y no se dictó la sentencia que se esperaba, es decir que los que dispararon desde un vehículo fiscal y amparados por la oscuridad, pagaran con años de justo encierro por el delito cometido. Inaceptable también son las condenas en el caso de José Carrasco, Vidaurrázaga y Mustablic.

Y en estos casos, el silencio ronda atento en los interiores de algunas oficinas del Ministerio de Defensa. 

Notas:
(1) (2) (3) “El ejército, la verdad y la reconciliación”, publicación del ejército, 27 de marzo, 1991:16

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