Los Lugares de la Memoria: su materialidad y «justicia radical» en las posdictaduras del Cono Sur
por Desconocid@ (hasta ahora)
19 años atrás 15 min lectura
Si algún lector puede decirnos quien es(son) su(s) autores(as), le agradeceremos nos lo haga saber.
Los Lugares de la Memoria: su materialidad y "justicia radical" en las posdictaduras del Cono Sur y de España.
I. Contra los "Lugares de la memoria"
Quisiera comenzar paradójicamente haciendo un alegato contra los "Lugares de la memoria" o, más concretamente, contra la teoría de los lugares de la memoria. Todo comenzó o terminó en 1989: caía el muro de Berlín, se desmoronaba la Unión Soviética y un entonces desconocido burócrata de nombre Francis Fukuyama decretaba el "final de la historia".
Cuando Walter Benjamín escribió al borde de la II Guerra Mundial y del delirio exterminador nazi que "todo documento de la civilización es a la misma vez un documento de barbarie" seguramente no estaba pensando en El Valle de los Caídos, pero sin duda El Valle de los Caídos es la mejor encarnación en piedra de la historia de los vencedores que Benjamín trataba de leer a contrapelo. El monumento tardó 20 años en construirse, la cruz de 150 metros de alto y 46 metros de ancho anclada sobre una cripta excavada en una roca natural, tenía por objeto tal y como explica Diego Méndez, el segundo arquitecto de la obra, simbolizar "plásticamente las virtudes raciales, como las del heroísmo y el ascetismo, que forman el todo que inspira y define lo español como una unidad de esencia sublime y una permanente aspiración hacia lo eterno".
"A mí don Juan Banús en (la prisión de Ocaña) me miró los dientes y me palpó los brazos; me preguntó los años, claro, yo entonces tenía 25 años, estaba en la flor de la vida, pero como no percibía alimentos de fuera de la prisión, pues estaba como un paraguas viejo, arrugado. Nos montaron en dos camiones Saurer descubiertos, unos treinta o cuarenta en cada uno con un oficial de prisiones. Al llegar a Madrid, (Banús) nos dijo "Si alguno tiene dinero y quiere comprar algo, puede hacerlo. Y si alguno trata de escapar, no se extrañe que yo llevo una pistola y tengo que defender mi pan".
¿Qué hacer entonces? ¿Derrumbar el Valle de los Caídos? ¿Colocar una placa como quiere el nuevo gobierno socialista? Destruir el Valle de los Caídos equivaldría a hablar el lenguaje del poder, pues el poder trata siempre de borrar las huellas de su propia violencia. En la calle Londrés 38 de Santiago de Chile había un centro de detención y tortura, hoy el número 38 no existe en el plano de la ciudad, en su lugar está el Instituto O´Higginiano de cultura, en el número 40. En el Palacio de la Magdalena en Santander funcionó un campo de concentración en lo que hoy son las lujosas instalaciones de la UIMP. Por lo que fue el campo de detención y tortura Club Atlético de Buenos Aires cruza la autopista. Los ejemplos se podrían multiplicar, pero quizá el más emblemático de todos ellos, sea la transformación del Penal de Punta Carretas en un Shoping Center.
La expropiación y la resignificación de los centros de detención y tortura parece ser, entonces, la mejor manera de evitar tanto la monumentalización del pasado como su extinción espectacular. Y eso es exactamente lo que sucedió el 24 de marzo del 2004 cuando el presidente argentino Ernesto Kirchner expropió la ESMA (Escuela de mecánica de la armada) para crear un "Espacio para la memoria" en el predio ocupado por la marina. En la ESMA desaparecieron 5.000 personas y muchas más fueron torturadas, su existencia es un vestigio de la represión y el terror en América Latina.
Argentina en los años ochenta y noventa.
El problema es que "hacer justicia", unir memoria, justicia y verdad en este contexto, puede tener implicaciones diferentes para las distintas partes en conflicto. Para el Estado lo que está en juego es el reconocimiento de su propia violencia, pero siempre con el objetivo de cerrar la herida y reestablecer el orden a través del perdón y la reconciliación. En el acta de expropiación de la ESMA se afirma:
Camino diez pasos y ella se aleja diez pasos.
Entonces para que sirven las utopías.
Para eso sirven, para seguir caminando…"
Eduardo Galeano
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