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La catastrófica Navidad de los señores políticos 

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No hay noche más hipócrita de que la del 24 de diciembre de cada año. La Navidad sólo puede hacer ilusión a los niños, y los adultos, de muy mala gana, se regalan porquerías mutuamente, compradas en tiendas de “todo a mil”. Uno tiene que abrazar a mequetrefes que ha odiado durante 360 días del año, poner cara de bueno, feliz y reconciliado, cuando está más aburrido que una ostra en las estúpidas festividades de fin de año, con el amigo o enemigo secreto incluido.

Anoche tuve una pesadilla tratando de pensar cómo redactar esta columna: imaginaba la Navidad de esa plaga de sanguijuelas que son los operadores políticos – ya no tienen jefes a quienes hacerle la pata con finos regalos a cargo del presupuesto de Chiledeportes – pues hoy tienen que vérselas con fiscales serios e incorruptibles. “¿Te acuerdas cuando celebrábamos con el senador?” Exclama un operador moreno y con bigotito, .. ”y en la mesa sobraba el Chivas Regal y la langosta, mientras hoy  tenemos que conformarnos con el asqueroso Pan de Pascua y el Cola de Mono”.

En mi sueño, los políticos peleados entre sí, que se acusaban de ladrones unos a otros tuvieron, hipócritamente, que celebrar la noche del 24 en el cada día más decadente casino del Parlamento, que era más malo que el de una universidad rasca. Las chiquillas parlamentarias  recibieron muñecas y muñecos para “peinarse”; dicen que Laura Soto era la más experta en peluquería y le seguía, muy de cerca, María Angélica Cristi, cuya muñeca tenía un gran parecido a doña Lucía; a Chol le regalaron un maniquí sonriente, que los mal pensados encontraban un parecido con don Patricio Aylwin – si uno le ponía las pilas, decía más mentiras que Pinocho, el de los cuentos infantiles- . El guatón  Moreira heredó la perla de la corbata de su héroe, Augusto Pinochet; a Guido Girardi, que ahora se lo pase en el baño, obtuvo como regalo kilos de papel higiénico, que imitaban las facturas de Publicam; a Schaulsohn, Flores y Martner, “los Tres Chiflados” les regalaron una mordaza de prudencia, para que no ventilen en público los secretos de familia; a la ministra Veloso, una alisadora de pelo para que no la confundan, en la premiación de los Oscares, con Harp o Marx. Aburridos y decepcionados con tan pésimos regalos, los señores políticos concurren a una sesión de televisión en que están presentando uno de los aburridos cuentos de Navidad, donde el Viejo Pascuero, obeso mórbido, salva a los niñitos de la “teletón política” de la maledicencia de los chilensis chaqueteros, acusetes y malintencionados, que los hacen llorar con “falsas acusaciones” de haberse robado un lápiz fiscal.
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