Roberto Ampuero, su polémico discurso y la ovación en Enade: “Fue emocionante”

“Fue emocionante”, dice Roberto Ampuero, el autor de Los Años Verde Olivo, comunista hasta los 23 años y hoy potencial candidato a senador en el norte por la derecha, segundos después de dejar el salón principal de CasaPiedra casi como estrella, ovacionado de pie por los empresarios.

Ha leído un discurso de media hora, cargado de dura reprimenda al gobierno de Bachelet, de severos recuerdos sobre la Unidad Popular, advirtiendo que le preocupa el odio que cree que se está germinando en Chile.

“Amigos”, les advierte a los empresarios y ejecutivos presentes, los “adversarios” –la Nueva Mayoría– están ganando la batalla de las ideas y no han aprendido de la historia, les recuerda.

Dice que los chilenos tenemos “mecha corta” y que sabemos que la historia ha demostrado que la “odiosidad” trajo la “noche oscura” de 1970 a 1990.

La arenga de Ampuero es contundente, vehemente y personal. Recuerda una y otra vez su paso por la República Democrática Oriental –la Alemania comunista– y la usa como un arma de alto calibre para atacar en el cierre a la Presidenta de la República por no haber condenado –a propósito de la conmemoración, el 9 de noviembre pasado, de la caída del Muro de Berlín 25 años atrás– dicho régimen que la acogió cuando huyó de la dictadura de Augusto Pinochet.

Ampuero le reclama haberse pronunciado como una “particular” y no como Presidenta de la República. El otrora comunista propone una ley que obligue a los Presidentes de la República a condenar todas las dictaduras.

Cientos de empresarios lo aplauden de pie por más de un minuto. Las palmas ensordecedoras dan paso a su retirada.

Camina hacia la salida del salón. No puede avanzar rápido. Una y otra vez lo interrumpe un ejecutivo o un empresario –como Nicolás Ibáñez, ex dueño de DyS– para felicitarlo, algunos le dan la mano, los menos pudorosos lo abrazan.

Un alto dirigente gremial comentará con satisfacción que Ampuero lo representó completamente con su discurso. El mismo señalará en la tarde que Bachelet fue “agresiva”.

El discurso no dejó a nadie que lo escuchara impávido.

Si a la derecha empresarial le encantó, Carlos Peña –rector de la UDP y actualmente el columnista más influyente del país– lo encontró desmesurado.

“Roberto Ampuero se dedicó, en su intervención en la Enade, a exacerbar los temores irracionales y torpes de algunos empresarios que lo aplaudían de pie: la vuelta de la UP, el retorno de los sueños del estatismo, la dominación cultural…”, escribió ayer en su habitual columna de El Mercurio.

Agregando que “Roberto Ampuero tiembla de temor ante el Chile de hoy. El fantasma de la polarizacion y el odio, el estatismo, y la influencia cultural de la izquierda alimentan su temor de que Chile esté hoy al borde del abismo”.

El viernes en la Enade, al ex embajador en México del gobierno de Sebastián Piñera lo acompaña en su salida un representante de El Líbero, medio electrónico que tiene como a uno de sus dueños al ex ministro de Piñera, Gabriel Ruiz-Tagle, y donde el escritor es columnista.

Ampuero, buen narrador, concede con gentileza unos minutos para hablar de los empresarios chilenos, de las reformas de Bachelet y de su duro discurso, que en parte provocará una presentación poco acostumbrada de Bachelet.

-¿Por qué crees que te ovacionaron los empresarios?
-Yo creo que por la preocupación que hay por las circunstancias actuales de Chile, la política, el diálogo, la convivencia y el debate democrático, y la situación económica. Es un conjunto de situaciones que han generado incertidumbre, que preocupan y agobian al alma de los chilenos, desde los más sencillos hasta los más poderosos, porque esto es algo que en realidad en democracia la última vez que lo experimentamos terminó muy mal. Y no estoy diciendo que esto sea idéntico al gobierno de Allende.

-¿Qué estás diciendo?
-Estoy diciendo que estas cosas comienzan de forma gradual y se desbocan y ese es el peligro.

-¿Dirías que es una cierta analogía como con el inicio del gobierno de Frei Montalva?
-No, lo que planteé, el déjà vu este que tengo, no es respecto de un gobierno, a un Presidente, o un programa de gobierno porque sean iguales, nada de eso, es que las medidas que se van tomando, terminan generando una desestabilización, una polarización y una división, que es preocupante en todo país, más aún si la situación económica se agrava. Eso a mí me impacta y he estado en otros países latinoamericanos donde la situación económica y social es más grave, es grave de fondo, donde no existe este sentido de que, si no hacemos estas reformas profundas, esto se va a ir abismo abajo. Ese es el tema.

-El mar de fondo de lo que dices es no volvamos a lo que nos ocurrió en términos de tanta división, es tu relato.
-Lo de fondo es que este no es un modelo ni una sociedad perfecta, no hay ninguna, Chile tiene déficits tremendos y todo esto es perfeccionable y, para llegar a eso, a los políticos que hoy tienen un grado de popularidad horrendo, tienen que ser capaces de recuperar protagonismo y generar el diálogo que le dé al país esta sensación de que el país tiene conciencia de estos problemas, sabe que hay que resolverlos, pero sobre la base de un acuerdo marco que mantenga la estabilidad a Chile.

-¿Y tú crees que Piñera, por ejemplo, le dio esa estabilidad? ¿Buscó ese camino? ¿O tal vez fue su gobierno el que forzó que ahora hubiera tanta reforma?
-Yo creo que esta idea de generar una política donde se desestabilice el diálogo nacional y los acuerdos y consensos, arrancó en un momento final del gobierno de Sebastián Piñera como una forma de retarlo y crear condiciones para que la cosecha final del gobierno en ese momento en el poder fuera lo más magra posible, yo creo que fue una estrategia.

-Pero fue esa “estrategia” la que finalmente forzó la discusión, ¿o no? Porque no se discutía nada en Chile, las reformas grandes, digo, como educación, reforma tributaria… cosas que estaban pendientes en el país.
-Esa es la posición tuya.

-No, te pregunto si es así o no.
-No, yo vuelvo a insistir: esos son temas que los políticos deben resolver en forma concreta, precisa, y para eso son profesionales y para eso les pagan, esta atmosfera que hay en Chile no es sana para el país, ni en términos económicos, ni de salud mental, ni para la inversión extranjera, ni para solucionar los problemas, eso a mí me preocupa y eso se desbarrancó.

-¿Cuál es tu percepción de los empresarios chilenos? Porque hoy te aplaudieron…
-Mi percepción es que tenemos un sector empresarial que ha logrado grandes éxitos en términos de lo que es participar en el mundo de la globalización. Ha logrado situar a Chile como un país que tiene su nombre en determinados productos y determinada calidad y que al mismo tiempo es un sector –y lo hemos visto– que en forma individual ha generado situaciones de abuso denunciadas por la población y que necesitan obviamente una respuesta de parte del empresariado. Porque lo que pasa en estas cosas es que un par de empresarios que realicen actividades que estén reñidas con la ley y con lo ético, terminan por contagiar y afectar la imagen de todo el empresariado.

-¿Pero tú crees que el empresariado estuvo abierto a aceptar una reforma tributaria, a discutirla, a aceptar la decisión de la mayoría del país?
-Pienso que lo que planteó –es un asunto que habría que verlo en detalle– el empresariado desde un comienzo, es que una reforma tributaria en estos momento de la situación económica internacional iba a traer lo que trajo.

-Tenían razón en el fondo.
-Sí, por eso, vuelvo a insistir, esto tiene que hacerse sobre una base consensuada. Mira, yo vengo de una experiencia que me marcó mucho en Suecia y Alemania Occidental, donde las cosas se conversan, se hablan y se incorporan los distintos intereses. Por eso subrayé mucho esto: este es un país, estamos todos en el mismo bote.

-¿Pero no crees que fue lo que pasó en la reforma tributaria, que se consensuó, que se incorporaron los distintos elementos?
-No, lo que pasó es que no salió todo lo malo que fue al inicio, porque hay momentos, tú viste, que fueron realmente lamentables, como cuando pasó por la Cámara de Diputados, que después en el Senado es cuando se abordan con seriedad los efectos que pudiera causar la reforma tributaria.

-¿Y crees que el empresariado chileno está en condiciones de dar un salto hacia un sistema productivo con mayor valor agregado, un país desarrollado más integral?
-Es que esas condiciones las tienen que ir creando los gobiernos, las condiciones marco, que se apunte a cuáles son los objetivos que se tiene y esa es una situación que no está dada, estamos sumergidos en tensiones, disputas, y no producen… esto –te lo digo, te lo doy firmado– nada bueno va a producir. Y puede significar que, a lo mejor, en algún momento, la Presidenta Bachelet recapacite, rectifique y busque un acuerdo más hacia el centro, donde pueden encontrar distintas fuerzas. Existe la posibilidad de que ella piense, y la Presidencia lo puede hacer perfectamente, que hay que radicalizar, mantenerse absolutamente leal al programa firmado y avanzar más en esa dirección, con los efectos que también va a traer, que ya está teniéndolos. Es una situación de incertidumbre, eso es lo que pasa, este país en este momento, cuando yo viajo, la gente informada, que tiene que ver con algunas posiciones de poder político-económico, me pregunta qué es lo que pasa en Chile.

-¿La elite?
-No, gente que está bien informada, tú vas a Estados Unidos…

-¿Esa gente con la que tú hablas es más de elite o transversal?
-No, transversal, también intelectuales desde luego. Pero hay una inquietud, que pasa en Chile, porque este es un país que era modelo, pero no lo digo yo, lo decía la Concertación en el poder. Los embajadores, yo conozco montones de embajadores de la Concertación, políticos, que representaron muy bien a Chile bajo la Concertación y que celebraban los avances de Chile, el país modelo, su transición democrática, todo esto es cierto. Entonces, de pronto se cambia este discurso y estos bandazos son los que inquietan a la gente.

-¿Cuál es tu candidato presidencial?
-No, no…

-Pero el tipo de candidato. ¿Velasco?
-No, yo diría que aquí estamos en una situación de tanta incertidumbre, que diría que se necesitaría una persona que tenga capacidad de convocatoria, muy al centro, muy al centro.

-¿Lagos te gustaría?
-No, no voy a mencionar… los conozco a todos, como candidatos, a todos, pero prefiero ver qué pasa.

-La última. ¿Qué sentiste cuando te aplaudieron tanto rato de pie?
-Sentí que lo que yo planteaba, que es una preocupación muy individual, como intelectual chileno, tocaba la fibra de mucha gente.

-¿No sentiste que te aplaudieron también porque ese discurso venía de un ex comunista?
-No, no creo que sepan.

-¿Un arrepentido quizás?
-No, yo renuncié a la juventud comunista en 1976; si hubiese sido ayer, te creo.

-Claro, mucho antes de la caída del Muro, lo has contado en varias partes. Pero ¿no crees que tal vez te aplaudieron mucho porque te ven como un arrepentido de lo que fuiste antes?
-No, yo creo que, después de 40 años, deja de ser arrepentido ya poh, han pasado los años. En forma consciente he estado lejos de lo que es la izquierda, más allá de mi vida.

-Pero como un reconvertido tal vez…
-No, creo que se debió a que las ideas planteadas hoy tocaron la fibra de las personas.

-¿Hoy te sientes más de derecha?
-Yo soy un liberal, soy un liberal, (pero) eso da para otra cosa… porque aquí las visiones son de izquierda o derecha.

-Porque los empresarios no son tan liberales…
-Ese es otro tema (ríe). Un día podemos conversar con calma.

-¿Tú crees que son liberales los empresarios?
-Creo que hay de todo.

-Pero debes tener una tesis…
-Creo que en América Latina puedes ver en muchos países un empresariado que ha buscado, gracias al proteccionismo –que Chile no lo tiene–, un arreglo permanente con el Estado, que les da las cuotas y segmentos de mercado. En Chile, con esta economía abierta que tenemos, eso no tiene una incidencia, entonces son empresarios, tipos emprendedores, que buscan, dentro de las leyes del mercado, ver cómo prosperan y hacen realidad sus negocios, ya hablamos lo otro, las cosas que están reñidas con la ley…

-Pero no son pocos casos: La Polar, las farmacias, Cascadas…
-Pero, mira, yo tengo un acento, porque viví tantos años fuera de Chile, que cuando recién llego suena muy a no chileno, tomo un taxi, me pasean cinco mil veces, voy a una fuente de soda o un restaurant y me tratan de no dar boleta. Hay un tema profundo que va más allá de lo que pueda hacer la gente. Hay un tema nacional que hay que enfrentar, chileno que hay que enfrentar. La viveza. Son elementos ya más antropológico-sociales.

-En una frase, ¿qué te gusta del gobierno actual?
-… Del gobierno actual… qué me gusta… en realidad, en este gobierno me inquieta lo que está haciendo, me parece… hay un, hay un.. . a ver… yo creo que este gobierno debe asumir que el hecho de tener ideas de justicia, de igualdad, de mayor democracia no significa que tú estés logrando ese resultado efectivamente. Lo discursivo no genera en la realidad un cambio necesariamente. Lo discursivo puede generar su contrario y ese es el gran peligro.

-¿No hay nada que te identifique con el gobierno? Más allá de los personajes, digo, como relato del gobierno.
-… Después hablamos.

*Fuente: El Mostrador

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