Libro «Rebelión en Valparaíso», un regalo para nuestros lectores
por Redacción de piensaChile
5 años atrás 3 min lectura
21 de Mayo de 2011, cuando el espejismo del oasis seguía vigente y sólo unas pocas chilenas se atrevían a pararse frente a esos energúmenos, asesinos, vestidos de verde y decirles en su cara lo que pensaba, hablarles de su tristeza de mujer pobre, que siente que va acercándose a la etapa final de su vida en condiciones inhumanas e indignas. Esa porteña merece un homenaje:
Octubre de 2020
«Fue lo que aconteció esa tarde cuando después de horas de enfrentamientos con carabineros, de la nada apareció una señora justo frente a una de las rejas de contención que divide a la gente y policías. Llevaba una cacerola que golpeaba incesantemente ante el rostro de un capitán de Carabineros. Este último, intempestivamente ordenó a sus hombres arremeter contra los manifestantes y disparar contra ellos. Varios comenzaron a caer heridos. El aire se hizo asfixiante, el sudor se mezclaba con el agua del carro lanzaguas y las lacrimógenas. Mauricio atisbaba detrás de un escudo cómo la señora se descontrolaba gritando que dejaran de disparar. Al capitán no le importaron sus súplicas, a la mujer tampoco le importó la indolencia del capitán y empezó a pegar repetidamente en el casco con su olla. El oficial la golpeó fuertemente y la arrojó lejos. Cuando ella va cayendo, Mauricio pudo verla por entremedio de escudos confeccionados con latas, maderas, tapas de refrigerador, antenas satelitales.

No pudo sino pensar en su madre y abuela, en todas aquellas personas que ha conocido en su vida y que han luchado por otros, como esa mujer. Ahí sintió una ira colosal y saltando por encima de todos fue derecho a golpear con toda su fuerza al oficial que había agredido a aquella valiente porteña. Ahí mismo se dio cuenta del error de su fijación, cuando por el rabillo del ojo notó el movimiento de una escopeta que se alzaba. Estaba ubicada a la derecha, en la esquina del Teatro Municipal, siguiéndolo con su mira, apuntándole directamente al cuerpo. No había duda alguna, estaba en su trayectoria y le dispararía. En ese instante parece haberse congelado el tiempo ¿Qué hacer? ¿Correr? ¿Devolverse? ¿Y si le detienen? Se tira al suelo. Pensó mucho en microsegundos, en pleno vuelo. No sintió miedo. Nada. Solo recordó su entrenamiento en juegos de videos, porque claro, es de la generación Gamers. Hizo un movimiento eléctrico hacia un costado para esquivar el impacto de los balines. Y ahí supo Mauricio que las balas son apenas fugaces destellos, minúsculos rayos imparables. La vio apretar el gatillo y el latigazo en el
cuerpo fue inmediato. Sintió el mazazo en el vientre, y otro en el hombro; no podía ver, se lo impedía la máscara antigases. Cuando logró hacerlo vio la sangre, giró y miró a quien le había disparado. Recién ahí se percato que era una carabinera, la
miró fijamente y le gritó: ¡Me disparaste paca, no te voy a olvidar! ¡Y no la ha olvidado! Es que el olvido no se olvida, porque devora la memoria y ello es otra forma de morir.
Si le gustó el relato y quiere leer esas, y otras historias del Puerto en Pie de Lucha, le ofrecemos la posibilidad de bajar gratuitamente el libro completo, un regalo que nos ha enviado su autor, el Dr. Tito Tricot, viejo colaborador de piensaChile.
Haga clic en este enlace para bajar el libro en formato PDF: Rebelión-en-Valparaíso-Tito-Tricot-18-Octubre-2020
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