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«Si la ganancia es adecuada, el capital se vuelve audaz» 

«Si la ganancia es adecuada, el capital se vuelve audaz»
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[949] Con el desarrollo de la producción capitalista durante el período manufacturero, la opinión pública de Europa perdió los últimos restos de pudor y de conciencia. Las naciones se jactaban cínicamente de toda infamia que constituyera un medio para la acumulación de capital. Léanse, por ejemplo, los ingenuos anales comerciales del benemérito Anderson. En ellos se celebra con bombos y platillos, como triunfo de la sabiduría política de Inglaterra, el que e6n la paz de Utrecht ese país arrancara a los españoles, por el tratado de asiento [107], el privilegio de poder practicar también entre Africa y la América española la trata de negros, que hasta entonces sólo efectuaba entre Africa y las Indias Occidentales inglesas. Inglaterra obtuvo el derecho de suministrar a la América española, hasta 1743, 4.800 negros por año. Tal tráfico, a la vez, daba cobertura oficial al contrabando británico. Liverpool creció considerablemente gracias a la trata. Ésta constituyó su método de acumulación originaria. Y hasta el día de hoy la «respetabilidad» liverpulense es el Píndaro de la trata, la cual véase la citada obra del doctor Aikin, publicada en 1795 «exalta hasta la pasión el espíritu comercial y de empresa, forma famosos navegantes y rinde enormes ganancias» [108]. Liverpool dedicaba a la trata, en 1730, 15 barcos; en 1751, 53; en 1760, 74; en 1770, 96, y en 1792, 132.

Al mismo tiempo que introducía la esclavitud infantil en Inglaterra, la industria algodonera daba el impulso para la transformación de la economía esclavista más o menos patriarcal de Estados Unidos en un sistema comercial de explotación. En general, la esclavitud disfrazada de los asalariados en Europa exigía, a modo de pedestal, la esclavitud sans phrase [desembozada] en el Nuevo Mundo [109].

[950] Tantæ molis erat [tantos esfuerzos se requirieron] [110] para asistir al parto de las «leyes naturales eternas» que rigen al modo capitalista de producción, para consumar el proceso de escisión entre los trabajadores y las condiciones de trabajo, transformando, en uno de los polos, los medios de producción y de subsistencia sociales en capital, y en el polo opuesto la masa del pueblo en asalariados, en «pobres laboriosos» libres, ese producto artificial de la historia moderna 111. Si el dinero, como dice Augier, «viene al mundo con manchas de sangre en una mejilla» [112], el capital lo hace chorreando sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies [113].

[113] 250 «El capital», dice un redactor de la «Quarterly Review», «huye de la turbulencia y la refriega y es de condición tímida. Esto es muy cierto, pero no es toda la verdad. El capital experimenta horror por la ausencia de ganancia o por una ganancia muy pequeña, como la naturaleza siente horror por el vacío. Si la ganancia es adecuada, el capital se vuelve audaz. Un 10 % seguro, y se lo podrá emplear dondequiera; 20 %, y se pondrá impulsivo; 50 %, y llegará positivamente a la temeridad; por 100 %, pisoteará todas las leyes humanas; 300 % y no hay crimen que lo arredre, aunque corra el riesgo de que lo ahorquen. Cuando la turbulencia y la refriega producen ganancias, el capital alentará una y otra. Lo prueban el contrabando y la trata de esclavos.» (P. J. Dunning, «Trades’ Unions…», pp. 35, 36.)

*Fuente: El Capital

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