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Nueva Constitución y refundación de las FF.AA. y Carabineros 

Nueva Constitución y refundación de las FF.AA. y Carabineros
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Un nuevo ciclo político generado por el reclamo social en las calles, por las mujeres, por los pueblos originarios y por todos y todas quienes por largo tiempo fueron Invisibilizados o simplemente marginados y marginadas, se abre paso para instalar las bases de un nuevo Chile, con un grupo de compatriotas mandatados y mandatadas por voluntad popular, para diseñar una nueva Constitución para el país. Un proceso no exento de dificultades y resistencias, de parte de quienes por décadas acumularon y concentraron riquezas abusando del poder, transformando a  Chile en uno de los países más desiguales del planeta, situación que hoy reclama un cambio profundo y que se inicia con la nueva Constitución, proceso que incluye el reordenamiento del poder, de los órganos del estado, de la defensa nacional y de las Fuerzas Armadas.

Así entonces tal cual sucede con los demás órganos del estado y la vida nacional, las reformas que en el pasado modernizaron las FFAA, en su material logístico y de guerra, en aspectos organizacionales, hoy son insuficientes, lo que se requieren son nuevas definiciones, normas y valores que orientan los fines y objetivos de las Instituciones militares, dejando atrás el rol  que le fue asignado en dictadura en la Seguridad Nacional, un rol esencialmente represor, desperfilando su rol y carrera profesional. Iluso seria pensar entonces que las FFAA, refundadas en 1973 orientadas por la Constitución ilegitima de 1980, instruidas en una doctrina antidemocrática, la Seguridad nacional, adoctrinados para perseguir al enemigo interno, es decir preparados para reprimir a quienes manifiestan su descontento y luchan por sus derechos, se sumen al proceso de cambios que está viviendo el país, sin antes llevar a su interior cambios profundos y estructurales que reubiquen a las FFAA y Carabineros en la senda del respeto de los DDHH y de la democracia.

Estos cambios tienen que ver con un proceso de reestructuración a nivel constitucional, el que define  y fortalece la relación civil militar subordinando la segunda a la primera, cambios que se pueden desglosar en; las definiciones constitucionales que son necesarias para replantear los fines del Estado en la seguridad y la defensa, la estrategia de defensa nacional y los nuevos objetivos que la Constitución defina para el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. El rol de Carabineros e investigaciones para la seguridad nacional. El carácter de las FFAA y Carabineros, como cuerpos armados esencialmente obedientes y no deliberantes, profesionales, jerarquizadas y disciplinadas. Los órganos de dirección y estado Mayor que dirigen a las FFAA. Las prerrogativas del Presidente de la Republica y su mando sobre las FF.AA. en tiempos de guerra y paz. El rol del Congreso Nacional, las atribuciones del Congreso para fiscalizar  el desempeño, el presupuesto, el financiamiento y el gasto de las FF.AA., el sistema de previsión y salud, los controles institucionales a los que éstas se deben en un Estado democrático, incluyendo el uso de la fuerza militar, sus límites y controles civiles. El rol de las FFAA en el Consejo de defensa (Hoy  Consejo de seguridad nacional)

Quienes fuimos parte de las FFAA en 1973 y que nos opusimos al golpe de estado, creemos que, para avanzar en el conjunto de cambios técnicos, antes expuesto, es necesario establecer prioridades, partiendo por abrir la puerta de los cuarteles a un pasado intencionalmente oculto para los militares, en primer lugar, conectando la historia actual con el pasado reciente, para lo cual la  memoria histórica es un requerimiento ineludible. Segundo, eliminar y reemplazar la Doctrina de la Seguridad Nacional. Tercero, la Carrera Profesional Militar y los planes de formación y Cuarto, la Justicia Militar. Temas que por la extensión de este escrito solo serán abordados como enunciados, pero dejan abierta la discusión sobre este tema que es de preocupación ciudadana y no solo militar.

Ubicamos como punto de partida la memoria histórica, porque esto significa poner el respeto de los derechos humanos como una base moral y ética para la nueva Constitución y, para una refundación de las FFAA, dejando establecidos los principios que hagan del respeto a los derechos humanos, una responsabilidad transversal para la sociedad y una condición obligante para los órganos del Estado y para las Fuerzas Amadas.

Las Fuerzas Armadas y carabineros no pueden seguir sosteniendo la impunidad, la que por largo tiempo han utilizado para proteger a criminales de lesa humanidad, lo que no contribuye a que los crímenes y atropellos que se cometieron en el pasado no se repitan. Las Fuerzas Armadas, como instituciones permanentes de la nación, no pueden cargar con pactos que esconden las responsabilidades de militares que, escudándose en el honor militar, en los símbolos patrios, cometieron o sigan cometiendo, aberrantes crímenes tanto en el pasado reciente como en otras épocas de nuestra historia.

Las garantías de no repetición, reconocidas en la legislación internacional, debe adquirir un carácter permanente en el ordenamiento jurídico y en las FFAA, para terminar así con otro remanente dictatorial, el “negacionismo”[1], el que es utilizado en la formación de oficiales y suboficiales, para ocultar y justificar crímenes y abusos cometidos por militares en dictadura. Así como, para mantener las imágenes y la historia tergiversada de los principales mandos institucionales, quienes conspiraron en contra de un gobierno democrático y dirigieron el golpe de estado civil militar, bombardearon la Moneda y actuaron como una fuerza militar de ocupación en su propio país.

Creemos que es hora de que la verdad histórica sea divulgada y  validada en las FFAA y Carabineros, los militares no actuaron para “proteger a los chilenos y chilenas del comunismo” o “para impedir una guerra civil”, intervinieron como el brazo armado que permitió imponer los fines, privilegios y propósitos de quienes, desde el poder económico y político, violentaron y terminaron con la democracia en 1973.

La doctrina de la Seguridad Nacional, La Doctrina de la Seguridad Nacional se formuló en el marco de la guerra fría por Estados Unidos, se utilizó como una estrategia que proclamaba “la  defensa de las instituciones democráticas occidentales, bajo el supuesto de una amenaza totalitaria del comunismo”, lo que en nuestro país fue la justificación para perseguir, encarcelar, torturar asesinar y hacer desaparecer a miles de compatriotas y lo es hoy, para criminalizar y reprimir la expresión y la protesta social.

Creemos que poco se conseguirá avanzar sin eliminar la Doctrina de la Seguridad Nacional, vigente en la actual Constitución, asimilada por las FFAA y Carabineros y que orienta sus objetivos y misiones, este paso se constituye en un punto de partida para la profesionalización de los militares y la plena subordinación al poder político. Son nuevas normas, valores y principios, las que se requieren para reorientar a las instituciones armadas en el cumplimiento de sus funciones profesionales, de la defensa nacional, así como, la aplicación de valores y métodos democráticos, para que las policías cumplan  las funciones de seguridad que les son propias.

La defensa y la seguridad de la nación no pueden hoy explicarse bajo conceptos propios de la guerra fría, la seguridad de la Nación en el siglo XXI, en un mundo abierto, globalizado, excede las definiciones puramente militares. La seguridad de un Estado democrático se fundamenta también en valores como los de paz, libertad, justicia, igualdad, protección de los derechos humanos y convivencia democrática, valores y conceptos de los cuales los militares deben ser partícipes y estar convencidos de ellos.

La carrera militar y el rediseño de los procesos formativos y de las escuelas matrices. Creemos que la carrera militar y los procesos de formación de oficiales y suboficiales no pueden continuar como están, encerradas en los cuarteles, sin vinculación o con una relación formal con el mundo civil, transformándose en una herramienta de control ideológico, controlado por ordenanzas que la regulan como un sistema unitario y cerrado. Establecidos de esta manera, los planes de formación militar se han usado como una herramienta fundamental para asegurar la lealtad de los militares a la doctrina de la seguridad nacional y a sus mandos institucionales, tanto de la oficialidad como de la sub-oficialidad, en todas las ramas de las FFAA y Carabineros.

Este esquema cerrado, separado de la realidad nacional, facilita el carácter de clase existente en las FFAA, la que, hasta hoy, es determinante para acceder a las escuelas de oficiales y suboficiales, en los reconocimientos y condecoraciones, en los privilegios y garantías para unos y otros, la clase social es un factor influyente en la organización militar.[2]

Otro aspecto importante para considerar es la enseñanza de la historia, utilizada para enseñar y exaltar valores como el patriotismo, el amor a la patria, el respeto a los símbolos patrios, pero que se enseña de forma parcial e instrumentalizada, se identifica a las Fuerzas Armadas, al ejército, como instituciones fundantes del Estado, nacidas de una sociedad que se abría paso a la libertad y la dependencia de una potencia extranjera. Lo que es cierto, ya que en esos momentos históricos   emergieron héroes de la patria, quienes no escatimaron esfuerzos ni sacrificios por la causa de su pueblo, pero este papel histórico de los militares en siglos pasados, el que indudablemente merece el respeto, no se agota en la participación del ejercito solo en dichas circunstancias, el rol del ejercito cambia sustancialmente en épocas posteriores a la independencia de Chile y eso no se enseña.

El ejército, sus generales y mandos superiores después de la guerra del pacifico son los que empiezan a ser actores en la vida política nacional y empiezan a utilizar a los militares en roles represivos, derechamente a favor de grupos oligarcas, financieros e industriales, para resolver los problemas y contradicciones sociales a favor de sus intereses económicos y de clases. Fue el ejercito el principal invasor de las tierras mapuches, represor causante de verdaderos exterminios de uno de nuestros pueblos originarios en la “Pacificación de la Araucanía”, asumiendo una serie de masacres posteriores, como la matanza de la Escuela Santa María de Iquique, otros hechos tan  cruentos como este y el golpe de estado de 1973 con los 17 años de dictadura y terrorismo de  Estado, durante los cuales los principales actores y ejecutores fueron las FFAA y Carabineros.

Así entonces la carrera militar requiere de cambios, tanto en su doctrina, en su estructura y en la función militar formal, que es el personal, los medios materiales, la infraestructura y el entrenamiento, los que se constituyen en los pilares en que se basan las capacidades estratégicas de la Defensa Nacional. Incluyendo la duración de la carrera militar, a fin de aprovechar mejor la formación del personal activo, considerando que en la actualidad pasa a retiro personal altamente calificado que todavía cuenta con capacidades para seguir aportando en sus respectivas instituciones.

La carrera militar y los planes de estudio deben estar vinculados a los desafíos y retos de la educación en el país, bajo el control y la supervisión del Ministerio de Educación y por extensión, del Ministerio de Defensa, planes y programas que deben, además, aportar al cambio cultural, lo que requiere entre otros, la  integración y no discriminación de la mujer en las Fuerzas Armadas, para asegurar que las mujeres desarrollen las mismas actividades que los hombres, terminando con estereotipos de género y otorgando condiciones para avanzar hacia una mayor igualdad de oportunidades en la carrera militar.

En lo que se refiere a los planes de estudio, es  determinante incluir la tecnología aplicada al campo militar o de la defensa, la ciberdefensa, las comunicaciones, vigilancia del campo de batalla, la logística, áreas que se fundamentan en materias en donde la investigación y el desarrollo, así como la innovación, está en las universidades y centros  de estudio civiles. Por eso es necesario conectar a las FFAA con las fuentes del conocimiento, para que la enseñanza militar se nutra de todo aquello que necesita para su permanente puesta al día, la experiencia comparada muestra hoy, que los grados superiores de oficiales se acaban obteniendo y tienen reconocimiento en el sistema Universitario y no solo en el circuito cerrado militar y así también, las especializaciones técnicas de los suboficiales en sus respetivas áreas de competencia,

Por último, el diseño de una nueva Constitución incluye uno de los avances más significativos de este proceso recién iniciado, un estado plurinacional, esto en lo que se refiere a militares y carabineros, requiere que se eduquen en el respeto de los valores, cultura, lengua de los pueblos originarios, y que estos sean aceptados en sus filas, asumiendo una vasta comprensión de la historia, de toda la historia, en igualdad  de condiciones.

Por último, La justicia militar, que operó en tiempos de dictadura como el sostén legal para justificar miles de asesinatos, encarcelamientos y persecución política y hasta hoy, como blindaje de la autonomía de las FFAA frente al poder civil. La justicia militar no puede seguir atrincherada en su propia legalidad, el sistema de administración de justicia penal militar requiere de una profunda transformación, para ponerlo a tono con la evolución y cambios necesarios en la justicia, para su actualización y en lo que se refiere al derecho internacional de los derechos humanos.

En lo fundamental este es un tema abierto a juristas, pero las exigencias de la democracia y del estado de derecho, las garantías penales sustantivas y procesales de aplicación universal no pueden continuar encerradas en un circuito militar porque se presta para abusos. El progreso del Derecho Penal y de múltiples convenios internacionales debe traducirse en la promulgación de nuevos códigos de justicia militar en nuestro país.

Así entonces y descrito lo anterior, creemos que la refundación de las FFAA y Carabineros es necesaria, para acercar a estas instituciones a la realidad que está viviendo el país y para alcanzar los cambios aquí propuestos. Refundar no significa terminar con las instituciones militares, hablamos de cambios profundos que en su conjunto son imprescindibles para lograr que los militares y carabineros, se adapten a los desafíos que impone la actualidad y respondan a las necesidades democráticas que el país les demanda.

Notas:

[1] Actitud que consiste  en la negación de los hechos históricos que generaron el golpe de estado y los crímenes cometidos por la dictadura civil militar de Pinochet

[2] Una herencia de la clase social oligárquica, la que, en un extenso periodo de nuestra historia, desarrolló y capturó el poder económico con la consiguiente acumulación de capital entre familias, para posteriormente conquistar el poder del estado, asegurando que el aparato militar les garantizara resguardo y seguridad.

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