La muerte de la cultura, la creación, el pensamiento crítico

La muerte de la cultura, la creación, el pensamiento crítico

“Cuando escucho la palabra cultura, desenfundo mi pistola”
Albert Leo Schlageter: oficial ícono del nazismo alemán [1]

       El día viernes 5 de enero, en la localidad de Panguipulli, región de Los Ríos, el joven malabarista Francisco Martínez fue asesinado a mansalva y a vista y paciencia de muchos transeúntes y peatones.  Fue asesinado por un guardia pretoriano del gobierno. Su delito: hacer arte en las esquinas de la ciudad del sur de Chile. Su muerte no es un hecho aislado, como nos quieren hacer creer los que detentan el poder. Es la guerra contra la cultura, el arte, la creación, el pensamiento crítico. Es la guerra y tal como la concibe el fascismo, contra todo lo que no sea alineamiento a favor de las estructuras de poder.

      La cultura se define como conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, etc. Pero también se define como conjunto de conocimientos e ideas no especializados adquiridos gracias al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y el trabajo.

      Esto último es lo que odia el fascismo, el estudio, el pensamiento crítico, a pensar, a cuestionar las estructuras, a combatir la dominación; sea esta dominación por intermedio de las armas y también por la ignorancia. Por esto no aceptan la creación, alaban la disciplina, el alineamiento. Odian el debate y lo contestatario de la juventud. Por esto siempre la derecha se ha opuesto a la educación y la instrucción obligatoria de los niños de Chile.

       Una anécdota que retrata de la mejor manera cuál es el objetivo de la derecha y la oligarquía en cuanto al conocimiento de la población, lo demostró el congreso conservador de Chile. La ley de instrucción primaria obligatoria demoró 20 años en ser discutida y dictada hace 100 años atrás el día 26 de agosto de 1920. Un diputado conservador dijo, en el hemiciclo del congreso, casi llorando: “¿Y ahora quien trabajará en nuestros campos, quien arreará y alimentará nuestro ganado, quién sembrará nuestra tierra?” Y continuó: “Esta es una ley que solo traerá la ruina de nuestro país”. Claro, si en ese tiempo el latifundio chileno hacía trabajar a los niños desde muy corta edad. No les pagaban salarios y solamente les cancelaba con una pequeña casucha-rancha para su familia, en la cual vivían en la completa miseria.

       No solamente este era el motivo porque se oponían a la educación de los hijos de los campesinos y de los obreros, sino porque la ignorancia y el oscurantismo de estos niños los hacían sumisos ante el poder establecido.

      Volviendo al tema del joven asesinado en Panguipulli. La historia se sigue repitiendo en Chile, donde los carabineros cumplen la función de ser la guardia pretoriana de la oligarquía. Francisco Martínez hacía malabarismo en una de las esquinas del centro de la ciudad desde hace bastante tiempo. Era conocido en la comunidad como una persona pacífica, que cumplía a veces la labor que los propios carabineros debían cumplir, que es la de ser un semáforo humano. Pero esto no bastó para evitar que los lacayos que defienden el poder, pudieran realizarle el control de identidad. Es probable que su arte, como ocurre siempre, les moleste.

        Hasta ahora no se conocen videos que estos controles se los hicieran a los automovilistas, a los transeúntes, al público en general, pero parece que esto no era necesario para la policía.

      Después que el joven se negara al control de identidad, dos carabineros con sus armas en ristre, sin ningún tino ni criterio, se abalanzaron contra él. Peor aún a plena luz del día, donde transitan niños, mujeres, ancianos, gente común, los policías comenzaron a disparar hasta asesinarlo. Podrán argumentar que era en legítima defensa, pero la pregunta que se hace la ciudadanía es: ¿qué criterio tiene carabineros para disparar en un control de identidad? Vuelvo a insistir: porque su arte molestaba al poder, al orden, a la disciplina del país. También la pregunta que nos hacemos todos: ¿Qué capacidad tiene la policía de reducir a un ciudadano que no sea por intermedio de las balas?

     En el estallido social de octubre de 2019 y en la gran marcha del 25 en la plaza de La Dignidad, se manifestó toda clase de arte callejero, de cantos, de danzas multicolores, de rebeldía, de alegría, de esperanza. Donde la juventud fue la gran protagonista, los adultos solamente nos limitamos a cumplir la labor de acompañarlos y de brindarles nuestro aplauso y nuestra admiración. 

      Hace más de dos mil años atrás en la lejana Grecia un gran filósofo llamado Sócrates, enseñó a los jóvenes a pensar, a discutir, a discernir, a cuestionar, a crear, y debido a esa insolencia el poder político lo condenó a beber la cicuta.

Hugo Farías Moya

15 de febrero de 2021

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Nota comentario de piensaChile:

  1. La frase “Cuando oigo la (palabra) cultura… quito el seguro a mi Browning“, se encuentra originalmente en el guion de la obra de teatro “Schlageter” del Oberführer de las SS y presidente de la Reichsschrifttumskammer Hanns Johst (1890-1978).  A Goering le gustó y adoptó la cita y la utilizó, tan a menudo, que comúnmente, se le atribuye la autoría. 

¿Quién fue Schlageter?

Albert Leo Schlageter nació el 12 de agosto de 1894 en Schoenau im Schwarzwald, Baden , Imperio alemán , y se desempeñó como trabajador de emergencia voluntario para el Ejército Imperial Alemán durante la Primera Guerra Mundial , participando en las acciones en el Frente Occidental. Después de la guerra, se unió a un grupo de estudiantes católicos de derecha y participó en los enfrentamientos entre la Reichswehr y los comunistas, además del fallido Kapp Putsch (intento de golpe de estado) . La unidad de Schlageter del Freikorps también luchó contra los polacos rebeldes en Silesia (cuando era todavía territorio alemán) durante sus fallidos levantamientos contra la República de Weimar. Durante el Tercer Levantamiento de Silesia, en 1921, su grupo aterrorizó a polacos y alemanes acusados ​​de ser antinazis, y en 1923 condujo a un grupo de nacionalistas al Ruhr ocupado para sabotear las fuerzas de ocupación del ejército francés. El grupo descarriló algunos trenes, lo que llevó a los franceses a arrestar a Schlageter. El 26 de mayo de 1923, fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento en Golzheimer Heath, cerca de Dusseldorf. Rudolf Hoess y Martin Bormann lo vengaron matando a uno de los nacionalistas de su grupo, un hombre que se creía que había traicionado a Schlageter.

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