El 1 de marzo de 2017, el diario El País publicó el siguiente editorial:
La escalada de tensión en el sur del territorio muestra el precario equilibrio en el que se encuentra la paz
La reciente escalada en el sur del Sáhara entre Marruecos y el Frente Polisario pone de manifiesto el precario equilibrio en el que se encuentra la paz en una región clave para la estabilidad del Magreb y la seguridad en Europa.
La actitud del rey de Marruecos, Mohamed VI, que ante la escalada de incidentes en Guerguerat —en la frontera con Mauritania— decidió comunicar al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, la peligrosa situación que se estaba viviendo en la zona, supone un acierto que probablemente ha ayudado a que las aguas vuelvan, al menos temporalmente, a su cauce. Las tropas del Ejército marroquí y los combatientes del Frente Polisario se encontraban separados apenas por 120 metros de terreno, lo que elevaba la posibilidad de un enfrentamiento armado que pusiera fin al alto el fuego vigente desde 1991.
Es positivo que Marruecos, a instancia de Naciones Unidas, haya retirado unilateralmente sus efectivos militares de la zona objeto de tensión. Toca ahora instar al Frente Polisario a que también aparte todos sus elementos armados de la franja de cinco kilómetros objeto de tensión y permita el restablecimiento del tráfico comercial en la zona.
Esta crisis reitera que no se puede prolongar indefinidamente la disputa en torno al futuro del Sáhara y que la mediación de Naciones Unidas es tan necesaria como efectiva para lograr una solución estable y duradera en el marco del derecho internacional. Tal y como ha reiterado la ONU — y las partes aceptaron en los acuerdos de alto el fuego de 1991— la solución del conflicto pasa por la organización de un referéndum con plenas garantías y bajo la supervisión de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso). A la espera de ese momento, que la comunidad internacional tiene que promover, las partes deben mostrar la máxima contención.
He aquí la carta al Director enviada por nuestro colaborador Luis Portillo Pasqual del Riquelme
Remitir y endosar a la ONU y a la comunidad internacional la resolución del problema del Sáhara Occidental, como hace el editorial de EL PAÍS del pasado 1 de marzo, es, por supuesto, muy cómodo, pero también muy hipócrita y parcial. En primer lugar, hay crisis en el Sáhara Occidental desde que Marruecos invadiera y ocupara el territorio saharaui en 1975/76. Pero además, fue un Gobierno de la dictadura franquista quien firmó los Acuerdos Tripartitos, ilegales, ilegítimos, no reconocidos por Naciones Unidas, y aún no anulados por ningún Gobierno de la España democrática. España, que jamás tuvo soberanía sobre ese territorio no autónomo, tampoco podía transferirla a Marruecos y Mauritania; y, legalmente, sigue siendo la potencia administradora del mismo. El Gobierno del Partido Popular ha ostentado la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU y no ha movido un solo dedo por el derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación.
Gracias a: Tlaxcala
Fecha de publicación del artículo original: 01/03/2017
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