Leyendo entre líneas de la Historia
por Olga Larrazabal S. (Chile)
9 años atrás 6 min lectura
Quién sepa leer entre las líneas la Historia, se dará cuenta que en esencia se reduce a una lucha por ahorrar energía, es decir por quien hace el trabajo que yo no quiero hacer. Me explico, si yo para comer tengo que caminar 10 Km diarios, voy a tratar de encontrar otro que me sustituya en ese trabajo o me lo aliviane. Se llame este sustituto carro con o sin ruedas, bueyes y caballos que lo arrastren o me acarreen, esclavos, hijos, mujeres etc.
Si hay que salir a cazar para comer, ejercito la inventiva y uso flechas, venablos, hondas, piedras como extensión eficiente de mi brazo. También puedo convocar grupos de amigos, perros, para ser más eficiente, o no compartir mis datos con otros para que no me quiten la presa.
Si quiero comer en Invierno, tengo que guardar en tiempo de cosecha.
Y la imposición del modo en que se determina un modelo de repartición del trabajo es lo que se llama Poder.
De esas simples reglas del uso de la energía (poder) para obtener más energía y seguir viviendo, se creó la sociedad humana con sus contradicciones que generan ciclos que llegan hasta hoy día.
Los países fuertes que son poderosos crean ideologías para obtener energías baratas y se las enchufan a los países pobres.
Los países fuertes que se industrializaron primero, impusieron el liberalismo como forma de comercio, ya que querían vender su mercadería a todos los que tenían recursos naturales, pero no industria. Surgió así Europa y Estados Unidos, que es una prolongación de la cultura europea.
A cañonazo limpio entraron en Japón, vendieron Opio en China, y conquistaron militarmente la India. Entraron en África y Sud América como Pedro por su casa con sus barcos y sus Cancillerías y sus ofertas de capital.
Armaron dos Guerras de miedo dentro de Europa para sortear quien se iba a quedar con los territorios no europeos para explotarlos, y en sus universidades idearon toda suerte de ideología que ayudara a sus propósitos internacionalistas.
Pero sucedió un fenómeno nuevo: las clases sociales transversales a las fronteras se alinearon con una fuerza superior a la de los países.
Así como hay un himno que invita a unirse a los pobres del mundo, surgió una consigna de unirse a todos los ricos del mundo, para poder seguir siendo ricos y vivir de sus rentas. En otras palabras los dueños del capital financiero se empoderaron y agarraron la manija, desvinculándose de la noción de Estado o de Patria.
Los países nacionalistas no se dieron ni cuenta cuando su clase alta y rica perdió el interés por el país y se concentró solamente en sus ganancias. Para eso los nacionalismos comenzaron a sobrar e incluso las etnias racistas quedaron fuera de foco.
Para ello los grandes capitales transnacionales aprovechándose de la ingenuidad New Age, que pensaba que la Era de Acuario era para un mundo de amor hippie, sin fronteras, aprovecharon esta disposición de ánimo de las masas, para ir derribando las pocas barreras que sujetaban a esta libre circulación de dineros y personas.
Se crearon nuevos pecados como el “populismo” que es darle migajas al pueblo en vez de gastarlas en la ruleta. Y nuevas virtudes como la “globalización”.
La usura de pecado pasó a ser legítima. Los presidentes multimillonarios de los países comenzaron a encontrar natural el llevarse el dinero ganado en un país a cualquier mercado extranjero.
Además lo que antes era un monopolio de Suiza para esconder capitales secretos, proliferó como gran negocio en todas esas islas perdidas del Imperio Británico y en muchos Estados de Estados Unidos creando un torbellino de circulación del capital.
Y la instantaneidad de la tecnología hizo aún más desenfrenada esta circulación de dinero.
Un mulato salió presidente de uno de los estados más racistas del mundo mandando un mensaje de una nueva tolerancia hacia etnias de color. Pero resulta que el señor mulato de marras era el representante de esta liberación del capital promovida por la Banca Internacional. Y de su confusa política se cosecharon guerras al por mayor, y una volatilidad del capital que dejó sin trabajo a los trabajadores de su país. Hay que sumar a esto el hecho de que la clase financista bancaria internacional se acostumbró a jugar a la ruleta con los dineros de todo el mundo y el país Imperio se acostumbró a vivir de su deuda interna y de fabricar dólares sin ningún respaldo exceptuando la fuerza de su máquina de guerra.
En este devenir y acostumbrados a que los rusos fueran los malos de la película desde el tiempo de los Zares, la nación Imperio se dedicó a insultar a Rusia, y meterle un ají por donde pudieran.
Tan ocupados estaban en este juego, que no se dieron cuenta que los capitales financieros podían circular por donde quisieran, y la nación imperio con su alto standard de vida y sus pocas ganas de trabajar, no era el lugar más rentable del mundo.
Y ¡Oh Milagro!, los chinos que no pierden el tiempo en baladronadas y chulerías y si trabajan como chinos, tenían todo el dinero del mundo y hacían negocios con todos los países, ya que habían desarrollado una mega industria en casi todas las especialidades. Y no necesitaban llevar a los marines ni imponer sus patentes para vender sus cosas.
Cayéronse de espaldas los dueños del mundo al verificar que en su propio país, se habían disparado a los talones dejando sin trabajo a su gente, y que ésta, en venganza, eligió a un presidente a la medida de su estética, que deja bastante que desear, que les promete volver a poner barreras a un mundo en que ya está todo conformado para el libertinaje.
Porque casi 50 años de libertinaje y de vivir a costillas del prójimo, hace que todos se acostumbren a este tipo de cosas, y el que ponga barreras saldrá volando con una patada en salva sea la parte. Si no pregúntenle a los Venezolanos o a doña Cristina, que puso un par de leyes para contener el desbande, y fue reemplazada por un personaje que quiere libertinaje total.
Y el país industrializado por excelencia ahora es China, que le trabajó a la austeridad durante mucho tiempo, para volverse la nación más industrializada de la historia. Y que ahora impone una agenda de libre comercio, porque está al otro lado del mostrador.
Pero las masas acostumbradas al libertinaje no vuelven fácilmente al orden, a la austeridad y a la restricción que implica pensar para el futuro y los ex ricos no saben cómo cayeron en la pobreza.
Y en este estado de cosas se encuentra el mundo después de una farra financiera que ha redistribuido el poder entre otros actores que antes no estaban en la obra.
Y mientras tanto nuestro país, que salió por unos 25 años de la categoría de colonia extractiva, y tuvo su industria, entró en la política de la farra financiera aprovechando de vender sus recursos naturales, ni siquiera al mejor postor, para tener como único destino el ser una Feria Libre de ropa, hortalizas y fruta, como la famosa Feria de Tongoy, que además vende cacharritos electrónicos traídos de China, y tiene un par de cantantes de boleros de antaño.
De modo que a nuestros hijos más vale que vayan aprendiendo a tocar la guitarra y a confeccionar artesanía autóctona para venderla a los turistas chinos que seguramente comenzarán a llegar muy pronto.
Y seguiremos con atención las noticias para ver como continúa esta obra inédita del uso de las energías en el mundo.
Olga Larrazabal S.
Enero 2017
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Totalmente de acuerdo con Olga Larrazábal.
Se ve que la experiencia de vivir -los años bien aprovechados- nos dan una sabiduría especial.
Desafortunadamente -o quizá no- empleamos borbotones de energía en la juventud para acompañar la creciente complejidad de la estructura social a la que ardientemente nos sumamos. Ya en la madurez, utilizamos la energía para simplificar y simplificarnos.
A veces uno se pregunta: ¿dónde diablos nos perdimos?
Pregunta estéril ya.
Pero a los chinitos también les va a pasar lo mismo, a la corta o a la larga. Como dijo Trump: «….la sangre siempre es roja».