EXPROPIACIÓN
En 1962, un estudiante de Derecho completaba su tesis. «La concentración del poder económico»fue una investigación pionera sobre el tema en Chile, y ponía su atención en tres «súper-grupos» basados en los bancos más grandes del país.
«He aquí, fríamente, la realidad económica chilena: once grupos, o mejor tres (Sud Americano, Chile y Edwards) porque tres son los que tienen las vinculaciones con los demás grupos, dominan el 70,6% de todos los capitales nacionales», concluía el tesista: «El verdadero poder está en el aparato financiero (los bancos), en el gran campo industrial y en el latifundio. Hacia allá debe dirigirse el poder regulador del Estado».
El Sud Americano estaba relacionado con los Matte y los Alessandri. El Edwards era propiedad de la familia dueña de El Mercurio. Estos grupos dominaban, así, gran parte de las actividades productivas y de los medios de comunicación. Su poder político era gigantesco: más de 100 sociedades anónimas tenían a senadores o diputados en sus directorios.
La propuesta del tesista (ver tesis): expropiar la banca (y los medios de producción).
En 2016, un ex Presidente anuncia el inicio de una nueva carrera a La Moneda. Horas después, es objeto de una protesta de jóvenes contra una de las políticas más controvertidas de su mandato: el Crédito con Aval del Estado (CAE).
Ese tesista de 1962 y ese ex Presidente de 2016 son la misma persona: Ricardo Lagos Escobar. Y el tema que une ambos extremos de más de medio siglo de vida política es el mismo: cómo debe actuar una democracia frente al poder financiero. La respuesta que ha pasado de la expropiación a la colaboración, y de la colaboración a la resignación. Y falta aún el último episodio de la historia.
COLABORACIÓN
Durante el gobierno de Lagos (2000-2006), la banca se concentró y vinculó aun más fuertemente con los grandes grupos, profundizando la realidad que el ahora Presidente había denunciado cuatro décadas antes.
El primer movimiento llegó desde España. El Grupo BSCH había consolidado el control de dos de los mayores bancos chilenos, el Santander y el Santiago. El Fiscal Nacional Económico designado por Eduardo Frei, Rodrigo Asenjo, presentó un requerimiento ante la Comisión Resolutiva Antimonopolios, pidiendo separar la propiedad.
Sin embargo, tras el cambio de gobierno, de Frei a Lagos, el caso contra los bancos no prosperó. El fiscal nombrado por Lagos, Francisco Fernández, admite que «ausculté la opinión del Ejecutivo en torno a esto, porque ya soldado viejo no iba a permitir ir a la guerra y sin fusil. Y me encontré con un ambiente muy adverso».
Como relato en detalle en el libro «Poderoso Caballero», el caso se decidió en 2002. Y la Comisión Resolutiva Antimonopolios permitió la operación. Los representantes del gobierno de Lagos, Alberto Undurraga y Cristián Palma, junto al académico Antonio Bascuñán, se pronunciaron a favor del Santander. El juez José Luis Pérez y la economista María Eliana Rojas firmaron el voto de minoría, pidiendo una serie de medidas para garantizar la libre competencia.
Mientras, los Luksic, que habían vendido su parte del Santiago a los españoles, volvieron al mercado bancario. Compraron en US$244 millones el Edwards y luego apostaron por el premio mayor: el Banco de Chile.
Sin embargo, estaban cortos de efectivo. Y para completar los US$541 millones que costaba la operación, le pidieron plata nada menos que al Estado de Chile. En diciembre de 2000, el presidente del Banco del Estado, el socialista Jaime Estévez, autorizó un préstamo por US$120 millones a Luksic. Ese dinero permitió cerrar la compra del 35% del Banco de Chile al pacto controlador (Penta, Consorcio y Falabella).
Luksic se movió rápido: logró que la comprensiva Superintendencia de Bancos lo autorizara a ampliar su propiedad en el Chile, hasta llegar al 58%, y a continuación fusionó a su nuevo banco con el Edwards, lo que, nuevamente, fue visado por la Superintendencia y por las autoridades anti-monopolio.
Con autorización, auspicio y dinero del Estado, el grupo económico más grande de Chile se había apoderado del mayor banco del país, y luego había concentrado aun más el mercado mediante una nueva fusión. Estévez, ex jefe territorial de la campaña de Lagos, se convirtió luego en director del Chile, el mismo banco cuya compra había ayudado a concretar.
«Mis empresarios aman a Lagos», fue el inolvidable resumen del presidente de los banqueros, Hernán Somerville, cuando el ex tesista dejaba la Presidencia.
RESIGNACIÓN
Además de esa declaración impúdica de amor, hay otra espina que persigue a Lagos hasta hoy: el Crédito con Aval del Estado (CAE). En una serie de acontecimientos, el sistema diseñado por su gobierno para ampliar el acceso a la educación superior terminó convertido en un problema ruinoso para el Estado y las familias de los estudiantes, y en un negocio fabuloso para la banca.
Primero, el Estado se puso la soga al cuello al establecer en la Ley del Crédito con Aval del Estado que «los créditos con garantía estatal no podrán ser otorgados por el Fisco». Cuando los bancos se resistieron a participar, el gobierno inventó la «recarga» y el «descreme» de la cartera: los bancos le revenden al Fisco parte de los créditos, recibiendo un sobreprecio.
En 2009, los bancos Scotiabank, BCI, BancoEstado y Falabella otorgaron el CAE a 72 mil estudiantes, a quienes prestaron 4.169.000 UF. Luego, le revendieron 49 mil de esos créditos al Estado, que pagó por ellos 4.226.540 UF. Insólito: al Estado le hubiera resultado más barato pagar el arancel de referencia a los estudiantes, y no endeudarlos a 20 años plazo con la banca, con tasas de UF + 6%, pese a ser créditos garantizados por el Estado.
«Cuando se acepta esa tasa y los bancos obtienen esas ganancias, ¿significa que el sistema fue demasiado generoso con ellos?», le pregunté en 2012 a Lagos en entrevista publicada por Qué Pasa. Su respuesta fue un raro caso de resignación en un ex Presidente acostumbrado a hacer gala de la majestad del cargo:
«No, porque ese es el sistema imperante en Chile, pues. (Hace una pausa y repite la frase). Ese es el sistema imperante en Chile, pues. Yo te quiero ver a ti pidiendo más cosas para manejar a los bancos, qué te van a decir»
-¿Tanto poder tienen los bancos en Chile?
-No en Chile, ¡en el mundo! ¿Cuál es el fracaso de Europa? Que están dejando que gobiernen los mercados financieros y no los gobernantes elegidos por el pueblo.
«En el CAE seguramente hubo colusión de los bancos», llegó a admitir más tarde Lagos, durante una visita a la Universidad de California (ver versión de El Mostrador). Sonaba resignado.
¿Y AHORA?
¿Cuál será el Lagos que veremos ahora como candidato? Sin duda, no el expropiador de 1962. Pero tal vez tampoco el colaborador de 2000, o el resignado de 2012. La concentración del mercado financiero, las colusiones y el fiasco del CAE son fantasmas que lo perseguirán en esta candidatura, y ante ellos está obligado a ensayar nuevas respuestas.
Incluso, a salirse de su libreto habitual y volverse autocrítico sobre el rol que jugó el Banco del Estado en su gobierno:
«Yo creo que hubo entonces una situación anómala, porque el Banco del Estado también cobró UF más 6%», admitió en una entrevista en Radio Cooperativa, sólo horas después de lanzar su nueva aventura rumbo a La Moneda. «Esa sí es una responsabilidad mía de no haber dicho ‘esto yo lo arreglo con el Banco Estado’».
A la salida de la radio, un grupo de estudiantes endeudados por el CAE lo esperaban para insultarlo y golpear su vehículo. Por edad y por ideología, tal vez no eran muy distintos a ese joven tesista que investigaba el poder de los bancos hace más de medio siglo. El joven que no sabía que esa pregunta acuciante (¿qué debe hacer una democracia ante el poder financiero?) lo perseguiría, porfiadamente, hasta su última aventura política, a los 78 años.
*Fuente: CiperChile
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