La sexta edición de la Muestra de Cine Palestino de Madrid abre sus puertas el 1 de diciembre para volver a generar un espacio que proyecte las voces palestinas habitualmente ignoradas en Occidente.
‘The wanted 18’, una de las películas de la VI Muestra de Cine Palestino de Madrid.En diciembre y enero, el Cine Doré acoge la Muestra de Cine Palestino de Madrid por sexto año consecutivo. Pero, ¿qué es el cine palestino? ¿y por qué sigue teniendo sentido pensar en términos de cines nacionales? No existen criterios fijos e inamovibles para delimitar un cine nacional, dado principalmente que dichos criterios no existen tampoco para delimitar una identidad nacional o cualquier otro tipo de identidad.
Pero sí se puede pensar en cine palestino (como en otros cines nacionales) como algo distinto de los cines hegemónicos y normalizadores.
Reel Bad Arabs, cómo Hollywood demoniza a un pueblo, un documental de 2006 de Sut Jhally, explora los estereotipos que construyen la figura de «los árabes» a través de la historia del cine estadounidense: desde el misticismo exótico hasta el terrorista o el machista incivilizado.
A este cine hegemónico, como apunta Pierre Sorlin, no se le añaden etiquetas nacionales, «es Cine a secas». La alternativa a esa visión estereotipada es el borrado sistemático de la población palestina: las primeras películas rodadas en territorio palestino –los hermanos Lumière fueron los primeros en hacerlo– trataban a sus habitantes como parte del paisaje, sin voz ni cultura. Recordemos la célebre frase sionista de principios de siglo XX: «una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra».
El cine palestino negocia entre lo hipervisible (la kufiyya, el terrorismo, el niño que lanza piedras a los tanques) y lo invisible (una tierra sin pueblo)
Así, el cine palestino negocia entre lo hipervisible (la kufiyya, el terrorismo, el niño que lanza piedras a los tanques) y lo invisible (una tierra sin pueblo); y, mediando entre ambos polos, aporta una alternativa visual, una articulación posible de la existencia y experiencia palestinas, una práctica de resistencia, como diría Hamid Dabashi en una de las pocas monografías que existen sobre ello.
El cine palestino, lejos de construir una identidad monolítica o de homogeneizar sus discursos en pos de la lucha contra la ocupación, expresa una multiplicidad de relatos y formatos, reflejo de la heterogeneidad de la comunidad palestina.
Y gran parte de la responsabilidad de esta diversidad la tienen las mujeres cineastas. El debate sobre nación va unido siempre al debate sobre género, y las artistas palestinas, como muchas otras de naciones no occidentales, han sabido agrietar el sujeto monolítico de la revolución, sin por ello caer en las trampas de la narrativa neocolonial, haciendo malabares entre, por un lado, las acusaciones patriarcales y nacionalistas de ‘traición a la raza’ y, por el otro, la fantasía orientalista de salvación occidental.

La Muestra de Cine Palestino de Madrid intenta recoger esta variedad de discursos y, en su sexta edición, sigue teniendo la misma filosofía que tenía al principio: priorizar el trabajo de mujeres y jóvenes; y no ocupar nunca la posición de «hablar sobre Palestina» o «en nombre de Palestina», sino colaborar en la generación de un espacio donde se proyecten más las voces que ya tienen de por sí los y las palestinas.
Cinco largos, dos mediometrajes, seis cortos, documental, ficción, cine experimental, animación, videoarte… que comienzan a proyectarse el martes 1 de diciembre con el galardonado documental animado The Wanted 18, sobre el secuestro de dieciocho vacas por parte del estado israelí, dado su condición de amenaza contra la seguridad nacional. Su director, Amer Shomali, ironiza: «para la gente, simpatizar con una vaca es más fácil que simpatizar con la población palestina».
Decía Deleuze en una entrevista con Toni Negri: «Pregunta usted si las sociedades de control o de comunicación no suscitarán [otras] formas de resistencia. Yo no sé, quizá. Pero no en la medida en que las minorías puedan tomar la palabra. Tal vez la palabra, la comunicación, están podridas. Crear siempre ha sido una cosa distinta que comunicar».
El cine no sólo abre una ventana a otras intimidades, sino que permite participar de ellas. No se trata sólo de ‘decir’, de ‘comunicar’ algo distinto, sino de construir la posibilidad de otras realidades diferentes de las hegemónicas, la posibilidad de crearlas, de habitar las grietas que se abren en los márgenes: cine que es más que cine, que es resistencia y supervivencia.
Fuente original: Loreto Ares, Diagonal Periódico
*Fuente para piensaChile: Palestina Libre
Fue
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