17.08.2014
En un reportaje efectuado por la agencia alemana Deutsche Welle al prestigioso escritor e intelectual israelí Amos Oz, se perfila un Oz que nos deja perplejos (http://www.dw.de/amos-oz-israel-solo-puede-salir-perdiendo/a-17824559). Si bien el famoso escritor critica la desmedida reacción Israelí, a la vez justifica el ataque y explica el motivo por el cual cayeron tantas victimas civiles usando la siguiente metáfora: «¿Qué harían ustedes si su vecino de enfrente se sienta en el balcón, pone a su niño sobre sus piernas y comienza a disparar una ametralladora contra la habitación de sus hijos?”
Como era de esperar tratándose de un icono de la literatura israelí, dicho reportaje se extendió vertiginosamente por toda la red y ha gozado de buena aceptación tanto en círculos de derecha moderada como por la izquierda sionista. Cada cual se apropio del párrafo preferido: la derecha se aferro a su opinión de que «la guerra es justa», mientras que la izquierda encontró en sus palabras la prueba de que «la reacción israelí es desproporcionada». Oz logro salir de este reportaje (nuevamente) de forma impecable: ha quedado bien con todos, a pesar de que tratándose de una personalidad tan creativa esperábamos escuchar algo novedoso o interesante, en lugar de reciclar el mantra estatal repetido por los medios periodísticos hasta el hastío. Amos Oz decepcionó (nuevamente), porque de un escritor con su sensibilidad esperábamos una reflexión mas humanista en lugar de una explicación un tanto retorcida de los acontecimientos. Si bien a lo largo del reportaje no faltaron criticas contundentes a la política israelí, aquella lamentable respuesta denota una de dos posibilidades: o que la avalancha nacionalista abatió también al mitológico pensador, hijo pródigo de la ideología laborista, o cuan abrumador, y aplastante, es el grado de angustia y ansiedad que ha sacudido a la sociedad israelí que incluso Oz necesitó refugiarse en el seno del consenso nacional, a fin de aliviar la angustia y la desesperación que carcome a todos por igual.
El argumento de Oz es reprochable por cuatro motivos: el primero, por la lógica que está por detrás de esa postura, el segundo, por la precisión de su datos, el tercero, el punto de partida que eligió para comenzar la crónica de los sucesos y, el cuarto motivo, porque las palabras de Oz son dignas de abominación en su aspecto moral. Antes de entrar a fondo en cada uno de los cuatro puntos, quiero dejar sentado lo que para mi es obvio, pero que en las circunstancias actuales hay que volver a repetir: criticar la postura de Amos Oz no implica defender o justificar la acción de Hamas, que es absolutamente reprobable, no solo por atacar a la población civil israelí, sino, sobre todo, por exponer la vida de su propia población.
Volviendo a Amos Oz, es notable que la lógica que sustenta la comparación con la que abrimos el articulo, esta engarzada dentro de la cruda lógica militarista: aquella que sostiene que la única respuesta posible frente a la agresión es el uso masivo de violencia. De acuerdo con esa lógica, «árabe» es sinónimo de «enemigo», y el trato que se le otorgue debe ser acorde con esa definición. En el mundo militar, el objetivo es aniquilar al enemigo y el fin justifica los medios. Desde esa perspectiva, los civiles bombardeados pasan a ser solo «daños colaterales» en el mejor de los casos o, en el peor, «cómplices del enemigo» por el solo hecho de residir cerca de lugares desde los que los terroristas lanzan misiles. Esta lógica, tan sarcástica como bochornosa, solo puede imperar cuando la figura del «otro» deja de ser humana para convertirse en el «gran demonio», aquel que hay destruir a cualquier precio.
El segundo aspecto que Oz debería haber considerado antes de efectuar aquella deplorable comparación, es ubicar su argumento dentro de su debido contexto geográfico. Si bien es cierto que Hamas dispara desde centros civiles, también es cierto que Gaza es uno de los territorios mas densos del planeta. Con 1.8 millón de personas, y una densidad de 4.167 personas por km2 , en cualquier punto desde el cual lanzaran misiles hay población civil. En Gaza no hay espacio deshabitado desde el cual combatir y repito lo que ya he declarado: considero ilegitimo emprender una lucha que sacrifica a tanta población civil, dadas las condiciones físicas en Gaza, Hamas no tiene otra posibilidad que combatir desde lugares poblados. Esto no significa justificar la acción del Hamas, sino tan solo tratar de comprender el racional que esta detrás de tanta irracionalidad. Estas son las reglas de la guerra de guerrilla y en base a la misma lógica Oz debería criticar a Anilevich y a los rebeldes del gueto de Varsovia por haber emprendido su heroica revuelta desde el interior del mismo gueto, repleto de civiles inocentes.
La tercera critica a Oz, consiste en haber elegido comenzar la crónica del conflicto con Hamas en el punto en el que el vecino ametralla su casa con un niño en sus rodillas, sin preguntarse cuáles son los motivos por los cuales el vecino dispara, como si se tratara de un maniático que le da por disparar sin razón alguna, solo por el gusto de matar. Una lectura seria de los acontecimientos debería comenzar con la pregunta de cómo reaccionaría una familia cuya vivienda está bloqueada por un poderoso vecino, que cerco sus puertas y ventanas sin permitir siquiera que penetre comida, agua potable, o medicinas y para colmo corta la electricidad cuando se le antoja. Se podría, por supuesto, empezar la crónica en otros puntos históricos, pero esta disputa – la versión local de la clásica historieta sobre «quien nació primero, el huevo o la gallina»- , es no solo uno de los juegos mas inútiles de la contienda, ya que nada aporta a la solución del conflicto, sino que también engaña, refuerza la versión derechista, justifica el ataque israelí, o por lo menos, le otorga una cierta condescendencia.
El cuarto aspecto reprochable en la argumentación de Oz, y el más trascendental, es el aspecto ético-moral. Hay cosas que un país decente no hace, no importa la coyuntura, la situación, o las circunstancias. Entre ellas, un pueblo moralmente decente no bombardea a la población civil. ¡Punto!. Ante una situación en la cual contra-atacar implica matar en el camino a civiles inocentes, un país ético debe optar no solo por el respeto a la ley internacional, sino sobre todo a la ley de la vida y la moral. Platón sostuvo que es preferible sufrir una injusticia antes que cometerla y en el judaísmo el mandamiento «No Mataras» es categórico y absoluto. Si bien contempla casos excepcionales y admite matar en defensa propia, en ningún momento permite matar inocentes, o como bien ha escrito Uri Misgab en el periódico «Haaretz», el precepto bíblico que enuncia «cuando tu enemigo se levanta para matarte, anticípate a matarlo», no implica que en la misma oportunidad se ha de matar a su mujer, hijos, padres, vecinos y a todo aquel que casualmente se ha cruzado por el camino. (Haaretz 6/8/14). Ante la pregunta retórica de Amos Oz,-«¿Qué haría usted si un vecino dispara incesantemente desde su balcón con un niño en sus rodillas?»- la respuesta ética debería ser: ¡No se! Pero si se positivamente lo que no haría bajo ninguna circunstancia en caso de que «un niño está sentado sobre las rodillas de un terrorista».
Las guerras son generalmente el barómetro del grado de ética de los pueblos. En la actual contienda el barómetro indica que hemos cruzado varias líneas rojas esenciales y nos hemos transformado en un país inmoral. En circunstancia extremas, en las que los ciudadanos ven peligrar vida, un país con sólida base moral debería tomar conciencia que el uso de la fuerza tienen sus limitaciones y, por ende, concentrar todos sus esfuerzos en la búsqueda de nuevas formas de apaciguar al vecino: siempre hay otra forma de hacerlo que no sea el bombardeo indiscriminado, siempre hay una alternativa pacifica, constructiva, a nuestra disposición. Hablar, negociar, otorgar, comprender la razón del descontento y tratar de aplacar al enemigo: esos son desde siempre los únicos caminos viables para la solución de conflictos, mas aun cuando están involucrados civiles inocentes. Matar mujeres y 427 niños es un crimen imperdonable, una atrocidad que nada puede justificar, ni excusar, ni absolver. Se trata de «un ultraje moral y un acto criminal«, tal como lo definió el Secretario General de NN UU, Ban Ki-Moon. La única postura ética posible en este conflicto es la que asume Amos Madar en un poema escrito recientemente: «Decídete, en que bando estás, ¡a que lado apoyas!….Yo ya he decidido, estoy del lado de los niños!» (Haaretz, 8.8.14). Y ante el argumento que el otro bando no esta dispuesto a negociar y pretende aniquilarme, pues no tengo mas que traer a colación los días en que decíamos lo mismo de Fatah y hoy son socios en mas de un acuerdo pacífico.
Por ello, la respuesta de Amos Oz nos deja perplejos y nos demuestra cuanto debemos trabajar en el área del esclarecimiento y la sensibilización. Si Amos Oz cayó en la trampa estatal, ¡qué se puede esperar de tantos otros, victimas del sistemático lavado de cabeza, que se adhieren ciegamente a todo lo que el gobierno promulga, y para colmo concuerdan con la palabra amén!
El autor, Meir Margalit, es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso, reside en Jerusalén, donde es un activo militante del campo por la paz israelí.
*Fuente: Sin Permiso
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