Las elecciones son circunstanciales
por Enrique Villanueva M. (Chile)
12 años atrás 7 min lectura
Las elecciones son circunstanciales, la tarea hoy está en el trabajo directo con los sectores populares: allí van a crecer los nuevos brotes de cambio.
Las próximas elecciones marcarán un hito mas en nuestra vida política, su característica principal es la cantidad de candidatos con mucho diagnóstico y poca claridad programática, haciendo gala de una demagogia aburrida y sin contenido. Por otro lado somos testigos de candidaturas multimillonarias, financiadas por los ricachones que se presentan a diputados o senadores, incluso a CORE, o por aportes empresariales de quienes rebajan la “inversión” de los impuestos que pagan.
La danza de millones que se ve en las calles es ofensiva y provoca un justificado rechazo, representa lo que anhelamos cambiar, un sistema en el que la política se subordina al mercado y al dinero, en el cual todo es marketing y farándula. Un circo insultante para nuestra vida diaria, marcada por la monumental inequidad en la distribución de los ingresos y que afecta al conjunto de la población.
En medio de este espectáculo, lo mas significativo es que entre los participantes a la presidencia, al parlamento y a los CORE, se encuentran candidatos no comprometidos con la derecha ni con la Concertación, por lo tanto críticos al modelo económico que nos vendieron como perfecto y que administraron en conjunto por dos décadas, ambas coaliciones del binominal. Esto ha permitido poner sobre la mesa lo que no se ha discutido en mas de veinte años, transparentando en sus discursos a través de los medios de comunicación, las evidencias de un sistema económico abusivo y de un sistema político que impide la participación ciudadana.
La respuesta es evidente, toda la derecha incluido el gobierno, de manera descarada, se lanzó a defender su espacio, sus logros, aunque saben que ya perdieron el gobierno. Sin su aliado Concertacionista conservador, hoy silencioso e intentando subirse desesperadamente al portaviones de Michelle Bachelet, el que otrora reclamaba para si los éxitos del modelo con lenguaje de cambio y politicas de derecha, sin este apoyo, la derecha se arrinconó en un discurso vulgar.
Llaman a los chilenos (as) a no volver atrás, insisten en que vivimos en un país de cuentos. Repiten y repiten que debemos cuidar el crecimiento económico, el que vislumbran entre el 4% y 5%, lo que ubica a Chile a la vanguardia “del mundo”, con un PIB que llegaría a los 285 mil millones de dólares y con un ingreso per cápita cercano a los US$ 23.769 para el año 2014.
El despertar de los movimientos sociales y particularmente del mundo estudiantil, la progresiva toma de conciencia del mundo en que vivimos, permite hoy decir que estos Índices y resultados de la economía son los que nos oprimen. Que son posibles por un modelo de acumulación de riqueza que genera una desigualdad grosera en la distribución de los ingresos del país, que son indicadores de una economía que rinde por la precariedad del empleo, la desprotección y la explotación del trabajador, pagando los sueldos de hambre que ganamos.
Un contexto en el cual la derecha no puede ofrecer nada para mejorar nuestra situación de vida, por el contrario, seguiríamos recibiendo las migajas del crecimiento económico, columna vertebral de su pensamiento económico y político neoliberal. Una doctrina basada en supuestos de libertad y libre elección, titulares detrás de los cuales se esconden los soportes de una sociedad fundamentada en tradiciones históricas superficiales, que se cimientan en la naturaleza individualista, depredadora y ambiciosa del ser humano.
En su discurso vacío la señora Mathei pretende hacernos creer en la fatalidad de que siempre habrá miseria y gente pobre, situación imputable a la falta de voluntad y esfuerzo de esta última y no al Estado ni a la forma en que se distribuyen los recursos. Para ella, como lo manifestó durante su gestión como Ministra del Trabajo, la sociedad marcha bien solo si los agentes económicos pueden actuar libremente en un mercado con las menores regulaciones posibles.
Un discurso ignorante, que no sólo refleja ausencia de referencias culturales y escaso conocimiento de las realidades políticas de los siglos pasados y del actual, sino que pone de relieve el sesgo que les caracteriza de fanatismo, utilitarismo y frivolidad cuando de defender sus intereses se trata. A estas alturas resulta hasta grosera la manera como reducen la idea de la libertad a un producto transable en el mercado, asemejándolo a la capacidad de adquirir mas y mas bienes, como si eso fuera inherente al ser humano, convirtiendo todas y cada una de las categorías de la economía de mercado en algo que se debe aceptar como las bases naturales de las relaciones humanas.
Esta realidad del país ya no es ajena a la contienda electoral, por el contrario, se transforma en una situación que representa desafíos significativos y que marcan una crisis sin retorno en la Concertación y en la derecha, en los bloques que administraron este modelo que ya mayoritariamente los chilenos y chilenas rechazamos. Una situación a la cual la derecha llega dividida augurando una refundación liderada por una nueva generación en RN, marcada por una línea divisoria con los Pinochetistas, pero ahogada en su ADN, es decir, por el apoyo y la participación activa de muchos de sus líderes en la dictadura cívico militar. O como dijo el propio Piñera, por el rol que asumieron como “cómplices pasivos”, ante los crímenes y atentados a los derechos humanos y a la vida de los chilenos.
Por otra parte la historia se encargó de lanzar por la borda toda la imagen de demócratas que le construyeron a la UDI (popular) y a su líder Jaime Guzmán, quien es el creador e impulsor de la matriz ideológica que le prestó soporte a la dictadura. Cuya inspiración se encuentra en la intelectualidad del fascismo español de Franco y de Mussolini.
Para todos quedó claro, con lo expuesto públicamente con motivo de la conmemoración de los 40 años del golpe cívico militar, que Jaime Guzmán impuso su postura rabiosa antimarxista y contraria al liberalismo político que históricamente motivó a la derecha, según el cual la ordenación social no puede hacerse de una forma heterónima (por ley impuesta por una autoridad superior), sino autónoma, es decir, por «la voluntad de todos», lo que naturalmente encontrará el mejor modo de armonizar socialmente las libertades de cada uno de los individuos.
Fue Guzmán quien relativizó groseramente la importancia de los derechos humanos señalando que “los únicos derechos absolutos son los de Dios”, apegándose a lo mas reaccionario del clero, con lo cual justificó la brutal y asesina represión transformada en terrorismo de estado.
La nueva generación de la derecha, particularmente de RN, busca deslindarse de este lastre histórico y refundar una derecha liberal mas cercana a su tradición. Una iniciativa que surge de quienes no vivieron la dictadura o que no participaron en ella, que no tuvieron actitudes rastreras como decía Allende, como la de celebrar en masa los cumpleaños de Pinochet, o que no son parte de quienes como la actual candidata Mathei, viajaron a Inglaterra a defenderlo, para impedir, algo que también hizo el gobierno de la Concertación de la época, que este fuera juzgado por sus crímenes.
Para la izquierda por su parte, la realidad que estamos viviendo se transforma en un desafío de unidad, la única forma posible de avanzar en derrotar la situación de postergación económica brutal que vivimos, algo que obviamente no se logrará con el resultado de estas elecciones presidenciales, pero que abren un camino para dejar atrás las divisiones, el caudillismo, los egoísmos y la estrechez ideológica.
La izquierda está en un proceso de búsqueda, el que incluye a quienes con una visión y actitud autocrítica se plantearon con sinceridad la idea de la Nueva Mayoría, alejándose de los carcamales que en la Concertación saltaron las talanqueras hacia la derecha. Hoy los referentes y los nuevos liderazgos hay que valorarlos por lo que construyen, con voluntades que no solo se limitan a criticar o que se refugian en una barricada testimonial.
Pero la diferencia se nota y se notará no en el discurso mas o menos encendido, sino que en el trabajo directo con los sectores populares, creciendo en experiencias democráticas territoriales, las que en algún momento permitirán levantar alternativas, aunque sean pequeñas. Allí esta el quehacer hoy, en el ámbito de distintos movimientos sociales que surgieron por el reclamo de la educación, de las reivindicaciones territoriales, en el ámbito de una comuna, es decir, donde se trabaje con una lógica solidaria y humanista, con sello de clases, demostrando en la práctica lo que se piensa y dice, allí van a crecer los nuevos brotes de cambio.
– El autor, Enrique Villanueva M., es ex dirigente Rodriguista
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