Los jefes de la Gestapo chilena a la “Peni”
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)
12 años atrás 3 min lectura
No se puede sino estar de acuerdo con el cierre de la “colonia-hotel” de vacaciones permanentes del Cordillera. Es repugnante que, en este país de hipócritas, los jefes de la Gestapo chilena, durante tres gobiernos sucesivos – de Ricardo Lagos, Michel Bachelet y de Sebastián Piñera – hayan gozado de privilegios inaceptables en un país que pretende llamarse civilizado y que se supone existe la igualdad ante la ley, una utopía inalcanzable hoy por hoy. En Chile, los Presidentes de la república son irresponsables ante la ciudadanía: Ricardo Lagos, el Presidente que envió a los diez máximos líderes de la Gestapo al “hotel” Cordillera, se justifica diciendo que el decreto original fue mal aplicado; Michelle Bachelet, para variar, “pasó”; Sebastián Piñera, durante sus tres primeros años de mandato, se hizo el bobo – al menos, este Mandatario terminó, sin miedo, con la Colonia Cordillera. Los presidentes de la Concertación se hacen “pipí” ante el asomo de cualquier milico.
Trasladarlos a Punta Peuco, en Til Til, no soluciona el problema de fondo: la supuesta cárcel creada por Eduardo Frei Ruiz-Tagle, uno de los peores Presidentes de Chile en el tratamiento de los derechos humanos y de los crímenes de lesa humanidad es, igual que el Cordillera, un recinto privilegiado si se compara con las distintas cárceles chilenas – que deberían tener un letrero, en el pórtico, con la frase del poeta fiorentino, Dante Alighieri: “Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza”, (en La Divina Comedia) -. Lo lógico sería recluir a todos estos genocidas en la Cárcel de Alta Seguridad, o en la ex Penitenciaría; otra posibilidad sería ampliar los cupos en Punta Peuco y llevar reos comunes, de alta peligrosidad, a Til Til. La solución de fondo sería la construcción de cárceles que respeten la dignidad del ser humano y que permitan rehabilitar y reinsertar en la sociedad a quienes han sido condenados.
En este país “de gobernantes dignos y timoratos”, los jefes nazis han mantenido sus grados militares sin ser degradados, como sería lo normal – según uno de los gendarmes del Cordillera, al criminal Manuel Contreras se le rinde homenaje diario, correspondiente a su rango de general, incluso, este engendro humano se atreve a reírse de los gendarmes “a su servicio” haciendo que le lleven el bastón o le alcancen un vaso de agua, como hacían los “mocitos” en la antigua DINA -, pero nada nos puede extrañar de la doble moral de estos personajes del duopolio, en el fondo, por miedo, interés o traición, se han convertido en cómplices del nazismo.
Si hubiera verdadera voluntad para castigar a los genocidas bastaría que el Presidente de la república ordenara al comandante en jefe del ejército que degradara a los oficiales de la DINA y de la CNI, ascendidos sólo por el mérito de sus asesinatos, tratos crueles y degradantes, desapariciones, y otros. Basta una simple orden del director de gendarmería, personaje de confianza del Presidente de la república, para cambiarlos a la Cárcel de Alta Seguridad. Los parlamentarios, aun cuando carecen de poderes políticos podrían, al menos, oficiar al Presidente de la república o a la ministra de Justicia para que lleve a cabo estas dos acciones de mínimo justicia. Por último la ciudadanía, que en contadas ocasiones es escuchada, al menos podría reunir un gran número de firmas que, usando su derecho de petición, ¿Existirá esta figura legal?, solicite respetuosamente, a su Excelencia, la degradación de los genocidas y su traslado a cárceles comunes. ¿Tendrán poder los candidatos actuales para proponer medidas justas en el mismo sentido de justicia?.
Mucho me temo que seguiremos en el mismo marasmo, pues en este país lo único que reina es el peso de la noche, la eterna siesta colonial y el miedo, el miedo, el miedo.
27/09/2013
Artículos Relacionados
¿El fin de otra ilusión?
por Juan Pablo Cárdenas (Chile)
12 años atrás 6 min lectura
¿Hay vida inteligente en La Moneda?. Un viaje al planeta Piñera
por Alvaro Ramis (Chile)
14 años atrás 4 min lectura
Bernardo Leighton y Francisco Vidal: distintas maneras de enfrentar la prepotencia de la derecha
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)
18 años atrás 9 min lectura
Sobre Henry Boys y lo que significa no tener ni idea
por José Pedro Cornejo (Chile)
9 años atrás 6 min lectura
“Para la vida una canción, para la guerra nada”.
por Marta Gómez (Colombia)
2 horas atrás
17 de enero de 2026
Un himno pacífico que reza para que todas las mentes pensantes que existen en la sociedad no trabajen para crear objetos para hacer el mal sino objetos que aporten felicidad a las personas. Un canto a no dedicar ni un segundo de nuestro tiempo a la guerra.
La autocrítica pendiente y el retorno a las bases: por qué la inacción es el combustible de la derecha
por Esteban González Pérez (Chile)
2 horas atrás
17 de enero de 2026
Ese de los campamentos, de las poblaciones periféricas, del trabajo mal pagado, de la ausencia de servicios básicos. En ese mundo existen personas que NO piensan todo como una relación “costo-beneficio”. Allí hay solidaridad, amistad, fraternidad y nobles aspiraciones para el conjunto de la sociedad.
Declaración Pública – Familia y allegados de Julia Chuñil Catricura
por Vocería de la familia y organizaciones adherentes
3 días atrás
14 de enero de 2026
No es concebible ni aceptable que la Fiscalía Regional de Los Ríos y Carabineros desplieguen 500 efectivos policiales de distintas especialidades —en un operativo simultáneo en Máfil y Temuco— para detener a miembros directos de la familia, mientras que durante más de un año la búsqueda activa de Julia Chuñil apenas movilizó, en los mejores momentos, a no más de 50 personas en operativos reales.
Diario El País hace y adapta mapas por encargo. Acaba de meter el Sáhara Occidental dentro de Marruecos
por Luis Portillo Pasqual del Riquelme (España)
2 semanas atrás
02 de enero de 2026
El diario El País ha publicado una mapa en el que incluye el Sáhara Occidental dentro de Marruecos. El profesor Luis Portillo se ha dirigido a la Defensora del lector, Soledad Alcaide.