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El Presidente Allende y los Cristianos 1970 – 1973 

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15 de septiembre de 2013
Al cumplirse 40 años del golpe militar en contra del Gobierno constitucional de Salvador Allende, es necesario tener una mirada retrospectiva de cómo en esos tres años de gobierno de la Unidad Popular, no solo se respetaron los derechos humanos, sino que Allende -sin ser católico- respetó seria y profundamente toda creencia religiosa y cultivó una sincera amistad con el venerado cardenal Raúl Silva Henríquez y algunos sacerdotes.
Muchos recuerdan que al otro día de producido el tiunfo del doctor Allende, el presidente electo recibió en su residencia a un grupo de sacerdotes y religiosas que trabajaban y vivían en sectores populares e incardinados en la arquidiócesis de Santiago. En ese cordial encuentro una religiosa le dijo al presidente que ellas esperaban se mantuviera el «respeto hacia nosotras…». A lo que Allende, en forma inmediata y sin titubeos respondió que; «siempre he respetado la fe católica y en mi Gobierno esto se mantendrá, eso se los garantizo!».
También, durante el Gobierno popular se produce un acontecimiento histórico; se organiza un grupo amplio que se denomina Cristianos por el Socialismo, como una forma efectiva de apoyar las medidas del gobierno allendista. Llegan al país intelectuales, teólogos, periodistas a conocer más de cerca esta inédita actitud de cristianos que apoyaban resuelta y activamente a un Gobierno que avanzaba hacia el socialismo en forma pacífica. Es decir, una especie de no violencia activa al servicio de la justicia social y al cambio profundo de las estructuras. Tal y como lo dijeron, en algún momento, los recordados sacerdotes Gonzalo Arroyo, Esteban Gumucio, Pablo Richard y el Capellán de La Moneda en ese período; P. Rafael Maroto.
Por estas razones y otras no menos importantes, fueron miles los jóvenes y estudiantes católicos que se sientieron identificados con el proceso social impulsado por la Unidad Popular y por el carisma del presidente Allende. La necesiad y el compromiso de producir profundos cambios en la sociedad chilena y optar decididamente por los más pobres y excluídos estaba en plena sintonía con los postulados del Evangelio y, así lo captaban miles de creyentes que se involucraron en esa nueva e inédita experiencia revolucionaria. Este compromiso militante con las causas justas, en parte explica, por qué la dictadura militar descargó también su odio y represión, desde el inicio, en contra de miles de cristianos no sólo de la base popular.
Salvador Allende está en la historia ejemplar de la humanidad como una estadista fiel a sus principios humanistas, leal hasta el fin con las justas causas del pueblo, en cambio, el dictador Pinochet está señalado como un traidor genocida y responsable último de miles de torturados y asesinados. Además, cargará para siempre con el peso criminal por las torturas y asesinato de los sacerdotes-misioneros; Juan Alsina, Miguel Woodward, Gerardo Poblete sdb, Antonio Llidó y André Jarlan.
«Hay momentos en que la Reconciliación constituye una real posibilidad histórica y es un bien…Hay proyectos de Reconciliación que son simplemente la exigencia  de capitulación por parte de las clases dirigentes a las fuerzas populares» (P. José Comblin – Teología de la Reconciliación).
El autor, Jaime Escobar M., es editor de la revista «Reflexión y Liberación».
*Fuente: Reflexión y Liberación

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