La gratuidad en la educación en Chile
por Sebastián Fuentealba y Arantxa Ugartetxea Arrieta (Pais Vasco, España)
15 años atrás 4 min lectura
Algo se movió y se conmovió en nuestro interior al escuchar las palabras del Presidente Sebastián Piñera el 11 de agosto en su alocución desde el palacio presidencial.
Todos quisiéramos que la educación, la salud y muchas cosas más fueran gratis para todos, pero yo quiero recordar que al fin y al cabo nada es gratis en esta vida. Alguien lo tiene que pagar.
Esta fue la respuesta escalofriante a las peticiones que los estudiantes durante nueve semanas reclamaban con tomas, paros, manifestaciones, petitorios y demás expresiones legítimas ante tanta desigualdad opcional a la educación que practica impunemente el gobierno de este país. La pregunta que queda en el aire es ¿por qué no la gratuidad en materia educacional? La respuesta del mandatario no nos convence en absoluto. Hace mucho tiempo que una inmensa mayoría paga con sudor y lágrimas y hasta sin poder pagar, sumida en la impotencia mas real, la bendita supuesta educación.
La gratuidad es parte de nuestra condición, esencial a nuestra identidad de seres humanos y si la educación no es para humanizar ¿para qué es? El acto de conocer es un acto solidario, el conocimiento no es propiedad de nadie, está ahí para ser descubierto, creado y recreado. Nuestra relación con las diferentes sabidurías nos enseña permanentemente que nadie educa a nadie sino que todos y todas nos educamos juntos mediados por el mundo. El educador sin el educando no es nadie y el educando sin el educador tampoco en lo que concierne al cuerpo físico del sistema educativo. Ambos son sujetos de la educación. El educador también aprende, del y con el educando y gracias a él. Es más, educador y educando cohabitan en una misma persona. ¿Por qué nos empeñamos tanto en separar cuando se trata de “servir” el uno al otro, desde el camino recorrido en las propias existencias? Pagamos el agua, pagamos la luz, pagamos, pagamos, pagamos… ¿Vamos a tener que pagar también el aire que respiramos? La educación es el oxígeno de nuestras existencias ¿Quién le pone precio a lo intangible? ¿Quién se atreve a lucrarse de este bien necesario y generoso que nos ha sido dado a través de generaciones? Somos muchos y muchas los que rodeamos el conocimiento desde diferentes sensibilidades.
Sentimos un auténtico dolor pedagógico por lo que está pasando y somos conscientes de que esta respuesta ya estaba formulada al comienzo de las negociaciones. El ninguneo de la legítima gratuidad en los diálogos propiciados, ha estado siempre presente como explicitación de la ley de mercado en el campo del conocimiento, según la opinión de los gobernantes. Mientras… la propia gratuidad está arrasando aquí y allá con respuestas de solidaridad reales. Muchos y muchas jóvenes se están organizando para compartir una educación más a nivel de calle, en ámbitos poblacionales, a modo de trueque de sabidurías, dando respuesta a peticiones directas, ayudas necesarias que nacen precisamente de la falta de respuesta a los ninguneados por la educación vigente, porque está a la vista que la realidad actual está necesitada de auténticas transformaciones. Los y las estudiantes lo tienen claro, muy claro, lo que no tienen es poder o ¿quizás si? Está por ver.
Aparentemente puede parecer la confrontación un fracaso pero nada de eso es verdad, porque durante las movilizaciones y los paros, se reflexiona y se va creando conciencia de que el dinero no lo es todo, que la técnica no lo es todo y que lo que falta es abundante pedagogía y toneladas de humanidad, ingredientes esenciales en la tan cacareada calidad del sistema educativo. ¿Qué entendemos por excelencia? ¿el gélido conocimiento? ¿lo siútico de la educación? ¿la fe absoluta en la competencia? ¿un montón de títulos y currículos acumulados?
Las grandes crisis de la historia de la humanidad siempre se han salvado desde la gratuita solidaridad del conocimiento humano, aspecto que queda a la luz del día cuando las catástrofes atropellan ciertas seguridades naturales, científicas y psíquicas, porque es la gratuidad parte ontológica de nuestra propia identidad. La muy persistente realidad nos enseña que a la hora de la verdad la vida es un don condicionado y las condiciones no son las mismas para todos y todas. Preguntamos, ¿cómo lo hacen en los países donde la educación es gratuita?, en este cono sur de América Latina, en algunos de ellos la educación gratuita es una realidad. No basta con decir que no se puede y que es una cosa trasnochada porque sencillamente no es verdad. Han pasado demasiados años en la construcción del monstruo educativo que padecemos y lo mejor sería ir abriendo posibilidades claras a la gratuidad, no como un parche sino como lo que debe de ser, la respuesta lógica a tanto lucro y despilfarro deshumanizante. ¡Hasta podía resultar más barato!
Camila Vallejo, representante de los estudiantes, en una conferencia de prensa expresaba:
Gobierno que si no es capaz nuevamente de dar respuesta, nosotros vamos a tener que exigir otra vía de solución, ya no institucional, convocar seguramente un plebiscito para que sea la ciudadanía, el pueblo en su conjunto, quien decida cuál tiene que ser el futuro de la educación en nuestro país.
Mientras tanto, procuramos no esperar en la pura espera.
*Fuente: Euskonews
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Si tenemos trabajos mal remunerados, es por el modelo de libre mercado que nos implantó la Dictadura, al no orientar a la modernización de las empresas manufactureras, bajando aranceles de importación, destruyendo miles de puestos de trabajo. Mire su ropa, zapatos lo que le rodea…