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«Marx entendió el capitalismo gracias a Engels» 

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Entrevista a Tristram Hunt, historiador británico. Describe
en ‘El gentleman comunista’ (Anagrama) la azarosa vida de Friedrich Engels, el
revolucionario alemán que fue compañero inseparable de Karl Marx // Engels
financió la escritura de ‘El capital’ y aportó ideas imprescindibles para la
obra

Marx lo llamaba una "enciclopedia andante". Nunca
llegó a decir que sin Friedrich Engels (1820-1895), no habría podido escribir
El capital, al menos tal y como hoy lo conocemos. La historia no ha sido muy
benevolente con Engels, oculto bajo la sombra de un gigante y además denunciado
por algunos seguidores de su maestro. Para desmentir esa idea y acercarnos a la
figura, incluso algo novelesca, de Engels, el historiador y diputado laborista
Tristram Hunt escribió El gentleman comunista, que ahora publica en castellano
la editorial Anagrama.

¿Por qué tantos
intelectuales marxistas han acusado a Engels de la deriva totalitaria de Stalin
y del comunismo soviético?

En parte porque querían salvar a Marx. Si Engels era el
responsable de lo ocurrido en el siglo XX, eso dejaría limpio a Marx. Hay
elementos que conectan a Engels a través de Lenin con el materialismo
dialéctico y la ortodoxia de los años treinta. Pero el libro demuestra que si
sólo consideras esa parte de Engels, pierdes una parte muy importante de su
pensamiento y obra. Es muy fácil e históricamente incorrecto acusarle de todos
los males del marxismo-leninismo.

Marx y Engels forman
la pareja más importante de la filosofía política. Se complementaban
perfectamente.

Engels era más pragmático en la política. No era un gran
filósofo político como Marx. Era consciente de que necesitas una maquinaria
política para conseguir resultados. Siempre estaba presionando a Marx para que
terminara los escritos con los que guiar al movimiento político. Tenía un punto
de vista mucho más práctico al enfrentarse a la política. Sobre asuntos como la
vida en las grandes ciudades, el imperialismo o el feminismo, era capaz de conducir
a Marx en distintas direcciones. Lo más importante es que Engels comprendía la
realidad práctica del capitalismo, cómo funcionaba por su experiencia en
Manchester (donde trabajaba como gerente de la empresa de su familia).

Su primer encuentro
no funcionó muy bien. ¿Qué ocurrió?

Eran jóvenes y no se fiaban el uno del otro. Marx pensaba
que Engels formaba parte de ese confuso grupo de gente que estaba perjudicando
las reformas progresistas que él buscaba. Fue un encuentro algo hostil, pero
luego Marx tuvo la oportunidad de leer algunas de las cosas que Engels escribió
en Manchester, y, cuando volvieron a verse, todo fue muy diferente.

Algunos hechos de la
vida de Engels sorprenderán a los lectores. Era un revolucionario y también
casi un vividor.
Eso es porque recordamos a Engels con esa gran barba y luego
están todas esas imágenes soviéticas. Él tenía una personalidad más directa e
interesante, una figura más relacionada con la contracultura de su época que
Marx, que era un intelectual que siempre estaba en las bibliotecas. Engels es
alguien que abraza la vida.

Engels es una figura
llena de contradicciones. Casi llevaba una doble vida. De día dirigía una
empresa y de noche conspiraba como revolucionario para acabar con el
capitalismo.

Eso lo cuenta bastante bien un sobrino que le visitó en
Manchester y que le hizo esa pregunta. Su respuesta fue que tenías que hacer
esas cosas bajo el capitalismo para poder sobrevivir. Todo el dinero que ganaba
lo utilizaba para financiar a Marx y acabar con ese sistema social.
Personalmente, para él era terriblemente incómodo y en sus cartas a Marx
aparece ese sentimiento, pero en cierto modo ese es el acuerdo al que llegó con
el sistema. Nunca pensó que tenía que disculparse por eso.

Y nunca pensó en
renunciar.

No, porque no podía permitírselo. Y además le gustaba el
dinero y el estilo de vida que le concedía.

En su libro sobre la
clase obrera en Inglaterra, vemos al Engels ensayista pero también al
periodista que busca hechos en la calle.

A Engels le encantaba caminar y pasear por la ciudad,
conocer diferentes sitios y relacionarse con la gente de la clase trabajadora,
pero por otro lado también había una distancia. El lenguaje en el que los
comparaba con animales era muy duro. Puedes leer en su obra sobre la depravación,
la miseria en la que vivía la clase trabajadora, pero no encuentras mucha
humanidad o compasión en esa descripción. Muy pocas veces encuentras esa voz,
la de la clase trabajadora, en sus textos.

Veía estos terribles
barrios de Manchester como si fueran un laboratorio.

Exactamente.

Su amante, la
irlandesa Mary Burns, fue su guía en Manchester. ¿Fue la mujer más importante
en su vida?

Creo que fue Lizzy, la hermana, la más importante. Mary fue
una excelente guía en Manchester, pero Lizzy (que se convierte en su compañera
tras la muerte de Mary) es una figura más sofisticada y atractiva que además le
sirve a Engels para cambiar su punto de vista sobre Irlanda y el papel del
imperialismo. Y además, la familia de Marx se llevaba muy bien con Lizzy.

Dos años después de
la fría cita de Berlín, Marx y Engels vuelven a verse y ahí comienza su
relación. ¿Qué había cambiado?
Es entonces cuando Engels descubre que Marx ya es una gran
figura histórica. De forma consciente, da un paso atrás. Ahí está esa gran
frase cuando dice: "Yo estaba contento con ser el segundo violín ante tan
gran primer violín como era Marx". Por eso, tendemos a olvidar su gran
contribución. Pero siempre estuvo ahí para apoyar a Marx. Es aún más cierto
después de la muerte de Marx, cuando se convierte en guardián del legado de su
amigo.

Y le perdonaba todo.
Marx era un desastre en muchas cosas de su vida personal y siempre estaba
pidiéndole dinero.

La única crisis fue cuando Marx fue especialmente insensible
tras la muerte de Mary Burns. Engels le escribe para contarle que Mary ha
muerto. Marx le responde: "Eso es terrible, pero necesito cinco libras
para el colegio de las niñas". Aparte de esa situación, fueron
inseparables.

Tras participar en
los combates en Alemania de la revolución de 1848, Engels regresa a Manchester.
¿Es una humillación?

Lo es. Es terrible para él. Pero pronto vuelve a darse
cuenta de que, con independencia de cómo ha sido su vida en los últimos diez
años, de sus expectativas, debe sacrificar sus ambiciones como revolucionario,
y seguir trabajando en la industria del algodón y manteniendo a Marx, lo que
fue un gran sacrificio.

Para escribir El
capital’, Marx reclama datos y cifras que desconoce.

Cuando Marx intenta comprender el funcionamiento del
capitalismo, depende por completo de la información que le da Engels sobre la
evolución de los salarios, el funcionamiento de la producción o la Bolsa. Eso condiciona
su visión de Marx del capitalismo porque todo se refiere a la industria del
algodón de Manchester, que es una evolución extrema y avanzada de lo que era el
capitalismo de la época.

¿Podríamos
imaginarnos cómo hubiera sido Marx sin Engels?

Marx seguiría siendo lo que fue, pero sin Engels no hubiera
existido la maquinaria política, la propagación de sus ideas y la
internacionalización. Le hubiera faltado la aplicación de sus ideas al
imperialismo y al feminismo. No creo que el marxismo hubiera evolucionado de la
misma manera.


"Esos imbéciles
creen que estamos fabricando dinamita"

La familia de Marx apodaba a Engels ‘el General’ por sus
artículos periodísticos sobre temas militares. Era un experto de sofá, pero
llegó a publicar buenos artículos sobre la guerra de Crimea y la guerra
franco-prusiana en la prensa inglesa.

Desde joven, no era alguien que volviera la espalda a una
pelea. Se inició en la esgrima, y no como deporte. Llegó a participar en
algunos duelos. "Con el segundo, me batí ayer y le asesté una buena encima de
la ceja, desde arriba, una verdadera parada de primera", escribió en una carta.

Engels era un hombre de acción y de costumbres poco
convencionales en un revolucionario. Sus textos se convirtieron en guía del
feminismo marxista, pero antes, y para escándalo de unos cuantos comunistas
puritanos, no perdía la oportunidad de pasearse con numerosas amantes.

El alemán amaba la buena vida. Le encantaba cabalgar y
participar en la caza del zorro sin que muchos de sus acompañantes burgueses
supieran el alcance de sus ideas.

"Si no hubiera francesas, la vida no tendría sentido", dijo
una vez, lo que demuestra que no sólo sobre el socialismo tenía las ideas
claras. Demostró sus dos vidas en la revolución de 1848. En París no llegó a
sumergirse en la revuelta y decidió pasar varias semanas paseando por la Francia rural disfrutando
del vino, la comida y, claro, las francesas.

Sin embargo, unos meses después estaba en Alemania y
participó en primera línea del frente en los ataques contra la infantería
prusiana. Nunca permitió que sus correligionarios olvidaran que había estado en
las barricadas.

En Londres disfrutó de la libertad que nunca tuvo en
Alemania. Todos los domingos su casa se abría a amigos para beber y discutir
bajo una discreta vigilancia policial. "Es evidente que esos imbéciles piensan
que estamos fabricando dinamita cuando en realidad hablamos de whisky", se reía
Engels.

*Fuente: Publico

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