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¡Qué triste papel el de Piñera! 

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El primer trimestre del presente
año (2011) ha representado para el Imperio estadounidense un periodo bien ajetreado
en medio de una política exterior agresiva, signada por la continuidad de
varios frentes militares y por la apertura oficial de otros en el marco del
replanteamiento hegemónico del  "moribundo" capitalismo global llevado a cabo
desde hace varios años. Dentro de dicha política foránea vale destacar la
intensa campaña diplomática y mediática desplegada en todo el mundo por el
lobby estadounidense, cuyo objetivo fundamental consiste no sólo en justificar
el constante uso de la fuerza contra distintos pueblos, sino en intimidar de
manera "solapada" a todos aquellos gobiernos y sociedades que pretendan no
seguir los lineamientos de los amos imperiales y de sus socios políticos,
económicos y militares.

En el caso de América Latina la
campaña diplomática proimperial estuvo a cargo del mismo presidente-emperador
Obama, quien en su reciente gira por Brasil, Chile y El Salvador (marzo),
intentó explicar las razones por las que una coalición militar
estadounidense-europea ha agredido a Libia, y quiso demostrar a sus "amigos"
(gobernantes y pueblos) que Estados Unidos no se ha olvidado de ellos a pesar
de las diversas tareas globales que confronta en la actualidad la nación
norteña. Como retribución al "noble" sentimiento de Obama y de todos aquellos
personajes, corporaciones e instituciones interesados en mantener la hegemonía
estadounidense, los Gobiernos de los tres países mencionados dieron una
bienvenida digna de un emperador romano a Obama. Realmente Rousseff, Piñera y
Funes, los presidentes de Brasil, Chile y El Salvador respectivamente, se
comportaron a la altura de las circunstancias en su papel de ‘procónsules’ que cuidan
los intereses imperiales, arrastrándose como el perro ante su amo.

Pero de los tres gobernantes
latinoamericanos quien posiblemente dio más lástima fue el multimillonario
empresario Sebastián Piñera, quien avergonzó a muchos chilenos y hermanos de todo
el continente con unas palabras dignas de un lacayo de primera categoría, de un
individuo capaz de cualquier cosa no por ayudar a su pueblo, sino por
obtener  notables beneficios personales.
De entrada Piñera ‘pisó en falso’ invitando a Obama al mismísimo Palacio de La Moneda, lugar donde se
consumó finalmente el Golpe de Estado contra Salvador Allende, acontecimiento
instigado por Estados Unidos de acuerdo a lo reseñado en documentos
desclasificados de la CIA.
Entre otros comentarios realizados delante de Obama y de la
prensa chilena e internacional, Piñera hizo referencia a lo siguiente:

Defensa a ultranza de la agresión
imperial contra Libia, demostrando que es uno de los tantos gobernantes
preocupados más por los intereses geopolíticos, estratégicos y económicos que
por las necesidades humanitarias de millones de personas en el planeta entero.
Además Piñera peca de ignorante o malintencionado al no reconocer que Gaddafi
hasta hace poco fue un aliado "incondicional" de las potencias mundiales.
Seguramente a Piñera no le daría asco tener relaciones económicas con un tirano
que le aporte unos cuantos dólares a su ya dilatado bolsillo. De hecho en la
misma nación chilena hay quienes aseguran que su actual presidente llegó a beneficiarse
con la sangrienta dictadura de Pinochet.

Necesidad urgente de establecer
nuevos tratados de libre comercio con Estados Unidos. En este sentido Piñera
cree que todos los ciudadanos chilenos y latinoamericanos siguen ‘comiéndose el
cuento’ de un intercambio verdaderamente libre con Estados Unidos y con otros
países donde tienen su sede principal las corporaciones trasnacionales más
importantes. Lo peor del caso es que el lacayo Piñera, que prácticamente le
imploró de rodillas a su amo Obama para que se agilicen los tratados, invitó a
sus colegas en el resto de América a que se arrastren ante el capitalismo
global, que no sigan poniendo obstáculos al progreso, a la democracia y a la
libertad Made in USA. ¡Vaya personaje tan patético y tan asqueroso!. Incluso se
atrevió Piñera a proponer una integración donde se incluya al país
norteamericano, sin tener en cuenta las profundas desigualdades estructurales
entre Estados Unidos y la mayoría de naciones latinoamericanas, y el evidente
interés egoísta de las élites estadounidenses. Hay que acotar en este sentido
que un individuo con una fortuna superior a los dos millardos de dólares, como
es el caso de Piñera, difícilmente criticaría al capitalismo, aún conociendo a
plenitud las graves consecuencias humanas y medioambientales generadas en todo
el mundo.

Olvido del pasado traumático de
las relaciones entre Chile y Estados Unidos. Este comentario surgió debido a
que Obama respondió, a la pregunta de un periodista respecto al Golpe de Estado
contra Salvador Allende, que la historia es importante pero que debía ser
prácticamente enterrada ante un futuro "promisorio" para toda América. Y como
no podía esperarse otra reacción, el lacayo Piñera no llevó la contraria a su
patrón, y por tanto enfatizó en que el pasado debía dejar de ser una obsesión
para los chilenos. Más aún, Piñera se atrevió a dudar acerca de la
participación imperial en los tristes sucesos de septiembre de 1973. Claro está
que la invitación a olvidar el pasado responde a una estrategia de
debilitamiento de la memoria colectiva tanto en Chile como en el resto de
América Latina, con el objetivo de que tanto el Imperio estadounidense como sus
gobernantes y élites títeres en todo el continente sigan cometiendo tropelías y
continúen sometiendo a las mayorías. Bien es sabido que el conocimiento de la
historia es importante, entre otras cosas, para que los pueblos aprendan de las
lecciones pretéritas.

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